“Limón” el Dulce
Por Yosterkote
Prostitutas, alcohol, corrupción, carnicerías (en su sentido más explícito), disfraces, policías, lores ingleses y París. Celebro que con esta cuarta crítica, Kyuni y yo nos convertimos en críticos consagrados: ya podemos hacer chistes estúpidos y pseudointelectuales como el del título de esta review sin que nos importe una hez si en realidad la gente se ríe o no. Lo explico: El título es “Irma la Dulce”. Para mí Nestor (interpretado por Jack Lemmon) es el personaje más dulce que se ha podido crear para la gran pantalla. De ahí la gracia: Lemmon se parece a “lemon” (por si alguien no se había dado cuenta), que es limón en inglés (ahora os explicáis lo de mi Proficiency, supongo). Y es gracioso, porque que un limón sea dulce y no ácido es una gran contrariedad. Ya está. Ya lo he dicho. Antes de nada, quiero que conste que si he explicado la ¿gracia?, ha sido precisamente para restarle comicidad y que vuestros abdómenes no implosionaran de la risa. Porque seré harto gracioso, pero tengo mi corazoncito.
Nunca me sentí romántico, ni mucho menos, hasta que estuve a punto de llorar con el final de Flashdance. Desde entonces cualquier chorradita me emociona terriblemente.
Pongo por ejemplo el chaval que cubrió el coche de su chica con 2000 post-its con mensajes de amor. Porque sí, porque ella se habrá perdido el examen que tenía esa mañana, porque él tiene toda la pinta de haber sido un pagafantas toda su vida y, porque si esa pareja sigue adelante, algún día podríamos volver a saber de ellos en el ABC, aunque esta vez por algún suceso más sangriento y desequilibrado si cabe. Porque a pesar de todo eso, leñe, qué bonito es el amor, tralará y esas cosas… Comprendo que la gente se tome actitudes así a risa, pero ante todo se debe nuestro respeto: ¿acaso no queda sitio en este duro y cruel mundo para pasteladas romanticoides que nos maten de diabetes? Lanzo desde este humilde blog, antes de proseguir con esta cosa de los Lunes Cinéfilos, un manifiesto: Amamos el amor. Menos “El Diario de Noa”, que eso es pasarse. Ese es el manifiesto.
Sigamos. Toda esta absurda introducción es porque realmente tengo muy poco que decir sobre esta película. Muy poco, salvo que es fantástica.
Porque consigue tratar la prostitución desde un punto de vista cómico y de muy buen gusto, algo que es realmente difícil, ya que la prostitución es un tema serio, complicado y lleno de sufrimiento. Y lo digo por experiencia, ya que una vez acepté que me invitaran a un café después de tener sexo y vaya, se pasa mal.
Porque Irma (Shirley MacLaine), la protagonista (eso debería haber quedado claro con el título), es realmente dulce. ¿Qué? ¿Que eso también lo dice el título? Pues vaya. Ahora en serio, si las señoritas de la calle Montera fueran así de fascinantes… Pues… No, no sé cómo acabar esta frase sin quedar mal.
Y Nestor es un personaje inmejorable. Lo tiene todo: es tierno, tímido, ingenuo, responsable, y está dispuesto a todo por amor. Eso, y que es Jack Lemmon. La caracterización como Nestor es impecable, pero su representación de lor inglés no tiene precio.
Y es París. Lo único más bohemio que la prostitución en París es, posiblemente, un lamparón en los calzoncillos. Y lo digo totalmente en serio.
Personalmente, sólo puedo poner una pega: y es que el ritmo de la narración se vuelve monótono en algunos momentos, muy al estilo de películas de esas décadas, en las que entre conflicto y conflicto te muestran 10 minutos de metraje de felicidad. Y eso no supone un problema si ocurre una vez. Pero cuando se repite… ¡Queremos acción! ¡Queremos ver a Lemmon haciendo de Lord X, recordándonos a La Carrera del Siglo y su Profesor Fate! Ya que no hay tías en bolas ni Stallones dando caña, que me den amor. Mucho amor.
Es un 9, no puedo decir mucho más sin destripar al completo la película, así que os podéis quedar con mi consejo: si os gusta Wilder, y la rugosidad del celuloide del cine de los 60, y París, y el amor, y las putas, y la corrupción, los bares, el billar, el tabaco, los perros alcohólicos, las mujeres que se llaman Irma, las irmas que se llaman Mujer, los chulos, los lores ingleses, los bigotes falsos, los asesinatos que parecen serlo pero que no lo son, la cárcel, los camareros con bigote y un largo etcétera, no os perdáis esta joyita.
Wilder, Lemmon y MacLaine: Poker de ases
“¿Qué hace una chica como tú en un trabajo como este?” – Un cliente cualquiera
En 1963 ocurre un hecho curioso: dos grandísimos directores, en auge, ruedan dos películas imprescindibles ambientadas en Francia con dos de los mejores actores de la historia del cine. Estoy hablando por un lado de Blake Edwards que dirigió La Pantera Rosa (The pink panter, 1963) para gracia de Peter Sellers y deleite del espectador. Una comedia irreverente, con un elenco de personajes en estado de gracia (mis queridos David Niven y Claudia Cardinale), con una historia y unas dosis de humor absurdo muy características del cine de los 60, que le iban como un guante a Sellers.
Sin embargo, la que aquí nos ocupa es otra obra de otro director con otro actor. Estoy hablando del grande Billy Wilder (uno de los mejores directores de cine y guionistas, junto a su compañero y amigo I.A.L. Diamond), que recogió un musical llamado Irma la Douce, para adaptarlo a su particular estilo. Irma la dulce (Irma la douce, 1963) está protagonizado de uno de los mejores actores que ha dado el mundo del cine. Y esto es indiscutible. Tanto en comedia como en drama (y aquí demuestra un poco de ambas) Jack Lemmon, era el mejor. Compartía, junto a Peter Sellers, esa capacidad para hacer de “primo” como ningún otro. Solo hay que verlo al llegar a Les Halles, lugar donde transcurre la acción. Jack Lemmon es Nestor, un policía bonachón y muy cumplidor del reglamento que entra en un mundo que no conoce, donde los chulos manipulan a sus prostitutas para darse la gran vida y sobornan a los policías para que no les molesten. Así es el universo de Les Halles. Pero Nestor no lo conoce y, desde luego, no comparte esa particular visión del mundo. Nada más aparecer, tiene lugar la escena que representa que es Nestor: camina entre los puestos de fruta y coge una manzana. Lo normal en esos casos y, siendo el policía, sería no pagarla y llevársela. Sin embargo, el saca una moneda y se la da al frutero, para asombro de este. Eso es Nestor.
Por otro lado, nos encontramos a Shirley MacLaine mejor que nunca. En su estado de gracia. No solo actúa de maravilla, con ese papel de mujer fuerte y luchadora, sino que está más guapa que nunca. La película realmente empieza con ella, con Irma, enseñando el mundo en el que vive, donde a cada hombre con el que se acuesta le cuenta una historia diferente para conseguir más dinero.
Y después está todo el elenco de secundarios. Desde el perro hasta Mostauche. Wilder era único creando personajes y dotándolos de sus particularidades. Si bien Irma se caracteriza por sus medias verdes “a juego con el lacito verde y la ropa interior verde”, Mostauche tiene esa frase que usa para lapidar todas sus historias increíbles: “esa es otra historia”. Y el perro, con su lazo verde, siendo una especie de Irma canina, gruñendo a Nestor todo el rato y emborrachándose con el champan. Después nos encontramos a la panda de chulos y prostitutas: el estereotipado chulo vanidoso, alto y fuerte, el canijo manco graciosillo, las chicas que son unas verdaderas locazas… Un universo rico en continuo movimiento.
Por encima de todo, está es una película de amor. Tiene drama, tiene comedia, pero lo que les lleve a cambiar es el amor. Nestor es despedido de la policía por acatar demasiado bien las reglas y, después, se carga al chulo de Irma con tal de defenderla a ella, pasando así a ser su chulo. Pero lo lleva fatal. Desde el momento que lo despiden, Nestor es una montaña rusa cuesta abajo. Y aquí llega el momento heredado de Lubistch de la película, maestro de Wilder que este adoraba.
ALERTA SPOILER–>Con tal de calmar sus celos, Nestor se disfraza de un Lord inglés, Lord X, para ser el único que se acueste con Irma. Y empieza el enredo. Lo expondrá perfectamente Moustache en el tramo final de la película, cuando hace de abogado de Nestor y habla con esté en el bar. Pero antes de esto, en el momento verdaderamente dramático (hasta bofetada hay, que yo nunca vi a Lemmon en tal tesitura) se demuestra lo que valen estos actores.
Luego están los pequeños detalles de guión, que hacen de esta una maravilla. La primera noche que pasan Nestor e Irma, que ella se acuesta con el antifaz y se levanta Nestor con él puesto. No hace falta mostrar nada más, ni enseñar nada. Es evidente lo que ahí ha sucedido. Lo que le sucede a todo hombre cuando está con Irma. Ese es el momento de cambio para Nestor. Como se muestra más adelante, y al contrario de al principio que pagó por la manzana, le coge un cruasán a Moustache y ni siquiera le da las gracias. Sin embargo, al final Nestor vuelve a conseguir su empleo de policía, al descubrirse que Lord X realmente no estaba muerto en una de las resoluciones más brillantes que había visto nunca, con Lord X saliendo del río como si aquí no pasara nada.
Pero volvamos a lo de antes, a la historia de amor. Esa ternura que desprende Nestor colocándole los periódicos a Irma en la ventana para que nadie la vea desnuda, ejemplificando por primera vez los celos futuros y reclamándola únicamente para sí mismo. Y por este amor Nestor cambia radicalmente, pero es un giro de 360º que le devolverá a la casilla de salida. La que de verdad da un cambio importante, radicalmente opuesta a como era al principio, es Irma. Explicando cómo su madre se enamoro de un hombre del mercado y ¡hasta casi se casa con él! Irma condena esta conducta. Le parece ridículo estar atada a un hombre. Como le dice Nestor después “no sabes nada de los hombres porque has estado con demasiados”. Al final, como debe ser, acaba casándose con Nestor e incluso teniendo un hijo con él.
Aquí llega mi disgusto. Adoro a Billy Wilder por encima de todas las cosas en este mundo. Y nunca le he encontrado ni el más mínimo defecto a sus películas. Nada que me disgustara. Desde sus obras menores hasta las más grandes. Y esta es una de las enormes. Pero aquí, al final, llega un gran pero. Cuando Irma tiene el bebe en sus manos y dice “le coseré medias verdes”, Nestor dice que no. Aquí se encuentra un punto importante. Las medias verdes, el color verde, representaban a la Irma pasada. La mujer fuerte que tenía que lidiar con chulos vanidoso, que mentía por dinero y tenía una seguridad firme, se ha esfumado. Al casarse con Nestor desaparece esa personalidad por la cual nos había enamorado al principio. Nestor se la ha arrebatado. Negándole el color verde, niega el pasado de Irma y el posible futuro de su hija. Irma había dicho que su madre ocupaba el mismo puesto en la calle que ella ocupa cuando empieza la película. Por un lado, lo que puede parece positivo (que la hija no siga por el mismo camino) desvirtúa a la misma película, negándose a sí misma. Al principio nos muestra un mundo con sus reglas, sus clases, sus mandatos. Al final tira con todo eso, buscando algo mejor. ¿Realmente es algo mejor? Irma parecía estar muy segura de sus reglas, de su condición, cuando habla con Nestor en la bañera, diciendo que ella debe ganar mucho dinero para mantener a su hombre y así sentirse orgullosa de él. No sé… es algo en lo que pensare seriamente, intentando desentrañar si hay algo más ahí. Y si realmente es un defecto o una virtud.<– FIN DEL SPOILER
Aún así, y pese a todo, una película de Wilder siempre es digna de ver. Y de agradecer. Yo siempre digo que si no sabes qué regalar, regala una película. Y si es de Wilder, mejor. Tiene de todo. Desde Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959) hasta El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950). Wilder nunca decepciona. Nunca.
Y para la semana que viene, Los Increíbles.