Soy de los que piensa que ser objetivo de un te amo en el momento oportuno compensa todos los descalificativos que una vida es capaz de recibir. El ser humano es un bicho romántico. Tal vez por eso llevemos todos en nuestro pecho un corazón, más feo que el clásico, estético y simétrico símbolo rosa (o, en su defecto, rojo), pero que late al fin y al cabo. Late al fin y al cabo, y al principio y al golfo. Incluso late, no sólo a cabos y golfos, sino también a brigadas y alféreces; y a gente trabajadora, o gente como yo, que no es que sea vaga, es que a menudo se entretiene visualizando miradas que sólo a veces le pertenecen.
Créanme. Cuando encuentro una de esas miradas, intento cazarla y acunarla, pero siempre se desvanece. Culpa de mis padres, que nunca me compraron una Game Boy. Si la hubiera tenido, habría podido, tal vez, aprender a capturar pokémon, practicando para esos momentos en los que esa sonrisa irradia magia y exhala alegría, y me torturo porque mis torpes pupilas no supieron memorizarlo todo a tiempo. Porque esas magias y esas alegrías no se dibujan en su cara. Salen de ella porque su boca y sus ojos son la ventana a su interior, donde la esencia de cada uno habita, y donde, dentro de ella, hay otro corazón.
Ella es distinta, claro. Pero no lo es tanto. Los dos tenemos corazones afines. Una vez nos los cambiamos y no nos pasó nada. Ella cuidó de mi corazón, yo porté con ternura el suyo. Casi sin darnos cuenta, el intercambio de corazones se convirtió en un mágico rito, hasta que no supimos a quién pertenecía cada órgano. No pasa nada. Viví cosas con su corazón, y ella con el mío, así que se puede decir que, siempre que ella lleve un corazón, una parte de lo que yo soy le latirá dentro, llenándola de vida, susurrándole a sus vísceras.
Y allá donde yo vaya, por mucho que nos separemos, siempre y cuando llevemos puesto un corazón, ella sabrá lo que yo siento, porque el corazón es ese atípico lugar donde las palabras valen menos que los gestos, los gestos menos que las miradas, y las miradas lo valen todo pero a su vez no dicen nada.