Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

Archive for January, 2010

Somos tan malos que no sentimos ni vergüenza

Wednesday, January 20th, 2010

Si quieres ser malo, tienes que ser malo con estilo. Mira cualquier película de James Bond: te aseguro que el malo tiene carisma. Es más: en las películas de George Lazenby y Daniel Craig es aún más carismático que el propio Bond. Esto se debe a que es malo y lo sabe: por un puñado de dólares (normalmente un puñado te tamaño considerable, todo hay que decirlo) está dispuesto a las mayores barbaries, y se siente orgulloso. Si no fuera porque la justicia le persigue, exhibiría sus crímenes contra la humanidad para pavonearse, montando convenciones con los malos malísimos de todas las pelis en una especie de “Quién la Tiene Más Grande” (la maldad, se entiende).

Ese es un tipo de ser malvado, más presente en las obras de ficción que en la vida real.

Hay un segundo tipo de malos: los malos que sí tienen vergüenza. Un violador, por ejemplo, sabe que es un violador. Sabe que es lo más de lo más en la escala de la escoria humana, y se avergüenza de ello: por eso cuando pillan a uno y la televisión lo graba, éste se tapa la cara. No son buenas personas, por supuesto, pero son personas. Son personas en tanto que tienen una noción de sensibilidad (se la saltan a la torera, pero la tienen).

Y hay un último tipo de malos: los malos de verdad. Son tan malos que ni siquiera saben que son malos. Se creen que hacen un servicio al resto del mundo, o al menos eso es lo que pretenden hacer ver. Hablo de la chusma que se aprovecha de las desgracias humanas para quedar bien delante de los demás. Algo que antes conocíamos con el nombre de “amarillismo”, y que por desgracia ahora llamamos “noticias”. Crear una ONG que lucha por mejorar la legislación sobre el tráfico y las carreteras con el fin de reducir el número de víctimas en carretera es altruísta. Crear una plataforma llamada “PONLE FRENO” para ganar repercusión mediática y colgarse una medallita con cada nuevo informe de la DGT, por muchas muertes que eviten… No es altruísta.

Informar día a día sobre el terremoto de Haití y su desarrollo es dar noticias. Mostrar cadáveres por la televisión es sensacionalismo. No sé si los medios creen de verdad que lo que hacen es informar. de hecho, prefiero pensar que lo que quieren es informar con toda la buena intención del mundo… Aunque cada vez que enfocan un bebé que tiene un pie en el otro barrio me hacen dudar de ello.

En cierto modo los haitianos tienen suerte de estar tan subdesarrollados, porque si tuvieran televisión y sintonizaran alguna cadena española se les caería la cara de vergüenza: ganar dinero a costa de un cadáver es bastante feo. Es tan feo como violar a tu hermana pequeña y dejarla embarazada.

Y este es el tercer tipo de malos: son los malos que dan la cara cuando algo malo ocurre para presentarse como héroes de la humanidad.

Llamadme raro, pero no me gustaría que un pez gordo se enriqueciera difundiendo imágenes de mi familia lapidada.

La verdadera utilidad de Facebook

Monday, January 18th, 2010

Gracias, Facebook: acumulación de sabiduría on-line y puntal del populacho. Tu grandeza es sólo superada por Wikipedia, y a duras penas por Google y Youtube.

Si algún día quieres animarte, métete en Facebook y haz un test sobre la calidad de tus besos. ¿Que cuando tus labios rozan los de tu chica a ésta le dan arcadas? ¿Que no eres capaz de besar a una mujer si no le pones una Magnum en la sien con anterioridad? Tranquilo, porque según Facebook seguramente seas un Dios besando.

Y otra cosa: me decepciona encontrar a personas del otro lado del charco, con las que creía que había perdido totalmente el contacto. Simplemente porque uno piensa que gracias a Facebook podréis retomarlo, o al menos poneros al día y enteraros de cómo os van las cosas. Nada más lejos de la verdad: con suerte las únicas noticias que recibirás a través de Facebook de tu preciado amigo venezolano con el que compartiste tercero de la ESO sean que está construyendo un granero en Farmville y necesita ayuda, que sus gallinas han de ser alimentadas, o que pide que alguien fertilice sus campos.

Sí, niñas: el Farmville mola. Está chulo. Cuando tienes la granja de 10×10. Porque cuando la amplías a 22×22, llegas a  tener 484 casillas por cultivar. 484 casillas que hay que arar, sembrar y recolectar. eso equivale a hacer 1456 clicks, uno detrás de otro.

Vale que gracias a Farmville descubrí mi pasión por las flores de Pascua (o Poinsettias), y que las vacas alienígenas son mucho más monas en dibujo que en la realidad, pero he de reconocerlo: odio Farmville.

Del tío del saxo

Sunday, January 17th, 2010

Primera parida: no es lo mismo el tío del saxo que el tío del sexo. Ya está. Ya lo he soltado. Ahora puedo escribir tranquilo.

Este post no pretende ser un post profundo, ni un post que me apetezca que pueda ser leído por alguien. Lo escribo porque es mejor soltarlo aquí que decirlo en la vida real, donde no hay nada de anonimato. ¿Por qué tengo miedo de decirlo fuera de mi blog? Porque hay muy pocas cosas que estén más feas que quejarse de un indigente, y eso es precisamente lo que estoy haciendo ahora:

Odio al tío que toca el saxo debajo de mi casa.

Lo peor, evidentemente, es que no puedo odiarle. Odiar a un sin-techo es lo peor que alguien puede hacer como persona. Lo siguiente sería quejarse de los niñitos moribundos de África por estar respirando mi oxígeno o a los enfermos de alguna enfermedad rara e incurable por hacer mal uso de los recursos de la Seguridad Social.

Soy mala persona. Repito: no suelto esto en público porque no quiero que mi entorno más cercano tenga más motivos para criticarme. La pedofilia y la ludopatía son motivos más que suficientes.

¿Por qué le odio? Supongo que aguantar a alguien tocando el saxo es igual de insoportable en todos los rincones del planeta. Pero molesta especialmente cuando intentas estudiar matemáticas. O cuando intentas hacer cualquier cosa. Hace unos cuatro años el hombre se instaló en la acera de enfrente. Yo fallaba una ecuación, me desesperaba, le odiaba y me daban ganas de tirarme por la ventana. Y desde entonces, invierno tras invierno, le he visto (y oído) tocar. Y en cuatro años, sorprendentemente, no ha aprendido a tocar nada. Suelta notas, eso es todo. En ocasiones me veo obligado a poner Youtube para recordar cómo suena un saxo de verdad, o sé que acabaré odiando a toda la estirpe de hijos-de-su-madre (con perdón) que se atreven a tocar un maldito instrumento de viento.

Y de verdad, no es nada personal. No odio al que toca el acordeón a doscientos metros de mi ventana, porque no le oigo. Por eso no me importa saludarle cuando le veo. Pero si estuviera tocando bajo mi ventana le odiaría igual que al del saxo.

No odio al negrito que canta frente al Corte Inglés de Goya. Y eso que es malo: muy malo. No da dos notas seguidas, pero no sólo no le odio, sino que le admiro. Le admiro porque siempre que paso, está cantando a pleno pulmón. Nunca le he visto afónico, no sé cómo lo hace. Bruce Dickinson y Freddie Mercury se quedarían afónicos antes que él.

Pero por supuesto, no me cabe la menor duda de que los que viven a veinte metros de él le odian.

Pero eso no es todo. Veo al hombre que toca el saxo, y el único motivo que encuentro para odiarle es que si no se gastara todas sus limosnas en tabaco, tal vez no estaría dando el coñazo todos los días, como acostumbra.

Y él no es como un vecino ruidoso. Al vecino ruidoso puedes decirle que baje el volumen de su Home-Cinema-De-La-Hostia, pero al tío del saxo no le puedes mandar a tocar a la Carretera de Extremadura.

Pero no pasa nada: en cierto modo lo del tío del saxo también es nuestra culpa. Durante estos años de crisis la gente que pide por las calles se ha multiplicado. Supongo que nos lo hemos buscado al respaldar ese obsoleto sistema de libre-capitalismo desmedido, especulando con valores previamente especulados. Ese hombre estaba ya en la calle mucho antes, y presumiblemente seguirá.

¿Y cuál es la pena de todo esto? La auténtica pena no es que a mi me moleste cuando estudio logaritmos: la auténtica pena es que ese hombre tenga que aguantar las temperaturas invernales soplando con sus labios en torno al frío saxofón (de las narices) molestando a quien sea… Porque es la única manera que tiene de subsistir.