Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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Ex

Sunday, September 5th, 2010

Relaciones de pareja. No puedes vivir con ellas, y no puedes hacer el amor sin ellas.Quiero retomar mi blog con fuerza, y la mejor manera es compartir esos pedazos de sabiduría que me distinguen de los demás. Este es uno de ellos.

Para empezar, he de reconocer que tengo problemas de pareja. No con una pareja en concreto, sino con el mundillo que representa. Por el hecho de que me dan miedo, y mucho. Uno no se da cuenta normalmente de que cuando empieza una relación, esa relación no tiene un final definido.

Imaginemos que Pedro mañana empieza a salir con Verónica. Puede que su relación de pareja dure una semana, dos. Un mes, si tienen suerte, e incluso hay gente que se casa. Pero para los que no son tan desdichados como para casarse, hay otra penuria igualmente terrorífica: se llama la post-relación (entiéndase por post-relación a lo que hay después de la relación, no a una relación de entradas de blog). Porque una relación de pareja puede durar uno, dos, tres días. O más. Pero siempre que una relación acaba, otra empieza. No hablo del ligue-despecho (que también), sino de una relación que dura mucho más. Una relación que en muchos casos, y no como el matrimonio, sí que dura ‘hasta que la muerte os separe’. Hablo de la relación entre ‘ex’.

Cada vez que alguien crea un nexo suficientemente fuerte en el planeta, hay otro nexo mucho menos evidente, que saldrá a la luz cuando el nexo primario (esto es: amor, carantoñas o ñaca-ñaca, según la ocasión) desaparezca. Un nexo que es mucho más duro y resistente: el nexo de la ‘ex-itud’ o ‘ex-idad’ (a falta de un nombre mejor).

Porque no importa lo inteligente, bella, increíble que sea una mujer (u hombre) a la hora de desempeñar las funciones de ex. Si es un coñazo de ex, es un coñazo de ex.

Por eso, y en mis instintos más previsores, cuando me acerco a una mujer que me gusta ya no la observo como una presa en potencia, sino como una futurible ex. En lugar de fijarte en cualidades que consideras importantes en una pareja (senos, peso, facciones de la cara, o hasta cosas superficiales), te fijas en cosas que deseas evitar en una ex.

¿Lleva en el bolso gafas de visión nocturna? ¿Una grabadora? O lo que es peor: ¿un kiwi? Porque no sé vuestro caso, pero suministrarme kiwi es la forma más rápida de matarme. Conviene luego asegurarse de que al menos el 50% de sus ex están vivos y alejados de cualquier instalación psiquiátrica.

Entonces, sólo entonces, puedo permitirme hacer la pregunta:

‘¿Te gustaría llegar a ser mi ex?’

Los ojos

Thursday, August 26th, 2010

-¿Sabes? Tus ojos tienen formas diferentes -dijo ella con naturalidad.

-Ah, ¿sí? -respondí sonriendo -. Me alegra que te hayas fijado en mi prótesis ocular de forma piramidal, empezaba a preocuparme.

-Va en serio. Este ojo es un poco más pequeño.

Me callé. Disfrutamos de esos instantes en silencio. Al menos los disfrutó ella, porque yo, atormentado, me levanté todavía en calzoncillos. Anduve atormentado a través del pasillo iluminado por los rayos de sol matinal que se colaban por las puertas de las habitaciones adyacentes. Entré en la cocina y me serví un café.

Quemaba. En el tercer sorbo, ella entró y me preguntó si me encontraba bien.

-¿Bien? ¿Quieres que me encuentre bien? Me has llamado deforme nada más hacer el amor, no puedo -hice hincapié en ‘puedo’- sentirme bien.

-Yoster… -el temor se mezclaba con la incredulidad cuando las palabras salían de su boca.

-¿Sí? -pregunté irritado.

-No acabamos de hacer el amor.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

-Primero me llamas deforme y luego me recuerdas que no hemos echado un kiki. Tu maldad no conoce límites.

-¿Y qué te esperabas? -me preguntó ella -Después de todo, eres virgen.

-¿¡Y tú qué sabes!? ¿Acaso me has visto el himen?

-Yoster, eres un hombre, no puedes tener himen.

La expulsé de casa. Sin rencores, claro.

Este relato es una advertencia: a la próxima mujer que me diga que no puedo tener himen, la denuncio al Ministerio de Igualdad.

Linux y amores utópicos

Tuesday, July 6th, 2010

Estas dos semanas he estado (y sigo estando) en un curso ofertado por la Universidad Francisco de Vitoria: el Summer Media School.

Y hoy, antes de comenzar las clases de fotografía, he tenido el honor… No: he tenido el placer de oír las palabras angelicales de una diosa de conocimientos informáticos demasiado básicos.

Ella arrancaba un ordenador, y en la distancia la oí quejarse de Linux. Sé que lo hizo adrede para que yo la escuchara: el día anterior yo llevaba puesta una camiseta de Tux. ¿Cuáles son las probabilidades de que eso ocurra al azar? Exacto: ninguna.

Mentiría si dijera que mi ofrecimiento de ayuda fue desinteresado, porque no hay ninguna acción desinteresada. Todo medio tiene un único y último fin: una palabra de cuatro letras que empieza por ’s’ y termina por ‘exo’.

Fue toda una imprudencia, desde luego: toda mi experiencia con Linux se limita a utilizar Ubuntu. Fin. Por fortuna el único problema era que ella no sabía arrancar Windows desde un ordenador con sistema operativo dual. Y de eso, creedme, controlo. No pasa un semestre sin que me pelee a lo grande con GRUB. Es como un ritual: hay gente que se confiesa. Yo, en su lugar, me meto con el GRUB.

Y no son peleas pequeñas: porque cuando llevas los descontroles que yo llevo, el GRUB cobra vida propia. Nos enzarzamos en batallas épicas: somos unos combatientes tan fieros que, unidos,  la Batalla del Abismo de Helm nos la habríamos cepillado en tres minutos. Con versiones extendidas, cortes del director y ‘cómo se rodó’ incluídos.

En este caso el único problema era que ella había pasado de elegir sistema operativo al arrancar, y Linux se había iniciado por defecto.

Envuelto en un halo de misterio, admiración y erotismo arranqué Windows XP (al que deberían rebautizar como Windows XD, si se me permite el breve inciso). De su boca salieron las palabras más bellas que he oído desde la letra de A Little Piece of Heaven, de Avenged Sevenfold. Me dijo: ‘Eres mi héroe, te adoro.’

Y a mí eso me vale. Con cualquier otra mujer habría esperado algo más intenso: una caricia, morderle el labio inferior o la salvaje fornicación de rigor en los baños de la uni. Pero en ese momento fui feliz. Feliz porque en mi vida he visto muchos ojos. Aproximadamente estimo que puedo haber visto casi el doble de ojos que de personas, lo cual es mucho. Por ello me creo suficientemente capacitado para afirmar que los suyos eran sin duda los mejores. Los números uno. A cada cual más bello. Y que conste, yo soy todo menos superficial, pero en ciertas ocasiones enamorarse es inevitable.

Me conformé con tan poco porque muy a mi pesar, ni en mis mejores sueños podría estar a la altura de semejante moza de quinto de carrera. Porque sé que con mi último modelito de vello facial parezco mayor, pero aún así, ni aunque aparente ser dos, tres, cuatro o cuarenta años más viejo… Estaré a la altura de las circunstancias. Porque igual no aparento 18 años, pero mi risa tonta cuando escucho las palabras ‘anal-izar’, ‘anal-gésico’, ‘orto-grafía’, ‘orto-doxia’ o ‘ana(l)tomía’ delatan mi evidente inmadurez.

Por eso y porque la frase que dijo contiene en realidad un significado mucho más profundo de lo que parece.

Vayamos por partes:

Eres mi héroe: ¿Qué es un héroe? Mi héroe es Superman. Un tío de acero, casi invulnerable, con súper oído, aliento gélido, volador; y lo que es más importante: capaz de ver el color de la ropa interior de cualquier chica. Con esos poderes salva al mundo día a día, velando por nuestra seguridad. Si la amiga tiene un concepto de héroe similar al mío, supongo que para ella soy la encarnación de la esperanza en un mundo deshumanizado, soy el bálsamo que el pueblo necesita, el que tiene como máxima servir al mundo. Sólo que en lugar de salvar vidas y arrestar a los malos, ayudo a la gente a arrancar Windows XD (lo cual, al ir contra mis principios, no deja de ser un acto heroico). Para simplificarlo, supondremos que sí, que su estándar de superhéroe es Superman, o lo que es lo mismo: Súper hombre. Si eliminamos el ’súper’ de la ecuación, tal y como ella dijo, héroe pasa a significar simplemente hombre, varón o macho. El ‘eres mi héroe’ venía a querer decir ‘Eres mi hombre’.

Te adoro: ¿De qué me sirve que me adoren? ¿Me cambia la vida? ¿Me pondrán en un crucifijo en una escuela? ¿Matarán en mi nombre? Detrás de ese ‘te adoro’ hay algo más. Venerar, adorar, deificar (que no defecar) o idolatrar son acciones que… Sí, se realizan de rodillas. Ninguno de ustedes nació ayer, así que viendo los derroteros que ha tomado este post, podrán deducir que hincar las rodillas ante una persona es algo que, al menos en este blog, sólo puede significar una cosa: sexo oral.

En resumen, lo que ella quiso decir cuando pronunció las palabras ‘Eres mi héroe, te adoro’, era en realidad ‘Eres mi macho, te la chupo’.

De ahí mi felicidad. Que un ser cuyos ojos podrían hacer sonrojarse al diamante más exquisito del mundo te prometan una felación es lo más alto a lo que un hombre puede aspirar. O al menos, en ese momento lo parece: os lo aseguro. Gracias a ello he recuperado la fe. Aunque su indecente proposición se quede en nada, ahora sé que ser friki me ha servido para algo. Tiembla, Sheldon Cooper, porque ahora pienso aplicarme y nadie sabe cuál será mi límite.

Pero no me olvido de vosotros: sé que hay una duda que no he resuelto. La parte más intrigante, con más tensión… La incógnita más difícil de despejar de esta compleja ecuación. Lo he dejado para el final a propósito, porque me gusta que el ritmo vaya in crescendo. Fin del misterio, os contaré lo que todos ansiáis saber: efectivamente, la distro era Linux Mint.