Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

Archive for March, 2010

Culturizando el planeta: propaganda y publicidad

Sunday, March 21st, 2010

Haciendo caso a Gordi, uno de mis cinco seguidores, seguiré mi cadena culturizadora explicando dos conceptos que en ocasiones se confunden: propaganda y publicidad.

Para aclararnos, citaremos la definición de ambos términos según la RAE:

Publicidad: la primera acepción aclara que ‘publicidad’ es la cualidad o estado de público. Las dos siguientes son las que vienen al caso: ”conjunto de medios que se emplean para divulgar o extender la noticia de las cosas o de los hechos“, y “divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.

Propaganda: según la RAE, propaganda es la “acción o efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores”, y los “textos, trabajos y medios empleados para este fin“; así como “asociación cuyo fin es propagar doctrinas, opiniones, etc.

Bien: ¿Qué hemos sacado en claro? Puede que en un principio, nada en concreto. Pero para eso Yosterkote es un ser comprensivo, que se adelanta a las necesidades de su público (y de las mujeres, pero ese es otro caso). Me he tomado la libertad de destacar en negrita la parte clave de las definiciones que nos hará entender la diferencia.

Publicidad=de carácter comercial

Propaganda=propagar doctrinas, opiniones, etc.

Y como es costumbre, lo ilustraremos con ejemplos gráficos. Para ello me pregunto: ¿qué es aquello que llegará a la gente de una manera clara y concisa, despertando a su vez el interés de hombres, mujeres, jóvenes y ancianos? Sí, el sexo. No podía ser de otra manera, es el Freud que llevo dentro:

Este cartel, que promueve el uso del profiláctico, tiene como fin concienciar a la sociedad provocando un cambio en la actitud y en las costumbres de la gente. Es propaganda.

Este cartel, que promueve el uso del profiláctico, tiene como fin concienciar a la sociedad provocando un cambio en la actitud y en las costumbres de la gente. Es propaganda.

Este cartel de la marca Durex no promueve una actitud, sino que trata de vender un producto a sus potenciales compradores: publicidad

Este cartel de la marca Durex no promueve una actitud, sino que trata de vender un producto a sus potenciales compradores: publicidad

Me alegra si os ha servido para algo. En la próxima entrega de ‘culturizando el planeta’ trataremos la diferencia entre hacer el amor conmigo y hacerlo con un hombre mortal cualquiera.

Hoy empiezo

Friday, March 19th, 2010

Lo bueno de ser una persona tan frívola como yo es que puedo ocultar las cosas que de verdad deberían preocuparme. En su lugar, me centro en otras tragedias mucho más banales (sí, si no llevara ‘b’ serían tragedias anales, o griegas, que viene a ser lo mismo).

Este es un post dedicado a todos los que, como yo, han perdido algo que apreciaban mucho: la tableta de chocolate.

Llevaba unas semanas notando en mi cuerpo un mayor volumen abdominal de una masa algo más blanda de lo habitual. Eso se llama grasa. De alguna manera lo sabía, sabía que tenía que haber ganado peso, pero me tomó unos días reunir el valor necesario: me levanté la camiseta frente al espejo y (para no mancillar mi lengua vernácula con una palabra fea, lo diré en inglés): Oh, shit!

Ya no veo a Michelín como el tipo amigable que se supone que era. Ahora es una amenaza.

Ya no veo a Michelín como el tipo amigable que se supone que era. Ahora es una amenaza.

¿Pero qué es esto? Ni un maldito vestigio de la ligera pero anteriormente presente tableta de chocolate. En su lugar unas curvas que se habían apoderado de mí. Perfecto. Ahora tendré que recurrir a la personalidad para ligar en la playa.

Entended que algo así me frustre: 73-75 kilos es un peso respetable. 78 no. ¿Qué será lo siguiente? ¿Michelines? ¿Tetitas caídas? Y lo que es más importante: ¿me estoy comportando como una cría?

No. Jamás. Haré lo que todo hombre debe hacer: hoy mismo empiezo a cuidarme. Se acabó volver a casa y preparar una bolsa de palomitas. Se acabó dejar de correr por el Retiro para tener más tiempo para estudiar. Se acabó ponerme debajo cuando hago el amor. ¿Qué digo? Se acabó ponerme debajo cuando me masturbo. Voy a recuperar lo que segundo de Bachillerato me arrebató: dos horas semanales de Educación Física.

Y este propósito va totalmente en serio. No es como cuando me propongo dejar de frecuentar los prostíbulos de Tailandia. Hoy empiezo.

Boicoteemos ‘El Club del Chiste’

Wednesday, March 17th, 2010

Mi blog es famoso en el mundo entero por boicotear cosas en las que no creo: Farmville, Windows, los matrimonios heterosexuales (sí, sí, los heterosexuales) y ahora ‘El Club del Chiste’.

Hay dos tipos de televisión: la telebasura y el resto. Y aunque la linea que las separa es muy subjetiva, no tengo ningún problema en decir públicamente que en mi opinión Antena 3 es lo peor en este aspecto: programas de cotilleo a mansalva, emisiones de películas mediocres en un espacio llamado “El Peliculón” (sí, de Peliculón no tiene un ápice: eso es ego argentino y lo demás son tonterías), series llenas de jovenzuelos guapetes y salidos que dan auténticas lecciones de folleteo en las aulas, en internados oscuros y en comisarías de la Policía… Por no hablar de los noticiarios. Son tan amarillistas que para disimularlo tienen que emitir la hora previa dos episodios (harto vistos por la sociedad) de Los Simpsons.

Pero entre todas estas heces catódicas hay un programa diferente: ‘El Club del Chiste’. Un grupito de cómicos… Sí, contando chistes. Este programa debería ser objeto de devoción de personas como yo, pero nada más lejos de la verdad: lo odio.

Y no odio los chistes. Odio el programa. A continuación procederé a demonizar el programa como Dios manda: adoro los chistes. En el cuaderno de notas del IPod tengo una extensa recopilación de chistes que contar durante un periodo de necesidad, y contar chistes a desconocidos es una parte muy importante de mi vida social.

Y un día llega esta amiga, la que probablemente más estupideces me ha llegado a aguantar, y me dice que la noche anterior en El Club del Chiste la mitad de los chistes que contaron ya se los había contado yo. Y sé que la otra mitad ya me los conocía, pero nunca llegué a contarlos porque eran demasiado malos. Y lo sé porque mi padre (o como yo lo llamo: Darth Vader) interrumpió mis partidas del Call of Duty para contármelos.

Por culpa de este maldito programa, la próxima vez que me acerque a una mujer y le cuente el chiste (siempre con el honorable fin de copular, por supuesto) que dice:

“¿Sabes por qué los atletas no tienen pelo en las pelotas? ¡Porque corren que se las pelan!”

Ella me dirá que ya lo conocía, que lo había oído en El Club del Chiste. Y eso, amigos, me dolerá. Porque ese chiste era de cosecha propia.

Lo que quiero decir es que me parece genial que se intente hacer reír a la gente. Pero hay distintas maneras de hacerlo. ‘El Club del Chiste’ no es como ‘El Club de la Comedia’, o ‘Nuevos cómicos’. En esos programas son los cómicos (o en su defecto los guionistas) los que elaboran un currado monólogo para presentarlo frente al público, y eso mola.

Pero emitir cientos de chistes populares por la televisión no es lo mismo. Porque hacer eso es como mecanizar la alfarería. Sí, hay más jarrones, pero has mandado a cientos de artesanos al paro. Por culpa de este programa, los que cuentan chistes están en peligro de extinción. Porque aprenderse un chiste no es difícil. Aprenderse cientos, sí. Y saberlos contar no sólo es difícil, sino que tiene arte.

Las personas como yo tenemos una colección de chistes que hemos ido confeccionando a lo largo de los años, o bien escuchándolos a terceros o bien buscándolos en internet, libros, etc. Y es una búsqueda complicada, porque en internet de cada diez chistes que te encuentras, dos son decentes, y uno de esos ya te lo sabías. Y hay un tercer método: la invención propia.

Esa, y no otra, es la magia de los chistes: cada vez que te encuentras a un contador de chistes estás descubriendo un tesoro. Alguien que te cuenta millones de chistes malos y que consigue hacerte reír de lo malos que son. Sí, son malos, pero tú te has reído. ¿No es eso a lo que aspira un chiste?

Los chistes no son una chica a la que puedas sodomizar en tu dormitorio. Son como bebés indefensos. Esto es así debido a que los chistes tienen un momento preciso: las ocho de la mañana, cuando un compañero te cuenta su último chiste porque le apetece verte sonreír para que empieces bien el día. Otras veces intenta alegrarte un trayecto de seis horas en autobús. Y en ocasiones consigue levantar él solo una fiesta que parecía muerta.

Seguro que habéis conocido a alguien así, y seguro que habéis vivido alguna de esas situaciones. Ahora imagínate la escena: unos compañeros y tú en un vuelo de siete horas hasta Montreal. Uno de vosotros se da cuenta de que va a ser tedioso y lo hace: cuenta un chiste. Y al momento de plantear la situación (un francés, un inglés y un español entran en un bar), vais cinco de vosotros y decís que ya os lo sabíais, que lo visteis en ‘El Club del Chiste’.

En definitiva, ‘El Club del Chiste’ es para los chistosos como un programa que revela trucos de magia para los ilusionistas: los mata.

Y no te preocupes por dejar de ver ‘El Club del Chiste’. Tarde o temprano te encontrarás con ese alguien dispuesto a contártelos en el momento adecuado, y no mientras cenas frente al televisor. Si no lo haces por disfrutarlos más, hazlo por los que los cuentan. Hazlo por mí. No engañemos a nadie: los de ‘El Club del Chiste’ están ahí para ganar dinero. Dinero o fama, esa es su motivación. Pero la única recompensa para mí y para el resto de frikis cuenta-chistes de estos lares es obtener a cambio una carcajada. Una sonrisa a veces es suficiente. Y la petición de ‘Yosterkote, cuéntanos un chiste es a lo máximo a lo que aspiramos. Esperamos que tú te lo pases bien, no dinero o fama vía TDT. Y ese, y no otro, es el fin último de un chiste.

Tened por seguro que si los chistes pudieran hablar, se quejarían de este programa que los desnuda impunemente ante el público en general.

Nota: ¿Más de 1000 palabras en este post? ¡Yay!