Iron Maiden: Piece of Mind (1983)
Friday, June 12th, 2009Los Maiden han estado más de 33 años haciendo música (se dice pronto), y 33 años en lo alto de la ola dan para mucho:
Ventas millonarias, multitudinarios conciertos, algún que otro problema interno… Y en el caso de Iron Maiden, muchos, MUCHOS grandes discos… Ya no hablo de canciones. Muchos grupos pueden hacer cinco grandes canciones y morir tranquilos. Incluso pueden firmar tres buenos discos y echarse a perder, <ironic>por supuesto no me refiero a grupos como Guns N Roses o Metallica</ironic>. El caso de Iron Maiden es bien distinto. No voy a negar que, como todos, han tenido más de un tropiezo a lo largo de su carrera con discos que no pasaban de una aceptable mediocridad (No Prayer For The Dying (1990), The X Factor (1995), Virtual XI (1998) o incluso Dance of Death (2003); pero en su camino han ido dejando disco a disco una imborrable huella en el panorama musical de todo el mundo.
Hoy voy a hablar de el que para mí, desde un punto de vista musical, es el más especial (que no mejor, ya que entrar a ver cuál es mejor sería tan duro como un parto múltiple): el Piece of Mind.
En primer lugar, porque no es el primer disco que a la gente se le suele venir a la mente cuando les preguntas precisamente por lo mejor de Maiden. En realidad, Piece of Mind se parece a Iniesta: es discreto y el Barcelona podría golear sin él, pero es el que mejor dota de unidad a todo el conjunto blaugrana, y engranaje fundamental en el comienzo de toda jugada ofensiva. Así es Piece of Mind. No abundan en él clásicos indiscutibles como en su antecesor, The Number of The Beast (1982), como Run to the Hills, Hallowed Be Thy Name o cómo no, la mismísma The Number of the Beast.
Piece of Mind es un disco más íntimo. Es cierto que no le falta un clásico como The Trooper, pero detrás de esa canción; la canción insignia del disco, hay mucho más. The Trooper es sólo la punta del iceberg.
El cuarto álbum de estudio de este grupo (y el primero cuyo título no se corresponde con el de ninguna canción) comienza con un contundente Where Eagles Dare: la batería de Nicko McBrain se estrena en la banda, y no podía haberlo hecho mejor. No da tregua en ningún momento, mientras las guitarras se doblan, Steve Harris hace una vez más alarde de su habilidad como bajista, y Bruce nos deja grabado a fuego el estribillo que dice un épico “Nadie debería volar donde se atreven las águilas”, basado en la película “El desafío de las Águilas” . Es toda una canción tipo de la primera etapa de Bruce con La Doncella, que gana una barbaridad con las sucesivas escuchas.
Segunda canción, segunda bofetada en toda la cara. Revelations es (sin miedo a equivocarme) una de las canciones más infravaloradas del grupo entre los oyentes ocasionales. Para el resto es una orgía musical: el bajo, claro como el agua, es protagonista de esta pieza que alterna de un modo magistral los ritmos pausados con momentos de auténtico heavy metal, en absoluto ruidoso… Pura magia.
En el tercer corte nos encontramos a Flight Of Icharus. Un riff pegadizo, cubierto en casi todo momento por la voz de Dickinson, que nos relata la mitológica historia de Ícaro y sus alas de cera. De nuevo hace alusiones a las águilas, y su estribillo nos recuerda irrefutablemente al de Aces High (de Powerslave, 1984)…
Die With Your Boots On vuelve a jugar con las guitarras y el bajo. Aprovecho para mencionar también la gran versión tocada por Sonata Arctica de esta canción. Realmente hay muy pocos covers que hagan justicia a Maiden, aunque Sonata Arctica realmente lo clavan: no sólo introducen algo nuevo (mucho menos centrado en el bajo y más en la voz), sino que el resultado suena a algo parecido a Maiden. Eso sí: el solo de la versión original justifica por sí mismo una banda como Iron Maiden.
Y llega la archiconocida The Trooper: posiblemente la mejor canción rápida de la historia del grupo. Enérgica, constante, las guitarras se asemejan al cabalgar de los caballos en la guerra de Crimea. Una de las pocas canciones del disco que realmente se te queda a la primera (y a la segunda, y a la tercera…). Eterna, un clásico.
Sexta canción; para muchos fans pasa bastante desapercibida. A mi me encanta: Still Life. Comienzo pausado con un Bruce susurrante y muy inspirado. Musicalmente no es la canción que mejor definiría todo lo que representa Maiden (a pesar de un bajo único como de costumbre y unos riffs de guitarra que a ratos son también característicos del grupo, así como el solo). Sin embargo la letra, de unos espíritus (pesadillas) que nos invitan a unirnos a ellos en el fondo de un estanqu, es 100% Maiden. Es todo lo melancólica y tenebrosa que una letra puede llegar a ser, y la interpretación de Bruce Dickinson: una pasada.
Una curiosidad: aunque el título, Piece of Mind, no se corresponde con el de ninguna canción (como indico arriba), es un juego de palabras. Fonéticamente es igual que “peace of mind” (paz mental), pero en su traducción literal viene a significar “pedazo de mente”. Pues bien: es en Still Life donde sí se hace una mención al título: “Nightmares… Will give me peace of mind“…
La batería destaca en la intro de la siguiente: Quest For Fire. En seguida es Bruce, de nuevo, el que se hace cargo de casi todo el peso de la canción, dándole la fuerza necesaria para que esta canción no caiga en el olvido.
Sun And Steel, penúltima, es un caso bastante parecido a la anterior, con un tempo más acelerado y un estribillo bastante desenfadado.
Para terminar, la joyita de la corona. es la canción más larga: To Tame a Land (7:25) e incorpora ritmos suaves y contundentes, riffs pegadizos, pausas que recuerdan a las de Rime Of The Ancient Mariner, de Powerslave (1984): la canción más extensa de la historia de Iron Maiden (más de 13 minutos) y una indiscutible dentro de sus recitales… To Tame A Land no es la mejor, pero es un estupendo final para un estupendo disco.
Como dije antes: el disco en general puede formar la espina dorsal de la discografía de los Maiden, porque aunque el estilo ha ido evolucionando con el paso de los años, el espíritu de las guitarras que se lamentan y lanzan rugidos, del bajo galopante de Steve Harris, del alma que Bruce Dickinson transmite en cada una de las estrofas y la batería de otro mundo de Nicko… Quedan recogidas en estas nueve piezasmaravillas que componen Piece of Mind.
No soy de los que compran discos originales a mansalva, y menos cuando no tengo ninguna referencia de lo que me espera dentro de la cajita de plástico que en algunos casos puede superar la veintena de euros… Normalmente necesito alguna garantía de que el disco no va a ser un fiasco: o bien se trata de un nuevo lanzamiento de artistas consagrados como Heaven and Hell o Iron Maiden, o haber escuchado un buen puñado de canciones del nuevo trabajo, ya que de otra manera no me lo compro.
Y Piece of Mind, desde luego, tiene un merecidísimo hueco en mi estantería (y otro más importante en mi equipo de música). Si te gusta Iron Maiden, no puede faltarte. Si no, te sugiero que te las apañes para escucharlo unas cuantas veces (con la letra al lado si es posible, desvelándonos muchas de las curiosidades de la temática de cada canción). En cualquier caso, no es difícil encontrarlo a un precio competitivo; en la mismísmia Fnac me hice con él por 8 euros, y… los vale con creces, ya sólo por algunas de las imágenes que nos encontramos en su interior.

Los Maiden no limitan sus cenas a la simple ingesta de los alimentos contemplados en la dieta meditarránea... Prefieren tomar verduras, frutas y hortalizas, pequeños animales de granja, animales grandes de granja, feroces mamíferos en peligro de extinción, bebés humanos crudos y cerebro al ajillo.
En definitiva, un discazo. Con ayuda de la poderosísima Youtube (que me roba visitas, todo hay que decirlo), podéis escuchar la mayoría todas las canciones… Deseando que os guste…
Yosterkote: escribiendo basura desde 1929 .

