Todos somos Bécquer, pero sin estilo.
Thursday, August 19th, 2010No soy muy amigo de las largas introducciones: desde que una novia se quedó dormida cuando comenzaba la presentación de un picante striptease procuro ir directamente al grano. Por eso me van las mujeres con acné. Sin embargo esta es una ocasión especial. Desvelo mi faceta poética aprovechando para hacer lo que mejor sé hacer. Lo único, quiero decir. Lo único que sé intentar hacer: chistes groseros.
Se trata de una pieza lírica de auténtica profundidad sentimental que relata las desventuras amorosas de un joven, Bruno Caliente Aserradero, en la playa, durante una cálida noche de estío… Y de hastío. Un drama que habla de amor, pasión, corazones rotos e ilusiones hechas añicos. Va dirigida a todos esos lectores, jóvenes poetas, que me siguen encandilados por el poderío de mis rimas. Sí, a los tres.
Aquella calurosa noche de verano
cuando con tanta gracia me guiñaste un ojo
lleno de orgullo se me encogió el ano
al ser yo, el mayor objeto de tu antojo.
Oh, cálidas olas que amansan mi temperatura corporal
gracias a vuestra tremenda frescura, causante de mi agrado
gozaremos tras el crepúsculo de una sesión de sexo oral,
que por el efecto de mi halitosis, tendrá tendencias sado.
Cuál sería mi desdicha al ser consciente
de que nunca me guiñaste el ojo, bizca.
Lo que me parecía un guiño inocente
no era más que una pizquita de arenisca.
Volveré a la cueva de la que procedo
a beber y a llorar a partes iguales
y cuando esté más pedo que Don Alfredo,
flagelaré mis hormonas subnormales.

