Lunes Cinéfilo: La Carretera (I)
Monday, February 21st, 2011La carretera, el apocalipsis, historias personales y una peli casi genial.
Por Yosterkote
Como Kyuni no me ha pasado aún su crítica de La Carretera, y no parece que vaya a hacerlo en un plazo razonable de tiempo, voy a publicar hoy ésta, y mañana publicaremos la suya, si no queremos que oficialmente el Lunes Cinéfilo pase a ser un Martes Cinéfilo.
Para quien no lo sepa, gentes del pueblo, sólo hay una cosa que me guste más que comprar niñas tailandesas por internet, y esa cosa es justamente vagar por lugares desérticos. Algo imposible si, como yo, vives en Madrid. Afortunadamente mi dormitorio está tan inhumanamente vacío como el plan de gobierno de ZP, y para disfrutar de esa soledad me basta con tumbarme en mi cama. Una vez que hemos hablado de mi vida sexual, tan emocionante como la de un boli bic sin capuchón, pero sin que ocasionalmente algún infante aburrido me mordisquee el trasero; hablemos de por qué esto del post-apocalipsis mola tanto.
Para entender esa afición que tengo con el post-apocalipsis, hay que remontarse al verano del año 2008 e.c., cuando me dio por aprender a montar en monociclo. Suena raro, lo sé, pero un agosto por los Madriles, con una mochila cargada de agua y una rueda bajo las gónadas es algo de lo más estimulante. Porque en el 2008, antes de que la crisis tocara techo, Madrid en agosto era lo más parecido a una metrópolis fantasma, como la de Soy Leyenda. Me pasé parte del verano yendo arriba y abajo, descubriendo todos los rincones de mi ciudad natal con Iron Maiden en los oídos. Pocas cosas transmiten tanta tranquilidad como pedalear sin rumbo fijo en un lugar que no conoces e intentar encontrar el camino de vuelta a casa. No es sólo eso. Siempre me han encantado las ideas de lugares destrozados y desérticos, e incluso reconozco que he disfrutado de algunos libros de Stephen King como Apocalipsis y Cell por el mero hecho de recrearme en mundos desiertos, ciudades quemadas, edificios derruidos… El humeante esqueleto que la humanidad algún día dejará como legado.
En marzo del año siguiente pasé una de las experiencias que más tocado me han dejado. Una serpiente con cuerpo de mujer me desgarró el corazón y me abandonó a la intemperie, expuesto a que las aves carroñeras saquearan lo que quedaba de mí. Admito que la experiencia habría sido menos traumática si al menos el cuerpo bajo el que se ocultaba esa serpiente hubiera sido al menos bonito, pero qué se le va a hacer. Al espíritu le apetece lo que le apetece, y en ese momento mi espíritu debía de estar ávido de mujeres feas, es la única explicación que mi mirada retrospectiva encuentra a tan abominable aberración. No exagero si digo que esta chica, a quien llamaremos Lady X, era más horrenda que cualquiera de los personajes que aparecen en esta película, lo que es difícil.
Sí, de acuerdo, exagero, pero esta parrafada ha sido lo más parecido que nunca tuve a una “venganza”, así que os agradezco la paciencia. El caso: yo, alma en pena, volví a lanzarme a las calles con mi monociclo, Maiden, y yo mismo, deseando tener una motosierra a mano para crear mi ciudad desierta particular. Fue el tiempo de canciones como Sea of Madness, con un lindo solo de bajo, o Still Life y su “you don’t say, but it’s in your eyes instead…”, ambas de Iron Maiden, y El Manual de La Fuga. Podéis escucharlas, si os queréis parecer a mí.
¿Por qué cuento todo esto? Primero, porque hace la vida que no publico algo que no sea un Lunes Cinéfilo, y va siendo hora de retomar mínimamente las andadas. Segundo, porque gracias a eso, cuando cayó en mis manos el Fallout 3 (la perfección hecha videojuego, para quien no lo sepa), vi mi sueño hecho realidad. Un mundo devastado tras una guerra nuclear, armas de todo tipo, una estética retrofuturista impecable, banda sonora deliciosa y libertad total de movimiento. Un yermo páramo por explorar en la más absoluta soledad (salvo por algún que otro supermutante al que es mejor liquidar si quieres vivir). No quiero decir nada más, pero es básicamente el videojuego que más he disfrutado en mi vida. Por eso cuando me dijeron que esta película, The Road, se parecía al universo Fallout, tuve que comprobarlo con mis propios ojos.
Ya me la habían recomendado en numerosas ocasiones, pero yo soy un animal de costumbres, y muy rencoroso (por si no lo habéis intuido a partir de mi parrafada sobre Lady X), y aún no había perdonado a Viggo Mortensen por protagonizar una canallada llamada Alatriste. Lo explico: Pérez-Reverte mola, Viggo interpretando a Alatriste, no. Fin de la valoración. Fíjense si Mortensen lo hace bien en La Carretera, que he accedido a indultar su violenta agresión a la fonética del castellano. Hace un papel sólido, con una caracterización sublime. Pero eso va después.
Lo primero, una especie de sinopsis: Mortensen y Mortensen Hijo vagan por ahí (o, si “ahí” viene a ser el mundo, “lo que queda de ahí”). Y poco más. Flashbacks sobre la vida que han dejado atrás, interacciones con los cuatro gatos que quedan vivos a esas alturas, y ya. Parece poco, pero la historia que hay detrás, sin embargo, es grande. Mucho. En la mayoría de películas, los personajes persiguen un fin. En “Superman”, el fin es salvar el mundo. En “El bueno, el feo y el malo” el fin es simple y llanamente el dinero. En “En Busca de la Felicidad” el fin es… Sí, la felicidad, qué cosas. En “La Carretera” el fin es permanecer vivos. Eso es todo. La vida como fin en sí mismo, cuando la pregunta más cuestionada no es ni el “a dónde venimos, a dónde vamos”, ni la “quién ganará la Champions este año”, sino si “lograremos encontrar comida para vivir un día más”. Donde la muerte es lo que se debe evitar a toda costa, pero que a la vez se perfila tentadoramente como la salida más rápida, digna y fácil de ese sufrimiento. En otras palabras: ¿Hasta qué punto tiene sentido vivir por vivir?
Todo llevado con una ambientación espectacular. El vestuario, el maquillaje, los bosques grises e incendiados, los efectos de luz… Me dijeron que se parecía al universo Fallout, y en el sentido estético no me decepcionó en absoluto. Un 10 rotundo, y una pena no ver esas creaciones más a menudo.
Lo único que se puede echar en falta es que haya algo más de acción. Hay momentos tensos, muy logrados, pero en ningún momento esas escenas nos hacen dejar atrás el sentimiento de desamparo (lo que en sí podría considerarse un acierto, todo depende del que mira). En el momento de ver la película esperas saber qué carajo ha ocurrido con el planeta, es decir: ya que la vida es una mierda inmensa y el futuro de la especie se ha tornado más oscuro que el ano de Darth Vader, al menos podían contaros por qué. Y una última anotación: yo no contrato a actores de la talla de Robert Duval o Charlize Theron para sacarlos durante escasos 5 minutos del metraje. Por ese precio contrato a actores más mediocres, con menos caché, y el dinero que me sobra lo invierto en bocatas para el equipo, hombre.
Poco más que decir. Si os va el rollo apocalipsis (y no sólo para convencer a mujeres fáciles de que un meteorito se dirige imparable hacia la Tierra, de que no hay solución, y de que lo mejor que pueden es someterse esa noche a la lujuria de los placeres carnales), no dejéis de verla. Si os gusta Viggo Mortensen, tampoco dejéis de verla. Y si lo odiáis por lo que os hizo en Alatriste, tampoco, ya que acabaréis perdonándolo. Es un 8.

