Blog de Yosterkote

|

El blog para la gente peculiar

Archive for May, 2010

LOST, Cocacola y otro spoiler

Tuesday, May 25th, 2010

Ayer ya mencioné la gran campaña publicitaria que se podría haber montado con la escenita de la botella. Por eso he decidido dar un paso más para demostrar cómo, con unos simples retoques de guión, podríamos haber cambiado totalmente el sentido de la serie.

Sí, el vídeo es mío, y sí, es cutre. Para empezar porque utilicé como base un vídeo que ya tenía subtítulos, pero es lo único que encontré. Si no os gusta, bailáis y me mandáis el vídeo.

Segundo, puede que no esté perfectamente sincronizado. Me da igual: sigue estando mejor que la chapuza de Cuatro, y es todo lo que mi tiempo libre daba de sí.

Espero que os guste, pero antes sólo una aclaración: de hecho, prefiero Pepsi.

Del final de LOST (y un pequeño spoiler)

Tuesday, May 25th, 2010

Decepción. Todo se traduce en decepción. No por la cantidad de misterios que quedaron sin ser resueltos, sino porque tras seis malditos años no hemos visto ningún desnudo de Evangeline Lilly. ¿Pero qué es esto?

Y otra decepción: mi personaje favorito es Ben. Porque sí. Sus ojos brillan en la oscuridad, fue en las primeras temporadas de la serie la encarnación de todos los misterios de la isla y destaca por su inteligencia y su capacidad de manipular al personal. Hicieras lo que hicieras, parecía que no podías evitar hacer exactamente lo que Ben quería. Por eso lo amaba.

Y en esta sexta temporada, todo su protagonismo ha sido este:

Sí. Ben enseñando una p**a botella de plástico. Una m**dita botella sucia y vacía. Ridículo absoluto.

Y como futurible publicista, no he dejado pasar un pequeño detalle: la pedazo campaña que habría podido hacerse con la escena de la botellita. Imaginemos que, por un momento, la botella no fuera de la ficticia compañía ‘Oceanic’, sino de CocaCola. Adiós quedaron todos esos eslóganes que marcaron época: ‘La chispa de la vida’, ‘Siempre CocaCola’… Ahora sería lo que bebe Hurley en el último episodio de LOST. Una campaña pateatraseros en toda regla.

Pones a uno de esos personajes de supuesta inmortalidad como Richard Alpert, el Humo Negro o al mismo Jacob y tienes en CocaCola un digno sucesor de la Power Balance.

Y no os preocupéis. Porque estoy preparando para mañana otro post sobre este mismo tema: pero con un pequeño vídeo.

4,35

Sunday, May 23rd, 2010

Hay un ser al que odio. No lo odio demasiado. Al menos, no tanto como para desear su no-existencia. De hecho, creo que odiar es demasiado fuerte. Porque esa persona nunca me ha hecho nada. Hay gente que me quiere muerto, y no por ello les odio, así que hagamos como si no hubiéramos leído nada, volveré a comenzar el post.

Hay un ser que me resulta antipático. De hecho es una persona. Sí, eso, persona. Si alguna vez habéis estado confinados en un aula sabréis a qué tipo de persona me refiero: a aquel hombre o mujer que saca peores notas que tú y que aún así logra restregarte las suyas para hacerte sentir mal.

¿Cómo? Porque sus notas rondan entre el cuatro y el seis, y tiene un sexto sentido que se encarga de detectarte cuando eres más vulnerable. ¿Qué es un sexto sentido? Un sexto sentido es una habilidad especial que permite a su poseedor detectar hechos imperceptibles para el resto de las personas.

Por ejemplo, Zapatero no tiene un sexto sentido en materia económica, que digamos. Un amigo mío, ahora que lo pienso, sí que tenía un sexto sentido: podía predecir exactamente cuándo no iba a mantener relaciones sexuales. Siempre decía que no las iba a tener, y siempre acertaba. Aunque creo que todos tenemos ese sexto sentido.

Pues esta persona de la que hablo tiene el sexto sentido que le permite percibir cuándo alguien ha sacado menos nota que ella. Es algo que no lo entiendo. ¿Cuál es el fundamento de ese sexto sentido? ¿Joder al personal? Porque es una habilidad que (creedme) no tiene ninguna otra aplicación. Me imagino que antes de nacer, Dios nos pone en fila a todos para que elijamos un sexto sentido. Este sujeto debía ser el último en la fila, justo por detrás del que recibió la habilidad de saber si alguien es calvo o no sólo por su voz.

Me la imagino a ella (es una chica, por cierto) pidiendo el sexto sentido que le permita atinar a boleo las respuestas de cualquier test, y a Dios diciéndole que tendría que conformarse con elegir entre saber quién ha sacado menos nota que ella o intuir si algo huele mal sin la necesidad de recurrir al olfato.

Si yo pudiera volver a ese momento cambiaría mi elección. Me encantaría tener el poder de predecir con 24 horas de antelación cuándo voy a tener que ir a defecar. Cambiaría mi vida. En su lugar, parece que escogí adivinar los números de la lotería. Una estupidez de sexto sentido al que todavía no le he encontrado ninguna aplicación útil.

Pues eso: te entregan tu examen. Tienes un 4,3. Un maldito 4,3. Necesitas cerca de un ocho de media para asegurarte de que llegas a la carrera que quieres, y ese 4,3 por el que tanto has luchado no hace sino alejarte de tu objetivo. Y ella se gira sonriente. Una sonrisa que vaticina muerte, de alguna manera. Y te pregunta siempre lo mismo: siempre.

‘Yoster, ¿Cuánto has sacado?’

‘Un 4,3′

‘Yo un 4,35′ (con la más amplia de sus sonrisas)

Y eso me sienta mal. Para empezar, porque yo no me llamo Yoster. Me llamo Yosterkote. Cualquiera que me llame Yoster sin mi consentimiento es susceptible de morir de la más cruel de las maneras. Siguiente: nótese cómo tras comunicar mi 4,3 no he preguntado por tu nota. Síntoma de que no me importa lo más mínimo. Si no te invito a plantarte desnuda en mi cama, no te plantes desnuda en mi cama, ergo si no te invito a que me cuentes tu nota… Saca conclusiones. Y para terminar, un 4,35 no es una buena nota, por mucho que sea superior a la mía. Si me dijeras alicaída que tienes un 4,35 opinaría que qué pena, que estoy contigo. Si me dices llena de alegría que tienes un 4,35 opino que felicidades, y que ojalá mueras (en el más amable de los sentidos, eso siempre).

Ha acabado el curso, y una de las cosas que celebro es que no tendré que aguantar cómo esta persona me supera por 0,05. Una de las cosas que algún día podré contar a mis nietos. No hay mal que por bien no venga.