Alberto
Wednesday, September 29th, 2010-Huele a hembra.
-¿Otra vez con eso?
-Tío, tengo un don. Sé cuando huele a hembra. ¿A que hay mujeres por aquí?
-Estamos en la sección de bolsos de El Corte Inglés, claro que hay mujeres.
-Mi olfato nunca falla.
-Lo que tú digas -suspiré.
Era la última vez, me dije a mí mismo, que salía a dar un paseo con Alberto. O como él lo llamaba: salir de caza. Salir a ligar con un ciego puede estar bien, pero no si ese ciego es Alberto, por supuesto. Uno piensa en las ventajas genéricas de salir a ligar con un ciego: hay tema de conversación, mientes respecto a la cantidad de dinero que hay en la cuenta, y lo que es más importante; puedes quedarte tú con las guapas.
Con Alberto eso último no funcionaba. Porque yo le vacilo, me meto con él cuando dice que huele a hembra en la planta de bolsos de El Corte Inglés… Pero el jodido tiene un don. Es cierto que una vez quiso entrar en una pescadería creyendo que era un burdel, pero eran otros tiempos. Posteriormente perfeccionó su olfato, y cuando le intenté liar con una amiga se dio cuenta, sólo por el sonido de su respiración, de que ella tenía las fosas nasales ligeramente grandes para su gusto.
-¡Eres ciego! ¿Cómo puede importarte eso? -exclamé.
-Esto es algo serio -replicó-, ¡el futuro de mi semilla está en juego!
Por semilla se refería a esperma. Era una estupidez, pero era cierto.
-Yo soy ciego, y no quiero morir sin descendencia. Por eso he de intentar que mi futura sea lo más bella posible. Mi hijo tiene una alta probabilidad de ser ciego: no quiero que además le rechacen por feo.
Efectivamente, se lo tenía muy creído. Nunca debería haberle enseñado ‘Esencia de Mujer’.

