Dejad ya de tocarme la cola
Friday, August 27th, 2010Adoro los refrescos de cola. Todos: Pepsi-Cola, Cocacola, Hacendado-Cola, cola blanca… No es la misma cola, pero va de miedo para que no te repita el estómago tras grandes ingestas de serrín.
Y no sólo me gustan porque ayuden a pasar más fácilmente el ron, a veces incluso bebo refrescos de cola a pelo.
Y en los últimos meses algo ha perturbado mi felicidad, mi bienestar y mi adicción a la coca… cafeína. Hablo de ese nuevo envase en el que Cocacola (la original, la de The Cocacola Company) ha decidido embutir su oscuro oro líquido.
¿Por qué? ¿Qué tenía de malo la botella normal y corriente? A mí me gustaban esas botellas de 2 litros. Sólo 2, no 2,250. Si quiero más por el mismo precio puedo comprarme una botella de Pepsi. Ya lo dice el anuncio: ‘Uan euro, uan Pesi’
Porque, querido director de Cocacola (sí, ese chaval de 16 años que sale por la tele): 250 mililitros de más en cada cocacola pueden importarle a un abstemio. No a alguien que la bebe a cubos. Porque no sólo ha empeorado el diseño. La otra botella era bonita (todo lo bonita que podía ser una botella de plástico): curvas, entrantes y salientes, personalidad… En definitiva, tenía estilo.
La nueva no. La nueva es como la amiga fea de la botella bonita: plana. Y no es culpa de la botella, y no es por discriminar, pero cuando veo su forma no puedo evitar pensar en un gigantesco supositorio, o un lanzagranadas como los que utilizaba Schwarzenegger en la selva para cargarse al Predator. Pero no veo una botella. Y por si fuera poco, parece que lo que se han gastado en añadir cocacola lo han ahorrado en plástico. Porque esa nueva botella de aspecto grande y robusto tiene paredes enclenques. La coges y no parece una botella: parece un globo de agua que se dobla, cede a su propio peso.
Mientras me sirvo Cocacola ahora puedo imaginarme qué siente Nacho Vidal cuando mea.
No, amigos, no me mola. Quiero mi botella normal y la quiero ya.

