Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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No lo entiendo

Tuesday, April 13th, 2010

Me parece muy bien que tuenti luche por no llenarse de perfiles que rozan lo absurdo. Por eso si pides cambiar tu nombre de “Yago Martín del Castillo” a otro cualquiera, te dicen que verificarán la autenticidad del nuevo nombre y que esperes unos días a conocer su veredicto.

Y es esto lo que me frustra: vale que cambiar mi nombre a ‘The Italian Flagman’ no cuela, pero por favor… Al menos lo he escrito con mayúsculas y todo. No sé cómo no me permiten cambiarlo cuando tengo contactos con nombres como

‘desoxirribonucleico’, ‘Squirrel’, ‘Atiqueteimporta’, ‘Jasjas’, ‘Regalabesos’, ”Tris Tras’, ‘Metal’, ‘Bragaskittyliciosas’, ‘Megatron’, ‘Asphyxia’, ‘Lucky’… Por no hablar de la envidia que me producen algunos cuyo apellido es supuestamente ‘Maiden’. ¡Yo también podría ser ‘Maiden’!

Me imagino que algún cerebrito decidiría que para mantener el orden en ese gallinero que es tuenti, encargaron a dos notas supervisar los nombres que se ponía la gente. Éstos, con la ESO recién sacada (porque si no, explíquenme qué carajo ocurre), optaron por elegir a cinco pobres parias al azar, entre ellos un servidor, y no permitirle cambiarse de nombre. Mientras tanto, un Alan Fernández o un Yago Martín cualquiera tienen que aguantar ver conectado a Mr. ‘Calzoncillosmojados’.

Te diré una cosa, Calzoncillosmojados: algún día yo seré ‘The Italian Flagman’ e iré con mi séquito a mearme en tus calzoncillos.

He dicho.

Entrevista conmemorativa: porque Yosterkote lo vale

Sunday, April 4th, 2010

Queridos lectores: llevábamos tiempo preparando este evento especial para todos nosotros. Yosterkote cumple las 100 entradas y queríamos obsequiar vuestra fidelidad con algo nuevo. En un principio pensábamos entrevistar a alguien famoso. Habíamos llegado a un acuerdo con Ronaldo (Cristiano no, el gordito), pero se fugó con la recepcionista de nuestra oficina antes de poder entrevistarle. Sí, nos sorprendió mucho, pero más se sorprenderá él cuando descubra que la recepcionista se llama en realidad Fermín, tiene 45 años y es padre divorciado de tres hijos.

Otros candidatos eran Mario Bros, Pip-Boy, John Locke, Bruce Dickinson, Gallardón y El Nota (que hoy, 4 de abril de 2010, podéis ver en la cabecera del blog como un pequeño homenaje a los hermanos Coen). Sin embargo por motivos que escapaban a nuestro control esta noche nos hemos visto imprevistamente solos. Así que hemos pensado que para celebrar este centenar de posts, no hay nada mejor que hablar un poco con su creador, Yosterkote. Conozcámoslo un poco más.

Entrevistador: Buenos días, Yosterkote. Es un placer entablar conversación con usted por primera vez en tanto tiempo.

Yosterkote: El placer es mío.

Entrevistador: No, el placer es mío, insisto

Y: Que no, que no, que el placer es mío: vengo de trincarme a la secretaria.

E: ¿En serio? Vaya, eso quiere decir que Ronaldo ya está aquí. Pero no divaguemos, por favor. Contamos con su presencia ahora, y eso es lo que importa. Dígame: ¿qué es lo que le motivó a comenzar a escribir un blog?

Y: Un amigo me desafió. Me dijo que si llegaba a los 100 posts me pagaría una prostituta, y aquí estoy.

E: Vaya, ahora debe de ser usted el hombre más feliz de la Tierra.

Y: La verdad es que sí, pero no quiero hablar más de esto. Hay una prostituta esperando en un taxi aparcado frente a la entrada a su oficina y cobra por minutos, así que le agradecería brevedad.

E: Como usted quiera, Yoster. ¿Qué me dice de su grupo de fans en Facebook? ¿Cómo se le ocurrió promocionar su sitio allí?

Y: Si le soy sincero, lo único que quería cuando comencé mi grupo de fans en Facebook era poder ver lo macizorras que estaban mis seguidoras. Lamentablemente la mayoría son maromos.

E: Lo siento.

Y: No, no se preocupe: son maromos, pero muy monos.

E: Ya veo. Siguiente pregunta: nuestro equipo de psiquiatras ha observado en sus escritos una constante referencia a elementos eróticos, y su visión pansexual del mundo nos sugiere que podría usted padecer de adicción al sexo. ¿Tiene algo que decirles?

Y: Sí. Que me coman la polla.

E: ¿Literalmente?

Y: Eso depende. Esos psiquiatras… ¿Son hembras?

E: Algunas.

Y: Entonces sí, que me la coman literalmente.

E: Ya veo. Sigamos: ¿Qué es lo más importante en su vida?

Y: ¿Esta entrevista la va a leer alguien?

E: Esa es nuestra intención.

Y: Entonces diré que lo más importante para mí son mis lectores. Al fin y al cabo, soy lo que soy gracias a ellos.

E: ¿Y si esta entrevista nunca fuera leída por nadie?

Y: En ese caso lo cierto es que lo más importante de mi vida es Lost. Adoro esa serie.

E: ¿La trama engancha, verdad?

Y: ¿Trama? ¿Qué trama? Yo sólo sigo esa maldita serie porque albergo la esperanza de que algún día aparecerá Evangeline Lilly en topless.

E: Lógico. Oiga, Yosterkote: estamos en confianza, ¿no es cierto?

Y: Yo nunca confiaría en alguien como usted.

E: ¿Cómo? Pero Yosterkote, usted y yo somos la misma persona.

Y: Por eso mismo.

E: Le agradecería mucho que colaborara, después de todo, esta es su entrevista también.

Y: ¡Vais a comerme la polla!

E: Por favor, compórtese. Es la segunda vez que pide groseramente una felación. ¿Tiene algo que alegar en su defensa?

Y: Lo siento mucho, Entrevistador. Desde que me picó esa cobra no puedo contenerme verbalmente. Es un serio problema. Lo que quería decir era que no: no quiero colaborar con usted. Por si no lo sabe, aquí el jefe soy yo, Yosterkote, y usted es sólo mi subordinado.

E: No lo creo. En realidad yo soy Yosterkote, y tú eres sólo el ficticio pelele al que entrevisto para conmemorar los 100 posts de mi blog.

Y: ¿Estás diciendo que yo no existo y que tú eres yo?

E: Exacto.

Y: Me la suda. Aunque tú seas Yosterkote, no eres Miguel de Unamuno y esto no es Niebla, así que procede con la entrevista.

E: En eso estamos de acuerdo. Una encuesta entre sus lectores destaca que la principal característica que perciben de usted es que es usted un ser completamente narcisista. ¿Qué opina?

Y: ¿¿¿Narcisista??? ¿¿¿Yo???

E: Esto… Bien. Siguiente pregunta. Puede usted elegir entre copular con la sirena clásica (mitad inferior pez, mitad superior mujer) o una sirena invertida (mitad superior pez, mitad inferior mujer). ¿Qué prefiere?

Y: Supongo que la sirena invertida.

E: ¿Y no le daría asco copular con una mujer con cara de pez?

Y: Francamente no sería la primera vez.

E: Perfecto. Vamos a terminar la entrevista, así que si hay algo que quiera decir algo a los lectores, este es el momento.

Y: Si usted lo dice, fingiré que mi duro corazón de piedra alberga amor por algo que no sea yo mismo. Sí. Quería agradecer a todos los que alguna vez se han tragado uno de los otros 99 posts. Significa mucho para mi. En concreto algunas personas que conscientes o no de ello, me han animado a continuar esta aventura. Al hetero más mariposón que he conocido, al desconocido que llevó mis testículos a Menéame, al que se sienta a mi lado en clase, a la que riza el rizo de los blogs, a la que podría darme una paliza al Guitar Hero, a la Nube y a la Vampiresa, que desde que le echaron en cara que no sabía escribir no ha vuelto a comentar. A ellos y a todos los que son fans en mi página de Facebook, reciben los posts por correo o están suscritos a mi RSS. Por vosotros he llegado hasta aquí y ahora hay una prostituta esperándome en la salida de este estudio.

E: Vaya, Yosterkote. ¿Es eso una lagrimita de emoción?

Y: Lo cierto es que sí. Entiéndame: es que la prostituta está muy buena.

E: Lo entiendo, lo entiendo. Vaya usted con ella, y espero poder recibirle dentro de poco.

Boicoteemos ‘El Club del Chiste’

Wednesday, March 17th, 2010

Mi blog es famoso en el mundo entero por boicotear cosas en las que no creo: Farmville, Windows, los matrimonios heterosexuales (sí, sí, los heterosexuales) y ahora ‘El Club del Chiste’.

Hay dos tipos de televisión: la telebasura y el resto. Y aunque la linea que las separa es muy subjetiva, no tengo ningún problema en decir públicamente que en mi opinión Antena 3 es lo peor en este aspecto: programas de cotilleo a mansalva, emisiones de películas mediocres en un espacio llamado “El Peliculón” (sí, de Peliculón no tiene un ápice: eso es ego argentino y lo demás son tonterías), series llenas de jovenzuelos guapetes y salidos que dan auténticas lecciones de folleteo en las aulas, en internados oscuros y en comisarías de la Policía… Por no hablar de los noticiarios. Son tan amarillistas que para disimularlo tienen que emitir la hora previa dos episodios (harto vistos por la sociedad) de Los Simpsons.

Pero entre todas estas heces catódicas hay un programa diferente: ‘El Club del Chiste’. Un grupito de cómicos… Sí, contando chistes. Este programa debería ser objeto de devoción de personas como yo, pero nada más lejos de la verdad: lo odio.

Y no odio los chistes. Odio el programa. A continuación procederé a demonizar el programa como Dios manda: adoro los chistes. En el cuaderno de notas del IPod tengo una extensa recopilación de chistes que contar durante un periodo de necesidad, y contar chistes a desconocidos es una parte muy importante de mi vida social.

Y un día llega esta amiga, la que probablemente más estupideces me ha llegado a aguantar, y me dice que la noche anterior en El Club del Chiste la mitad de los chistes que contaron ya se los había contado yo. Y sé que la otra mitad ya me los conocía, pero nunca llegué a contarlos porque eran demasiado malos. Y lo sé porque mi padre (o como yo lo llamo: Darth Vader) interrumpió mis partidas del Call of Duty para contármelos.

Por culpa de este maldito programa, la próxima vez que me acerque a una mujer y le cuente el chiste (siempre con el honorable fin de copular, por supuesto) que dice:

“¿Sabes por qué los atletas no tienen pelo en las pelotas? ¡Porque corren que se las pelan!”

Ella me dirá que ya lo conocía, que lo había oído en El Club del Chiste. Y eso, amigos, me dolerá. Porque ese chiste era de cosecha propia.

Lo que quiero decir es que me parece genial que se intente hacer reír a la gente. Pero hay distintas maneras de hacerlo. ‘El Club del Chiste’ no es como ‘El Club de la Comedia’, o ‘Nuevos cómicos’. En esos programas son los cómicos (o en su defecto los guionistas) los que elaboran un currado monólogo para presentarlo frente al público, y eso mola.

Pero emitir cientos de chistes populares por la televisión no es lo mismo. Porque hacer eso es como mecanizar la alfarería. Sí, hay más jarrones, pero has mandado a cientos de artesanos al paro. Por culpa de este programa, los que cuentan chistes están en peligro de extinción. Porque aprenderse un chiste no es difícil. Aprenderse cientos, sí. Y saberlos contar no sólo es difícil, sino que tiene arte.

Las personas como yo tenemos una colección de chistes que hemos ido confeccionando a lo largo de los años, o bien escuchándolos a terceros o bien buscándolos en internet, libros, etc. Y es una búsqueda complicada, porque en internet de cada diez chistes que te encuentras, dos son decentes, y uno de esos ya te lo sabías. Y hay un tercer método: la invención propia.

Esa, y no otra, es la magia de los chistes: cada vez que te encuentras a un contador de chistes estás descubriendo un tesoro. Alguien que te cuenta millones de chistes malos y que consigue hacerte reír de lo malos que son. Sí, son malos, pero tú te has reído. ¿No es eso a lo que aspira un chiste?

Los chistes no son una chica a la que puedas sodomizar en tu dormitorio. Son como bebés indefensos. Esto es así debido a que los chistes tienen un momento preciso: las ocho de la mañana, cuando un compañero te cuenta su último chiste porque le apetece verte sonreír para que empieces bien el día. Otras veces intenta alegrarte un trayecto de seis horas en autobús. Y en ocasiones consigue levantar él solo una fiesta que parecía muerta.

Seguro que habéis conocido a alguien así, y seguro que habéis vivido alguna de esas situaciones. Ahora imagínate la escena: unos compañeros y tú en un vuelo de siete horas hasta Montreal. Uno de vosotros se da cuenta de que va a ser tedioso y lo hace: cuenta un chiste. Y al momento de plantear la situación (un francés, un inglés y un español entran en un bar), vais cinco de vosotros y decís que ya os lo sabíais, que lo visteis en ‘El Club del Chiste’.

En definitiva, ‘El Club del Chiste’ es para los chistosos como un programa que revela trucos de magia para los ilusionistas: los mata.

Y no te preocupes por dejar de ver ‘El Club del Chiste’. Tarde o temprano te encontrarás con ese alguien dispuesto a contártelos en el momento adecuado, y no mientras cenas frente al televisor. Si no lo haces por disfrutarlos más, hazlo por los que los cuentan. Hazlo por mí. No engañemos a nadie: los de ‘El Club del Chiste’ están ahí para ganar dinero. Dinero o fama, esa es su motivación. Pero la única recompensa para mí y para el resto de frikis cuenta-chistes de estos lares es obtener a cambio una carcajada. Una sonrisa a veces es suficiente. Y la petición de ‘Yosterkote, cuéntanos un chiste es a lo máximo a lo que aspiramos. Esperamos que tú te lo pases bien, no dinero o fama vía TDT. Y ese, y no otro, es el fin último de un chiste.

Tened por seguro que si los chistes pudieran hablar, se quejarían de este programa que los desnuda impunemente ante el público en general.

Nota: ¿Más de 1000 palabras en este post? ¡Yay!