Melones infernales
August 5th, 2010 at 13:07Melones Infernales, además del nombre del club de striptease en el que bailaré, esto… Que dirigiré, quiero decir, es el nombre de una de las historias más rocambolescas de este verano. Más que cuando desperté en el parque rodeado de orina que (a juzgar por el sabor) no me pertenecía. Más que la de esa chica tan superficial que sólo me quería por mi personalidad.
Es una historia de las que le pueden ocurrir a cualquiera, pero con el aliciente de lo misterioso y sobrenatural.
Esa mañana cogí el carro de la compra. Sí, yo hago la compra: soy el encargado oficial de proveer a mi familia de refrescos y leche. Al cogerlo me pareció que el carro pesaba más de lo normal. Miré en sus compartimentos por si había una botella, algo olvidado. No lo había. Por lo que supuse que el problema era mío, que el verano me estaba dejando desentrenado.
Al rato, cuando voy por la calle, un portero me dice señalando al suelo: ‘Oye, se te ha caído eso’. Pensé que se refería a mi gracia porque había leído mis últimos posts. O al tanga que guardo en mi bolsillo. Pero no. Me giro, miro al suelo y contemplo… ¡Un melón! Levanto el carro y, efectivamente, pesaba mucho menos. Tres kilos menos, calcularía a ojímetro. Así que me agacho y recojo el melón. Un melón que parecía relleno de gelatina, de lo blandorro que estaba. No me faltaron las ganas de hacer el numerito de estampar el melón contra el suelo a lo fútbol americano.
Esta historia suscita numerosas preguntas: ¿qué hacía un melón pocho en el carro? La hipótesis más aceptada por nuestros expertos va orientada a la posibilidad de que los fantasmas de los anteriores propietarios de nuestra casa vivan en la despensa y hayan decidido jugárnosla, molestos por mi decisión de empezar a tocar el bajo. Otra posibilidad es que simplemente el melón fue olvidado en el carro la última compra, pero a nosotros nos parece una explicación demasiado retorcida.
Y otro misterio: ¿dónde se escondía el melón? Al llegar a casa realicé una exhaustiva revisión, y no encontré nada. El carro está en estos momentos en el laboratorio siendo sometido a numerosas pruebas y algún que otro interrogatorio. Creemos que puede esconder un doble fondo. Eso explicaría, entre otras cosas, cómo es capaz mi madre de traer especias a casa sin que nadie se entere.
Y todavía no sabemos por qué orificio pudo caerse al suelo un melón entero.
Si podéis aportar ideas, se agradecen. También podéis mandar la historia a Cuarto Milenio.
En definitiva, otro escabroso misterio en el que una fruta se ve envuelta, como el famoso Pineapple Incident, de ‘Cómo Conocí a Vuestra Madre’, o el caso de ‘Esto no sabe a plátano’.
Tags: Cómo Conocía Vuestra Madre, fruta, melón, supermercado, verano

August 6th, 2010 at 12:32
Un colega me habló una vez de un fantasma que vió reflejado en su espejo con cabeza de melón (si, yo tuve la misma reacción)… kizá este relacionado…
(2h y media para las vacaciones)
August 6th, 2010 at 14:12
Te dijo qué textura tenía el melón? Si estaba bueno en una ensalada? ¿O no le dio tiempo a arrancarle la cabeza al fantasma? ¡Cáspita, Kurono, esto es serio: necesito más información!
August 7th, 2010 at 12:01
Simplemente pasó por detrás de él, no tuvieron tiempo de comer sopas juntos. Sin embargo, una cabeza de melón fantasmal explicaria como puedes no verla estando ahí y como puede caerse del carro sin necesidad de agujeros. El ectoplasma le daria el toque de melón pocho… pero no tenia ni idea de que pesasen…
¿Comprobaste si tenia ojos o boca?
Kizá estemos ante los primeros indicios de algo gordo Yoster… (No hagas relaciones falicas a este comentario)
PD: ¿Melones en esalada? Que cosas más raras haceis en Madrid…
August 9th, 2010 at 15:46
Lo inquietante es que siempre he preferido la sandía al melón, pero nunca pensé que tras estos dulces amigos pudiera esconderse un secreto tan extraño. Algo huele verdaderamente mal… Y no hay ningún chiste fálico