Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

Archive for May, 2010

La leche

Monday, May 31st, 2010

La leche es el líquido elemento. Por excelencia. Incluso por encima del agua y sí, también del Whisky. Esas tres bebidas que he mencionado son características. Nos transmiten sentimientos: el agua es lo primero en lo que pensamos cuando vamos por el desierto porque una mujer nos ha echado de su coche.

Whisky es lo que usamos para tratar de olvidar a la mujer que nos echó de su coche en medio del desierto.

Pero la leche es la leche. Sólo la leche nos produce ira. ¡Que no, mamá, que no quiero leche! Mamá. ¿Por qué? ¿No puedes servir la leche en un vaso normal? ¿Por qué me la sirves en un tazón que valdría de sombrero para el mismísimo Stewie?

No es que no quiera más leche porque sí. La leche me da igual. Lo digo por la pobre vaca. Porque hay una cosa que tú no entiendes, y es que esa leche no ha salido sola. Igual que detrás de cada anillo de diamantes hay cientos de trabajadores africanos explotados, detrás de cada uno de esos tazones inmensos de leche hay una vaca deshidratada que me mira con indignación desde el limbo de las vacas.

No puedo vivir con la culpa. No quiero más leche.

No me hagáis caso. Nunca.

Sunday, May 30th, 2010

Si escribo hoy es porque me apetece hacer algo nuevo: bucles infinitos sin recurrir a programar en C.

Es tan fácil como pronunciar una sencilla oración: ‘Nunca me hagáis caso.’

¿Lo habéis leído bien? Pues al cuerno todo, porque os la acabo de liar pardísima. Cuando uno recibe la orden de que no debe hacer caso a una persona, puede dar dos tipos de respuesta: el ‘vale’ o el ‘me da igual’. ¿Quién eres de los dos? A mí sí que me da igual, porque yo no soy el que está en un aprieto. Eres tú, lector comprometido.

¿Vas a hacerme caso en mi recomendación de que no me hagas caso? Porque si es así, aunque tu intención sea no hacerme caso, sí que me estás haciendo caso en realidad. ¿Duele?

Y si ya de por sí te la traía floja si hacerme caso o no, pasas de mi y en ningún momento pensabas hacerme caso… Lo siento. Si sigues sin hacerme caso estás, de hecho, haciéndome caso.

Ahora me río por dentro. Por dentro, porque reírme abiertamente en frente del PC mientras tecleo cosas sin sentido queda como dirían los ingleses bastante ‘creepy’. Me río porque os acabo de meter en un infinibucle que ni los rizos de Diges. Y sin utilizar C. Aunque probablemente llevaría menos líneas haciendo programando, ahora que lo pienso. Me da igual, como digo. ¡Adelante! ¡Habéis sido iluminados! Salid a la calle y difundid la palabra, Hermanos del Aire. ¿Por qué Jesucristo dice que la Sagrada Forma es su cuerpo? ¿Acaso consideraba que estaba más bueno que el pan? Un poquito ególatra, si es así.

Pues eso: que divaguéis sobre estas breves enseñanzas y contempléis cómo soy capaz de sumir en el caos a la totalidad de mis lectores (diez, creo). Ríete tú del ‘efecto 2000′.

}

Habemus graduación

Saturday, May 29th, 2010

Son las 8 de la mañana. Hace dos horas estaba arrastrándome por las calles para llegar a mi casa de la fiesta de graduación. Comprended el posible resultado.

Los EE.UU. han hecho mucho daño. No, no por haber invadido Irak, sino por haber popularizado las ‘fiestas de graduación’. Allí una fiesta de graduación es un acto solemne: te disfrazas de traje y corbata o, en su defecto, tacones y vestido; vas con la family, unas fotitos, momentos lacrimógenos, entrega de diplomas… Y el baile. Un  baile serio, al que la gente ya va con pareja, con ponche… Es el topicazo de las pelis americanas: la fiesta/baile de graduación es uno de los momentos más importantes de tu vida. En American Pie hasta pierden la virginidad. ¿Y cómo puedes perder una virginidad en un baile a la española? ¿En los baños? ¡Si dan asco! Mirando retrospectivamente te das cuenta de que la mejor manera de perder la virginidad era dejarla discretamente en el suelo esperando que se pegara a algún zapato.

Cuando el baile se extrapola a la ‘Spanish Version‘ hay matices que se pierden. Para empezar por el lugar del ‘baile’. En los EE.UU. hacen el baile en el gimnasio, ese gimnasio que es más grande que un campo de fútbol. En España nos conformamos con meter a cuatrocientas personas (la mitad de ellas menores de edad) en un local con aforo para cien… Y barra libre. ¿Qué es el aforo? ‘Aforo’ es lo que los propietarios del local se pasan por el ‘aforo’ de los lacasitos a la hora de meter gente sin fin. Que vale, que cuando llegas no se nota, pero a medida que llega más gente tú te sientes más y más familiarizado con el olor de los sobacos de todos y cada uno de tus compadres. No voy a decir nada nuevo, pero creo conveniente citar que La Odisea de Homero es un chiste comparado con intentar cruzar el local de un extremo a otro (sí, ese metro veinte de distancia que tan largo se hace). Un caos.

Lo que me lleva a otro punto: ser traje tiene que molar. No tiene nada que ver con lo del párrafo superior, pero en vuestra vida veréis un texto consecuencia de una resaca con una estructura tan perfectamente planificada. Creo, añado, que mi teclado está empezando a dar vueltas. Voy a agarrarlo con fuerza un segundo y luego sigo.

Ya.

Como digo, ser traje mola porque descansas en un armario hasta que alguien cree que ha llegado una ocasión donde puede lucirte. No tiene que molar ser traje cuando vas a una graduación. Primero, porque con lo que se suda en esos sitios puedes llenar varias piscinas olímpicas, pero sobretodo por el maltrato al que el traje es sometido. Sí. Me refiero a colocarse la corbata en la frente mientras haces que bailas. Supongo que el tío que inventó lo de ponerse la corbata en la frente a lo Rambo en Vietnam era alguien majo. Hasta seguro que le quedó original. Más cuando estás borracho, que todo te parece original. Sin ir más lejos, me pasé toda la fiesta repitiendo una y otra vez la misma frase: ‘Es lo que siempre le digo a mi novia’. A la frase que fuera: ‘No tengo dónde meter esto’ (refiriéndose a comida) ‘come y calla’ (refiriéndonos a comida real, por supuesto)… Todo parece original. Igual no bebí lo suficiente, porque ahora ver a uno de cada tres maromos con la corbata puesta de diadema ya no me parece original. Tiene algo de gracia cuando sólo es uno, que lleva algo más de vaivén en el cuerpo que tú y que sabes que al final de la noche  acabará o follando o vomitando.

Cuando todo el mundo lleva la corbata así piensas otra cosa: que es una tragedia absoluta para el nudo Windsor, y que si Barney Stinson estuviera ahí para ver cómo mancillan trajes a mansalva le daría un infarto.

Por no hablar del ‘efecto cubata‘, proceso por el que tu traje adquiere una especie de electromagnetismo que ni la isla de Lost cuando se trata de atraer bebidas alcohólicas sobre sí mismo.

Nadie sabe cómo, se paró la música y llegó la policía. Al ser la mitad menores, la tensión flotaba en el ambiente. Eso y los 45º del frota-frota acumulado. Efectivamente, cerramos el bar. Aunque fuera con ayuda de los cuerpos de seguridad. Eso, por cierto, es algo que no entiendo. La obsesión de la gente por cerrar bares. ¿Qué pasa? ¿Por cada bar cerrado te dan un pin? ¿Puedes canjear esos pines por puntos Vodafone o qué? Porque entre tú y yo: de toda esa gente que dice que cierra bares, estoy seguro de que más de uno ha estado en casa durmiendo hasta las tres de la madrugada para aparecer por ahí tan fresco a las cuatro. Dos copas, bar cerrado y un pin-Vodafone.

Una cosa que me asombra: la capacidad humana de saber llevar a cabo las acciones correctas en los momentos más adecuados. Cuando llegó la policía y pararon la música, empezaron a cantar la que todos sabemos: ‘Alcohol, alcohol… Alcohol, alcohol, alcohol. Hemos venido a emborracharnos, y el resultado nos da igual’. Analicemos la cancioncita porque tiene lo suyo:

‘Alcohol, alcohol… Alcohol, alcohol, alcohol.’ Guay, chavalote. Te parecerá extraño, pero es que después de repetir cinco veces la palabra ‘alcohol‘ no tengo muy claro lo que quieres. Ah, sí, claro, alcohol… Haberlo dicho antes, hombre. ¿Qué? ¿Que ya lo habías dicho? Culpa mía.

‘Hemos venido a emborracharnos‘ ¿En serio? Ah, claro. Ahora sé por qué estaba esa chica vomitando como una loca en las escaleras.

‘Y el resultado nos da igual’. Bueno. Que repitas la palabra ‘alcohol‘ cinco veces, pasa. Molesta, porque no sabes cuál de esos ‘alcoholes‘ es sujeto, cuál es verbo y cual es complemento directo. Descartamos que uno de ellos sea el complemento suplemento, ya que que en la construcción ‘Alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, alcohol‘ podemos observar una ausencia total de preposiciones. Como digo, eso te lo puedo pasar. Puedo pasar igualmente que hayas venido a emborracharte, en serio. Ponerme pedal no es mi actividad favorita, pero lo puedo entender. Eso sí: que ‘el resultado te dé igual‘… Ya no. Porque si ese matiz lo dices en serio, tienes un problema con tu vida. De esa noche me pudo dar igual mojar el traje con vodka barato, me pudo dar igual no conseguir nada con esa pareja tan mona de lesbianas, y me pudo dar igual que los zapatos me hicieran daño. Pero creedme: si esta mañana me hubiera despertado con los brazos de este tío rodeando mi torso desnudo, NO me habría dado igual:

Por eso tengo cuidado cuando canto algo a voz en grito. Yo opté por ser más conservador y tararear un tímido ‘I wanna rock and roll all night‘ cuyo significado a fin de cuentas también iba acorde con nuestro ánimo. Y sí, tuvimos que salir de allí.

Sugerencia para los dueños del local: si llegáis a abrirlo de nuevo, poned un urinario a la salida. Sí, sí, pegado a la pared, en toda la acera. Que sé que un experto en baños como yo no puede decir algo tan fuerte y quedarse tan ancho, que un urinario perdido queda antiestético, pero siempre es más bonito que ver cómo baja un chorrito de orina por el centro de la calle.

Sin embargo la noche aún nos reservaba un pequeño detalle: el tío que auscultaba una pared de piedra con sus auriculares mientras sostenía con la otra mano una imagen de Jesucristo. No sé qué religión es esa, pero quiero averiguarlo.