Los ojos
Thursday, August 26th, 2010-¿Sabes? Tus ojos tienen formas diferentes -dijo ella con naturalidad.
-Ah, ¿sí? -respondí sonriendo -. Me alegra que te hayas fijado en mi prótesis ocular de forma piramidal, empezaba a preocuparme.
-Va en serio. Este ojo es un poco más pequeño.
Me callé. Disfrutamos de esos instantes en silencio. Al menos los disfrutó ella, porque yo, atormentado, me levanté todavía en calzoncillos. Anduve atormentado a través del pasillo iluminado por los rayos de sol matinal que se colaban por las puertas de las habitaciones adyacentes. Entré en la cocina y me serví un café.
Quemaba. En el tercer sorbo, ella entró y me preguntó si me encontraba bien.
-¿Bien? ¿Quieres que me encuentre bien? Me has llamado deforme nada más hacer el amor, no puedo -hice hincapié en ‘puedo’- sentirme bien.
-Yoster… -el temor se mezclaba con la incredulidad cuando las palabras salían de su boca.
-¿Sí? -pregunté irritado.
-No acabamos de hacer el amor.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
-Primero me llamas deforme y luego me recuerdas que no hemos echado un kiki. Tu maldad no conoce límites.
-¿Y qué te esperabas? -me preguntó ella -Después de todo, eres virgen.
-¿¡Y tú qué sabes!? ¿Acaso me has visto el himen?
-Yoster, eres un hombre, no puedes tener himen.
La expulsé de casa. Sin rencores, claro.
Este relato es una advertencia: a la próxima mujer que me diga que no puedo tener himen, la denuncio al Ministerio de Igualdad.

