Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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Los 10 descubrimientos que arruinaron mi vida

Friday, June 3rd, 2011

Las vidas siempre se truncan. Es algo inherente a la misma acción de vivir. Tan inherente como lo es escribir la palabra “inherente” en una frase y quedar guay. Y las vidas no siempre se truncan por acontecimientos que a estas acaecen, como cabría pensar, sino que se truncan a menudo por los descubrimientos que la experiencia y la razón nos revelan.

Qué decir sobre mi vida. N0 he perdido piernas en Vietnam. No combatí en Corea. Nunca llegué a escuchar más de una canción de Justin Bieber. Leyendo esta breve biografía de una persona simple como yo, podríais tener la impresión de que nunca he sufrido. De que mi apacible alma destormentada brinca entre campos primaverales inhalando el suave olor de las florecillas que la naturaleza brinda a nosotros, sus felices creaciones.

Nada más lejos de la verdad. Soy un hombre tortuoso, retorcido y legalmente depravado que busca placer en las cosas pequeñas, como los sacerdotes. Para los malpensados: me refiero a objetos simbólicos, como pequeños crucifijos, biblias, rosarios… Y bebés.

¿Qué me ha llevado a ser el que soy? Ni más ni menos que una serie de descubrimientos que me han ido destrozando las ilusiones, mis esperanzas, mi fe en la humanidad y que ahora comienzo a detallar:

10. Los Reyes Magos no existen:

Inevitable. Imagínense mi cara de poker al enterarme de que los Reyes Magos no existen. Litros y litros de lágrimas corrieron por mis mejillas ese día, igual que litros y litros de tinta con cuestionable caligrafía habían corrido con anterioridad conteniendo los deseos de un jovencito aspirante a artista revelación en (insertar disciplina). No volví a ser el mismo. Esos años y años portándome bien, siendo un chico ejemplar, creyendo que unos misteriosos reyes magos de oriente me observaban, fueron en balde. Años y años de tiempo perdido. De fechorías que podía haber hecho con la excusa de ser pequeño e inocente. Nunca creáis a vuestros padres si no os queréis llevar una gran desilusión. O al menos nunca creáis a los míos.

Farsantes. Eso es lo que son.

Farsantes. Eso es lo que son.

9. La Fórmula 1 es una farsa:

Todos éramos mucho más felices cuando creíamos que Fernando Alonso era la polla con cebolla por ser capaz en 2005 y 2006 de mearse en los demás pilotos con un cutre Renault. ¡La de cosas que podría hacer con un coche decente! Se fue a MacLaren, y luego volvió a Renault. Entonces fue cuando descubrimos que los Renault de 2005 y 2006 sí eran unos monoplazas de la leche, que los de 2008 y 2009 eran caca de vaca y que para ser campeón de un mundial de Fórmula 1 no hay que ser el mejor piloto, sino tener el mejor coche y, si eso, ser mejor que tu compañero de equipo. El mundial de Jenson Button con el coche con nombre de batidora en 2009 lo certifica.

8. Los ladridos no son una lengua estandarizada:

De nuevo, horas de tiempo perdido durante mi infancia, esta vez intentando comunicarme con los perros de la finca vecina. “¿Cómo estás?” No se corresponde con “¿Guau guau guau?” y su correspondiente entonación. Menuda vida más perra.

7. Masturbarse no provoca secuelas:

Pues eso. Te molestas en preservar tu vista en perfectas condiciones, una cara libre de espinillas y las palmas de tus manos sin pelo para descubrir a los 18 años que ninguna de esas leyendas urbanas eran ciertas. Tocaba entonces recuperar el tiempo perdido. De hecho, voy a recuperar parte de ese tiempo ahora mismo. Vuelvo en tres minutos y medio.

Pausa onanística.

Volvemos ahora, tras habernos deleitado. Lo más bonito del onanismo es que puedes hacerlo en cualquier momento, en cualquier lugar. ¿Que las explicaciones de la profesora son poco, muy poco o nada interesantes? Divertimiento gratis. ¿Que es verano y no tienes nada que hacer? Divertimiento gratis. ¿Que estás votando en una cabina para preservar tu derecho a un voto secreto y hay una cola del copón? Divertimiento gratis. ¿Que el juez te aburre detallándote las acusaciones que se vierten sobre ti en relación a trata de blancas, delitos sexuales, pederastia y perturbación del orden público? En ese caso, mejor resérvate, ya tendrás suficiente divertimiento gratis con tu compañero de celda…

6. El teclado está más contaminado que la taza del váter:

Tal vez bastante relacionado con la temática del descubrimiento anterior, resulta que los teclados de ordenador o de teléfono móvil acumulan más mierda que los receptáculos de mierda propiamente dichos. Haz la prueba de pasar un mondadientes entre las teclas de tu teclado, y asómbrate por haber creado vida. Nota para ministros, diputados y demás cargos públicos: los móviles con teclado acumulan suciedad, ergo son un peligro para vuestras vidas y deberíais tener en su lugar dispositivos táctiles. ¡IPhones para todos, invita el pueblo!

5. Freddie Mercury y Tino Casal murieron:

Escuchar Queen, alucinar, y descubrir que su voz está muerta supone dos cosas:

  1. Freddie Mercury no podrá seguir aportando más al mundo de la música. Es lo que tiene la música.
  2. Si él no es inmortal, difícilmente lo serás tú.

El caso de Tino Casal es distinto, pero básicamente igual. Confieso que de Tino Casal sólo he escuchado Eloise, pero el trauma existe. No sé si Tino Casal sigue molando. Ni siquiera sé si Tino Casal llegó a molar. Por no saber, no sé ni siquiera si “molar” se sigue diciendo, e ignoro si es un agravio que Freddie Mercury y Tino Casal compartan categoría, ni si es mi duda de que si es un agravio que Mercury y Casal compartan categoría un propio agravio para los fans de Tino Casal… Ni si Tino Casal tiene fans. Y si te has perdido leyendo esto, no pasa nada, porque yo sí me he perdido escribiéndolo, así que continúa aquí: lo conocí a los siete años, yendo en coche a la playa (cinco horas que sin aire acondicionado por la tórrida meseta se hacen infernales). En la radio sonó Eloise, y he de reconocer que me gustó. Incluso en ese momento me sentí algo más homosoexual. Cuando mis padres comentaron que este hombre estaba muerto, una parte de mí murió. Eloiiiiiiiiiiiiiiiise…

4. Eugenio murió en 2001:

Este fatídico descubrimiento lo acabo de sufrir ahora, redactando sobre la muerte de Freddie y Tino. En un principio la desilusión se iba a llamar Freddie Mercury, Tino Casal y Eugenio murieron, pero revisando la fecha de defunción de este maestro (por aquello de tener un mínimo de precisión histórica en este majestuoso blog) he visto que Eugenio murió en 2001, y no en los 90, como creía. Esto supone un doble trauma, porque al hecho de haber perdido a Eugenio, gravísimo de por sí, se suma el hecho de que coexistí con Eugenio los primeros 9 años de mi vida sin reparar en su grandeza. Tierra, trágame. Al menos podré fardar delante de mis nietos diciendo que fui contemporáneo de este grande. A tomar por búho.

3. Friends acaba:

¿Realmente hace falta explicarlo? Chandler, Joey, Monica, Rachel, Phoebe y Ross dejan de emitirse. No habrá episodios nuevos. Nada dura para siempre, y si dura para siempre es que se bañó con contaminación nuclear y es Fraga.

2. El final de Lost:

Los que se mofaban de que el final de Lost sería un sueño de Resines no iban tan desencaminados. Lost podrá pasar a los anales de la historia como otra de tantas creaciones colosales que tienen un final de mierda, como Star Wars con su episodio III, Prisonbreak, Harry Potter (si entendemos como final los dos últimos libros) y mis coitos. Felicidades. Me habéis estropeado Lost, y mis coitos.

1. Mi genialidad no es ilimitada:

Algo de lo que me acabo de dar cuenta, señores y señoras. Mi abundante genialidad termina antes de permitirme concluir esta fabulosa, magnífica, mediocre lista de los 10 descubrimientos que arruinaron mi vida… Lo que de por sí es un fatídico descubrimiento que arruina mi vida, porque mi ego no puede permitirse soportar la cruz de ser imperfecto como el resto de vosotros, así que supongo que como descubrimiento que arruina mi vida vale. Olé, esa es mi manera de cerrar los posts, y a lo que recurro cuando no tengo ni idea en un examen y me piden que justifique mi respuesta. Un besazo a todos, menos a los chicos.

Mea culpa

Sunday, April 24th, 2011

Mea culpa: dícese del que expulsa culpa en lugar de orín. También es muy conocida la variación del dicho “mea colonia”, con un significado diferente.

Y hoy me toca a mí, todopoderoso señor de la suciedad de día y azote de la prostitución por las noches, entonar el “Meo culpa”. ¿Por qué meo culpa? Bueno, por todos es sabido que los peluqueros, ese gremio de trolls inmisericordes de la vida, suscitan en mi interior un odio intenso, muy intenso, sólo comparable en intensidad a la voz de Freddy Mercury cuando de repente le sale agua fría en la ducha. Sí, todos conocemos esa sensación. También podríamos hablar, sin salir de la ducha de Freddy Mercury, de la intensidad de sus gritos cuando justo entonces se le cae el jabón, pero eso lo dejaremos para nuestro siguiente post (dada la frecuencia con la que escribo, probablemente 2014).

Porque inocente de mí, voy a la peluquería, le digo que me corte las puntas, y salgo calvo. Pero no calvo uniforme, sino calvo con trasquilones, porque es que lo de algunos peluqueros tiene mérito.

Por eso el otro día tomé una lógica (que no sabia decisión): para que me quede igual de mal, prefiero cortármelo yo y ahorrarme el dinero y con ello el sentimiento de culpabilidad que me acompañaría por haberme gastado X euros en destrozar mi irresistible sex appeal. Graso error. Sí, graso con “g”, de “grasa”, porque el error era gordo y seboso de gónadas, que dice la gente culta como yo.

Te sitúas frente al espejo. Agarras las tijeras como buenamente puedes, y haces esa cosa que has estado toda tu vida viendo hacer. Un movimiento que, en teoría, no acarrea ninguna complejidad tal y como tú lo has estado viendo: abres tus dedos, colocas un mechón de pelo entre ellos y los cierras. Esa es la teoría, porque en la práctica eres un manojo de dedos con párkinson que se retuercen para agarrarse a tus pelos como buenamente pueden. Y sí, esa mano tiembla, pero no te preocupes: esa ni siquiera es la que corta. El peligro está en la otra, y tiene tijeras. Miras el lado positivo, ahora que aún no has dado el primer corte. Si todo sale mal, podrás regalarle a tu amada el trozo de oreja que te arranques y quedar como todo un Van Gogh de la vida.

Y cortas. Y sigues cortando. Lo que querías hacer, eso de “sólo las puntas” se torna en una masacre de pelos muertos por todas partes. No sabes si eso es tu baño o el Infierno de Verdún. Y sigues cortando, y te sigue quedando desigual, así que lo único que puedes hacer es cortar la otra parte más corta para compensar. Podría seguir así, relatando pelo por pelo mi via crucis personal, pero da un poco igual. Todos sabemos que al final la conclusión a la que llegamos es que la única manera de que quede igualado es pasar la máquina.

Sí, el resultado es, si cabe, peor que el de ir a la peluquería. Y al contrario de lo que creí en un principio, no me siento aliviado por haberme ahorrado X euros en destrozarme el pelo, sino que me siento idiota por no haberme gastado esos euros en un “profesional”. Porque sí, me lo habría dejado más o menos igual, pero tendría alguien a quien echarle la culpa.

Retiro todo lo dicho, todas las injurias vertidas desde mi blog a ese gremio maltratado. Ser un peluquero no es fácil. Mi cabeza redonda y calva da fe de ello.

Agravios mentales: el “te quiero como amigo”

Thursday, March 3rd, 2011

De todas las chorradas que el ser humano se ha inventado para cortar (o no mantener) una relación, no hay ninguna tan falsa, tan absurda y tan dolorosa como el famoso “te quiero como amigo”. Tal vez si algún día logro poner de moda el “no es que yo sea un superficial, es que tú eres feo/a”; el “te quiero como amigo/a” quede finalmente desbancado. Todo es cuestión de tiempo.

El caso: como ya he dicho, el “te quiero como amigo” se puede emplear en dos variantes. La más conocida, su forma original, es para rechazar a un humano que quiere involucrarse en una relación sentimental contigo. Por cierto, que nunca he entendido por qué se llama exactamente una “relación sentimental”. Yo, por ejemplo, mantengo relaciones sentimentales con todos los vecinos de mi edificio. Al fin y al cabo, el odio es un sentimiento, ¿no? Vale, no importa. A lo que íbamos. Lo voy a expresar más fácilmente con un ejemplo de diálogo directo mantenido entre los imaginarios José y Francisco (porque ahora el blog de Yosterkote se ha vuelto progre y apoya profundamente al colectivo gay):

José: Oye, Francisco… He pensado que tal vez tú y yo podríamos salir.

Francisco: Lo siento, José, pero es que te quiero como amigo.

Analicemos la situación. Lo primero, José ha cometido un gran fallo en su proposición, y esa ha sido hablar de “salir”. Esto es cuestión de gustos, pero tal vez el resultado habría sido mucho mejor si le hubiera pedido “entrar”: “¿Te apetece entrar conmigo?” Simplemente considero que es una propuesta mucho más sugerente.

Y lo que nos atañe: la reacción de Francisco. En el mundo ideal de Peter Pan, donde la gente es sincera y las mujeres son fáciles (de comprender, me refiero), el “te quiero como amigo” realmente significa que te quieren como amigo. La dura realidad es que da igual la relación que tengas con la persona a la que le has pedido “entrar”, siempre te dirá que te quiere como amigo. Un día de estos iré al Reino Unido y le propondré a la reina un affaire. Si acepta, me ganaré la vida vendiendo exclusivas a Telecinco. Si lo rechaza, me dirá “te quiero como amigo”, y podré decir en el bar que un día la Reina del Reino Unido me propuso que fuéramos amigos, porque eso da un caché que te cagas.

Es cierto. “Te quiero como amigo” ocupa el primer puesto en todas las clasificaciones de frases falsas pero fáciles de decir, seguida más de lejos por “te quiero”. ¿Por qué? ¡Es mentira! Quiero decir: mírame. Tú, mujer que en algún momento de tu vida cometiste la osadía de rechazarme: si no quieres entrar conmigo, dilo, no finjas que te importo, eso lo tengo muy superado. Muchas personas afirman que el amor no es más que una combinación entre amistad y deseo sexual. ¿Quieres ser mi amiga? Perfecto, seamos amigos, yo pongo el deseo sexual, de gratis, si quieres… Total, para algo están los amigos, ¿no?

La otra variante es el “quiero seguir conservando la amistad” o el “aún podemos ser amigos” cuando te están dejando. Mi querida “amiga”: en este mundo sólo hay un tipo de personas peor que los mentirosos, y esos son los hipócritas. Que cortes conmigo, me digas que quieres preservar nuestra bonita amistad y que te pases el resto de tu vida ignorándome, es hipócrita. Claro que la culpa sería mía por creérmelo. Es decir: partiendo de la base de que soy un Dios del sexo, podemos intuir que lo que no te complacía de nuestra relación es que nunca te hiciera caso, que no aguantara a tus amigos, que llegara tarde a nuestras citas y que te hiciera pagar las palomitas cuando íbamos al cine. ¿De qué oscuro razonamiento te has servido para creer, con los conocimientos que posees sobre mi persona, que todo eso cambiará cuando seamos sólo “amigos”?

Porque queridas lectoras, si realmente creéis que privarnos del sexo va a hacer que nos importéis más que antes, que nos gusten vuestros amigos, que lleguemos puntuales cuando quedemos o que os invitemos a refrescos (y esto va libre de acritud), tenéis un serio problema de razonamiento.

Tal vez sea que cuando decimos “te quiero como amigo”, realmente queramos decir “piérdete”. Es más brusco, sí, pero no mancillamos el bello concepto de la amistad.