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	<title>Blog de Yosterkote &#187; cine</title>
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	<description>El blog para la gente peculiar</description>
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		<title>Lunes Cinéfilo: La Carretera (I)</title>
		<link>http://yosterkote.org/blog/2011/02/lunes-cinefilo-la-carretera-i/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Feb 2011 21:08:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lunes cinéfilos]]></category>
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		<description><![CDATA[La carretera, el apocalipsis, historias personales y una peli casi genial.
Por Yosterkote
Como Kyuni no me ha pasado aún su crítica de La Carretera, y no parece que vaya a hacerlo en un plazo razonable de tiempo, voy a publicar hoy ésta, y mañana publicaremos la suya, si no queremos que oficialmente el Lunes Cinéfilo pase [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>La carretera, el apocalipsis, historias personales y una peli casi genial.</h2>
<h3><em>Por Yosterkote</em></h3>
<p><em>Como Kyuni no me ha pasado aún su crítica de La Carretera, y no parece que vaya a hacerlo en un plazo razonable de tiempo, voy a publicar hoy ésta, y mañana publicaremos la suya, si no queremos que oficialmente el Lunes Cinéfilo pase a ser un Martes Cinéfilo.</em></p>
<p>Para quien no lo sepa, gentes del pueblo, sólo hay una cosa que me guste más que comprar niñas tailandesas por internet, y esa cosa es justamente vagar por lugares desérticos. Algo imposible si, como yo, vives en Madrid. Afortunadamente mi dormitorio está tan inhumanamente vacío como el plan de gobierno de ZP, y para disfrutar de esa soledad me basta con tumbarme en mi cama. Una vez que hemos hablado de mi vida sexual, tan emocionante como la de un boli bic sin capuchón, pero sin que ocasionalmente algún infante aburrido me mordisquee el trasero; hablemos de por qué esto del post-apocalipsis mola tanto.</p>
<p>Para entender esa afición que tengo con el post-apocalipsis, hay que remontarse al verano del año 2008 e.c., cuando me dio por aprender a montar en monociclo. Suena raro, lo sé, pero un agosto por los Madriles, con una mochila cargada de agua y una rueda bajo las gónadas es algo de lo más estimulante. Porque en el 2008, antes de que la crisis tocara techo, Madrid en agosto era lo más parecido a una metrópolis fantasma, como la de Soy Leyenda. Me pasé parte del verano yendo arriba y abajo, descubriendo todos los rincones de mi ciudad natal con Iron Maiden en los oídos. Pocas cosas transmiten tanta tranquilidad como pedalear sin rumbo fijo en un lugar que no conoces e intentar encontrar el camino de vuelta a casa. No es sólo eso. Siempre me han encantado las ideas de lugares destrozados y desérticos, e incluso reconozco que he disfrutado de algunos libros de Stephen King como Apocalipsis y Cell por el mero hecho de recrearme en mundos desiertos, ciudades quemadas, edificios derruidos&#8230; El humeante esqueleto que la humanidad algún día dejará como legado.</p>
<p>En marzo del año siguiente pasé una de las experiencias que más tocado me han dejado. Una serpiente con cuerpo de mujer me desgarró el corazón y me abandonó a la intemperie, expuesto a que las aves carroñeras saquearan lo que quedaba de mí. Admito que la experiencia habría sido menos traumática si al menos el cuerpo bajo el que se ocultaba esa serpiente hubiera sido al menos bonito, pero qué se le va a hacer. Al espíritu le apetece lo que le apetece, y en ese momento mi espíritu debía de estar ávido de mujeres feas, es la única explicación que mi mirada retrospectiva encuentra a tan abominable aberración. No exagero si digo que esta chica, a quien llamaremos Lady X, era más horrenda que cualquiera de los personajes que aparecen en esta película, lo que es difícil.</p>
<p>Sí, de acuerdo, exagero, pero esta parrafada ha sido lo más parecido que nunca tuve a una “venganza”, así que os agradezco la paciencia. El caso: yo, alma en pena, volví a lanzarme a las calles con mi monociclo, Maiden, y yo mismo, deseando tener una motosierra a mano para crear mi ciudad desierta particular. Fue el tiempo de canciones como <em>Sea of Madness</em>, con un lindo solo de bajo, o <em>Still Life</em> y su <em>“you don&#8217;t say, but it&#8217;s in your eyes instead&#8230;</em>”, ambas de Iron Maiden, y <em>El Manual</em> de La Fuga. Podéis escucharlas, si os queréis parecer a mí.</p>
<p>¿Por qué cuento todo esto? Primero, porque hace la vida que no publico algo que no sea un Lunes Cinéfilo, y va siendo hora de retomar mínimamente las andadas. Segundo, porque gracias a eso, cuando cayó en mis manos el Fallout 3 (la perfección hecha videojuego, para quien no lo sepa), vi mi sueño hecho realidad. Un mundo devastado tras una guerra nuclear, armas de todo tipo, una estética retrofuturista impecable, banda sonora deliciosa y libertad total de movimiento. Un yermo páramo por explorar en la más absoluta soledad (salvo por algún que otro supermutante al que es mejor liquidar si quieres vivir). No quiero decir nada más, pero es básicamente el videojuego que más he disfrutado en mi vida. Por eso cuando me dijeron que esta película, The Road, se parecía al universo Fallout, tuve que comprobarlo con mis propios ojos.</p>
<p>Ya me la habían recomendado en numerosas ocasiones, pero yo soy un animal de costumbres, y muy rencoroso (por si no lo habéis intuido a partir de mi parrafada sobre Lady X), y aún no había perdonado a Viggo Mortensen por protagonizar una canallada llamada Alatriste. Lo explico: Pérez-Reverte mola, Viggo interpretando a Alatriste, no. Fin de la valoración. Fíjense si Mortensen lo hace bien en La Carretera, que he accedido a indultar su violenta agresión a la fonética del castellano. Hace un papel sólido, con una caracterización sublime. Pero eso va después.</p>
<p>Lo primero, una especie de sinopsis: Mortensen y Mortensen Hijo vagan por ahí (o, si “ahí” viene a ser el mundo, “lo que queda de ahí”). Y poco más. Flashbacks sobre la vida que han dejado atrás, interacciones con los cuatro gatos que quedan vivos a esas alturas, y ya. Parece poco, pero la historia que hay detrás, sin embargo, es grande. Mucho. En la mayoría de películas, los personajes persiguen un fin. En “<em>Superman</em>”, el fin es salvar el mundo. En “<em>El bueno, el feo y el malo</em>” el fin es simple y llanamente el dinero. En “<em>En Busca de la Felicidad</em>” el fin es&#8230; Sí, la felicidad, qué cosas. En “<em>La Carretera</em>” el fin es permanecer vivos. Eso es todo. La vida como fin en sí mismo, cuando la pregunta más cuestionada no es ni el “a dónde venimos, a dónde vamos”, ni la “quién ganará la Champions este año”, sino si “lograremos encontrar comida para vivir un día más”. Donde la muerte es lo que se debe evitar a toda costa, pero que a la vez se perfila tentadoramente como la salida más rápida, digna y fácil de ese sufrimiento. En otras palabras: ¿Hasta qué punto tiene sentido vivir por vivir?</p>
<p>Todo llevado con una ambientación espectacular. El vestuario, el maquillaje, los bosques grises e incendiados, los efectos de luz&#8230; Me dijeron que se parecía al universo Fallout, y en el sentido estético no me decepcionó en absoluto. Un 10 rotundo, y una pena no ver esas creaciones más a menudo.</p>
<p>Lo único que se puede echar en falta es que haya algo más de acción. Hay momentos tensos, muy logrados, pero en ningún momento esas escenas nos hacen dejar atrás el sentimiento de desamparo (lo que en sí podría considerarse un acierto, todo depende del que mira). En el momento de ver la película esperas saber qué carajo ha ocurrido con el planeta, es decir: ya que la vida es una mierda inmensa y el futuro de la especie se ha tornado más oscuro que el ano de Darth Vader, al menos podían contaros por qué. Y una última anotación: yo no contrato a actores de la talla de Robert Duval o Charlize Theron para sacarlos durante escasos 5 minutos del metraje. Por ese precio contrato a actores más mediocres, con menos caché, y el dinero que me sobra lo invierto en bocatas para el equipo, hombre.</p>
<p>Poco más que decir. Si os va el rollo apocalipsis (y no sólo para convencer a mujeres fáciles de que un meteorito se dirige imparable hacia la Tierra, de que no hay solución, y de que lo mejor que pueden es someterse esa noche a la lujuria de los placeres carnales), no dejéis de verla. Si os gusta Viggo Mortensen, tampoco dejéis de verla. Y si lo odiáis por lo que os hizo en Alatriste, tampoco, ya que acabaréis perdonándolo. Es un 8.</p>
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		<title>Lunes Cinéfilo: Los Increíbles</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Feb 2011 23:50:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pixar se pone seria
Por Kyuni
Pixar tiene un grave problema. Es un problema que le pasa a muy pocas compañías que hagan cine. Y es que todas sus películas son buenas. Sin excepción. Hay algunas más flojas que otras, como Bichos (A Bug’s Life, 1998) o Cars (id. 2006) en mi opinión, pero aún así son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Pixar se pone seria</h2>
<h3>Por <a href="http://diariodeunmisogino.blogspot.com/" target="_blank">Kyuni</a></h3>
<p>Pixar tiene un grave problema. Es un problema que le pasa a muy pocas compañías que hagan cine. Y es que todas sus películas son buenas. Sin excepción. Hay algunas más flojas que otras, como Bichos (A Bug’s Life, 1998) o Cars (id. 2006) en mi opinión, pero aún así son películas que demuestran un saber hacer cine como muy pocas personas o productoras hacen hoy en día. Desde sus comienzos, con Toy Story (id. 1995), ya demostraban que sus guiones eran impecables. Como los grandes libros. Dependiendo de la edad del espectador, se leía una cosa u otra. Cuando era pequeño y vi Toy Story me encontré con una historia de amistad al más puro estilo Disney. Hoy, cuando la veo, observo cosas distintas: sí, hay amistad, pero también está la búsqueda del quien soy (“no eres un guardián espacial, eres un juguete”) y si algún día podré conseguir lo que me propongo (como Buzz pretendía llegar hasta aquella ventana, pero acaba loco de remate y sin un brazo). Y es que Pixar es eso. Da igual la edad que tengas, las películas de Pixar se disfrutan por igual. También da igual que genero te guste: tenemos road movies, aventuras interestelares, junglas selváticas, lo más bello de París y, lo que aquí nos ocupa, superhéroes.</p>
<p>Los Increíbles (The Incredibles, 2004) empieza de una forma magistral, como solo Pixar sabe empezar las películas. Una entrevista a los tres superhéroes protagonistas, aunque Frozono solo sea un secundario, estará ahí cuando se le necesite. Nos damos cuenta, en un par de minutos, del carácter que tiene cada uno: Mr. Increíble, que se pone nervioso a la minima; Elastigirl, independiente y fuerte; y Frozono, un vividor. Así, la película da el pistoletazo de salida y pasamos a la más pura acción. Todo al ritmo de la música de un genio consagrado: Michael Giachinno, que a lo largo de la película acompañara los momentos de más tensión o acción (la carrera de Dash por la jungla) con un estilo que suena a película de James Bond, pero diez veces mejor. A partir de la escena del gato, se empiezan a encadenar una serie de hechos que, si por separado son prescindibles, en su conjunto catapultan la película a lo que de verdad nos quiere contar: ¿Qué pasaría si los Spiderman tuviera que pagar los destrozos que causa cuando lucha con el Dr. Octopus?</p>
<p>Y todo cambia de ritmo. Lo que empezara como una verdadera película de superhéroes a la vieja usanza, recordándonos a ese Batman del 66 interpretado por Adam West, se convierte en una familia desestructurada, con un padre que odia su trabajo por ser él más grande que su cubículo y lo único que puede hacer para ayudar a la humanidad es contarle a las ancianitas los entresijos de su compañía aseguradora. Lo que nos demuestra esta parte es que, para nada, es una película para niños. ¿Acaso un niño entendería lo que es tener ese jefe cabrón, preocupándose más por los accionistas que por su propia mujer? ¿Un niño se da cuenta de lo que es echar de menos tiempos pasados, como hace Bob en su cuartito? Y es que adquiere casi un tono de drama, con esa familia peleando mientras cena, pero disimulando ser totalmente normales cuando suena el timbre. Bob, que se niega a abandonar lo que fue, haciendo trabajillos menores por la noche. Y todo esto trufado de secundarios graciosísimos: Frozono, el profesor de Dash y su paranoia, Edna Moda, el jefe de Bob… Y no solo secundarios, sino que los niños mismos son tal cual el problema de cualquier padre actual: por un lado, el niño hiperactivo que acaba en el despacho del director cada dos por tres, cabezota y competitivo que no hace más que chinchar a su hermana. Por el otro, la hermana adolescente medio tímida medio gótica, colada del guaperas de turno. Lo que tu madre definiría como “la edad del pavo”.</p>
<p>Sin embargo, en el momento que Bob recibe el mensaje de Mirage, todo vuelve a fluir a una velocidad increíble. El montaje es una verdadera delicia, alterando la dieta y los ejercicios de Bob, así como la mejoría en la relación con el resto de su familia. Todo esto se ve alterado de repente por un punto muy serio (y, otra vez, muy adulto) las sospechas de Helen ante el posible adulterio de Bob. ¿Qué niño pilla tan sutil escena donde nada se dice y todo se cuenta?</p>
<p>Otra vez vuelve la acción, esta vez desencadenada por la decisión que toma Helen de ir a buscar a Bob a una isla. Mientras este está en manos de Síndrome. Síndrome es una delicia de personaje. El Robín al que nadie quiere, sin poderes, que crece desengañado del mundo, se hace malo solo para que la gente lo quiera. Es tan perverso como estúpido. Y aquí está otro punto de madurez. El avión en el que viaja Helen, con los niños, es atacado y derribado. Sin saber nada de ellos, Bob no puede hacer otra cosa que llorar en la celda de contención. ¡¿Un superhéroe llorando?! Sí, pero con toda la dignidad del mundo. Después de todo, siguen siendo personas normales. Como Helen que, mientras se infiltra en la guarida, se mira al espejo para ver que tal está. O ese montaje en el que Bob se da cuenta de que han matado tantos y tantos supers y Helen, por su parte, de que Bob realmente ya no trabaja para la compañía de seguros. Alternando entre lo banal y lo especial. Tal y como son ellos. Sí, son superhéroes, pero también son personas, al fin y al cabo.</p>
<p>Y a partir de aquí, ahora sí que sí, la película va rapidísima. Persecuciones por la jungla, infiltraciones en la guarida de los malos, cohetes, campos de fuerza, carreras sobre el agua… En ningún momento decae la acción, desde que Bob es liberado hasta que finalmente consiguen vencer al cacharro redondo gigante en la ciudad. “Supers de la vieja escuela” dicen dos viejos mientras todo acaba.</p>
<p>Pero la película acaba. Y es un final agridulce. Dulce, por haber visto un verdadero peliculón de acción, de aventuras y de superhéroes como solo Spiderman 2 pudo igualar ese año (muy curioso como Mr. Increíble y Spiderman para el metro que anda sobre la ciudad de la misma forma…). Y es agrio, porque te gustaría ver más y más. Cómo vencen al Socavador, por ejemplo. Y es que los supers, son mucho supers.</p>
<h2>Los “simplemente aceptables”.</h2>
<h3>Por Yosterkote</h3>
<p>Lamento no coincidir con la opinión de nuestro amigo Kyuni, pero para mi Los Increíbles no fue más que eso: una película simplemente aceptable. Y eso en una película cualquiera, se perdona. Pero de una película de Pixar, no.</p>
<p>Porque Pixar ha tenido películas mejores o peores, pero pocas se acercan tan peligrosamente a la mediocridad. Puede que Toy Story 2 fuera floja, sobretodo comparada con la primera parte, pero aún es superior a Los Increíbles. Hablaría de Ratatouille, pero no la he visto. Y sobre Cars, debo defenderla a capa y espada. Una obra incomprendida, a mi parecer. Y sobre Up, una película bastante sobrevalorada de la que sólo es genial el principio.</p>
<p>Pero ya está, hablemos sobre Los Increíbles (o como la llamaremos a partir de ahora, “Esa película que me dejó más indiferente que la vida sexual de las lechugas”). Que no, no es mala, pero no tiene nada especial. Porque toda película de superhéroes debe tener algo que haga al superhéroe en cuestión único. Batman tiene mucha pasta. Lobezno fuma puros y tiene pinta de guarro. Superman destaca, porque, a pesar de ser extraterrestre, es más humano que todo Metrópolis junto.</p>
<p>Los personajes de “Esa película que me dejó más indiferente que la vida sexual de las lechugas” no son especiales. Sí, tienen superpoderes, y es cierto que no es una película de superhéroes al uso, eso es evidente, pero por Dios&#8230; Su única cualidad notable es que son buena gente. Buena gente con superpoderes. Y eso no es especial, porque el mundo está lleno de buena gente. El kioskero es buena gente, me deja pagarle al día siguiente (con un 50% de interés, que es lo de menos). El del bar es buena gente. Me dejé el móvil y al día siguiente volví y me lo devolvió (que faltaran bastante piezas valiosas en el interior es sólo casual).</p>
<p>No sólo los superhéroes tienen algo indistinguible. Los personajes de Pixar en general son el encanto hecho píxel. Woody porque representa la amistad en su expresión más pura, Wall-e por su ternura, Dori por su especial memoria a corto plazo&#8230; los personajes de “Esa película que me dejó más indiferente que la vida sexual de las lechugas”, no.</p>
<p>Lo que quiero decir, que los personajes no tienen carisma alguno. ¡Ni el malo malísimo tiene una gran personalidad, ni una infancia trágica, ni una cicatriz! No es más que un niño pijo que está resentido con Mr. Increíble por una tontería. Los personajes, a pesar de tener cierta gracia por mezclar con bastante salero la dupla salvar el mundo-familia doméstica, no tienen, en definitiva, un objetivo claro que perseguir. Lo más parecido a una auténtica motivación es el deseo de Mr. Increíble de no estancarse, de hacer algo útil con sus poderes. Y ni siquiera está bien logrado, ya que me resultó más creíble, por ejemplo, la metamorfosis de Anakin Skywalker en el genial Darth Vader. Eso es un tío interesante, y no cualquiera de los personajes planos de esta peli.</p>
<p>Básicamente lo único destacable de esta película es la encarnación de la fantasía sexual de muchos: Elastigirl. ¿Necesitáis detalles?</p>
<p>Y eso es todo. Si por casualidad se os ocurre ver una película de Pixar, las hay mejores, porque esta se queda en entretenida. Un 5.</p>
<p>Para la semana que viene, pezqueñines, The Road.</p>
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		<title>Lunes cinéfilo: Irma la dulce</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Feb 2011 21:11:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Limón” el Dulce
Por Yosterkote
Prostitutas, alcohol, corrupción, carnicerías (en su sentido más explícito), disfraces, policías, lores ingleses y París. Celebro que con esta cuarta crítica, Kyuni y yo nos convertimos en críticos consagrados: ya podemos hacer chistes estúpidos y pseudointelectuales como el del título de esta review sin que nos importe una hez si en realidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>“Limón” el Dulce</h2>
<h3>Por Yosterkote</h3>
<p>Prostitutas, alcohol, corrupción, carnicerías (en su sentido más explícito), disfraces, policías, lores ingleses y París. Celebro que con esta cuarta crítica, Kyuni y yo nos convertimos en críticos consagrados: ya podemos hacer chistes estúpidos y pseudointelectuales como el del título de esta review sin que nos importe una hez si en realidad la gente se ríe o no. Lo explico: El título es “Irma la Dulce”. Para mí Nestor (interpretado por Jack Lemmon) es el personaje más dulce que se ha podido crear para la gran pantalla. De ahí la gracia: Lemmon se parece a “lemon” (por si alguien no se había dado cuenta), que es limón en inglés (ahora os explicáis lo de mi Proficiency, supongo). Y es gracioso, porque que un limón sea dulce y no ácido es una gran contrariedad. Ya está. Ya lo he dicho. Antes de nada, quiero que conste que si he explicado la ¿gracia?, ha sido precisamente para restarle comicidad y que vuestros abdómenes no implosionaran de la risa. Porque seré harto gracioso, pero tengo mi corazoncito.</p>
<p>Nunca me sentí romántico, ni mucho menos, hasta que estuve a punto de llorar con el final de Flashdance. Desde entonces cualquier chorradita me emociona terriblemente.</p>
<p>Pongo por ejemplo el chaval que cubrió el coche de su chica con 2000 post-its con mensajes de amor. Porque sí, porque ella se habrá perdido el examen que tenía esa mañana, porque él tiene toda la pinta de haber sido un pagafantas toda su vida y, porque si esa pareja sigue adelante, algún día podríamos volver a saber de ellos en el ABC, aunque esta vez por algún suceso más sangriento y desequilibrado si cabe. Porque a pesar de todo eso, leñe, qué bonito es el amor, tralará y esas cosas&#8230; Comprendo que la gente se tome actitudes así a risa, pero ante todo se debe nuestro respeto: ¿acaso no queda sitio en este duro y cruel mundo para pasteladas romanticoides que nos maten de diabetes? Lanzo desde este humilde blog, antes de proseguir con esta cosa de los Lunes Cinéfilos, un manifiesto: Amamos el amor. Menos “El Diario de Noa”, que eso es pasarse. Ese es el manifiesto.</p>
<p>Sigamos. Toda esta absurda introducción es porque realmente tengo muy poco que decir sobre esta película. Muy poco, salvo que es fantástica.</p>
<p>Porque consigue tratar la prostitución desde un punto de vista cómico y de muy buen gusto, algo que es realmente difícil, ya que la prostitución es un tema serio, complicado y lleno de sufrimiento. Y lo digo por experiencia, ya que una vez acepté que me invitaran a un café después de tener sexo y vaya, se pasa mal.</p>
<p>Porque Irma (Shirley MacLaine), la protagonista (eso debería haber quedado claro con el título), es realmente dulce. ¿Qué? ¿Que eso también lo dice el título? Pues vaya. Ahora en serio, si las señoritas de la calle Montera fueran así de fascinantes&#8230; Pues&#8230; No, no sé cómo acabar esta frase sin quedar mal.</p>
<p>Y Nestor es un personaje inmejorable. Lo tiene todo: es tierno, tímido, ingenuo, responsable, y está dispuesto a todo por amor. Eso, y que es Jack Lemmon. La caracterización como Nestor es impecable, pero su representación de lor inglés no tiene precio.</p>
<p>Y es París. Lo único más bohemio que la prostitución en París es, posiblemente, un lamparón en los calzoncillos. Y lo digo totalmente en serio.</p>
<p>Personalmente, sólo puedo poner una pega: y es que el ritmo de la narración se vuelve monótono en algunos momentos, muy al estilo de películas de esas décadas, en las que entre conflicto y conflicto te muestran 10 minutos de metraje de felicidad. Y eso no supone un problema si ocurre una vez. Pero cuando se repite&#8230; ¡Queremos acción! ¡Queremos ver a Lemmon haciendo de Lord X, recordándonos a La Carrera del Siglo y su Profesor Fate! Ya que no hay tías en bolas ni Stallones dando caña, que me den amor. Mucho amor.</p>
<p>Es un 9, no puedo decir mucho más sin destripar al completo la película, así que os podéis quedar con mi consejo: si os gusta Wilder, y la rugosidad del celuloide del cine de los 60, y París, y el amor, y las putas, y la corrupción, los bares, el billar, el tabaco, los perros alcohólicos, las mujeres que se llaman Irma, las irmas que se llaman Mujer, los chulos, los lores ingleses, los bigotes falsos, los asesinatos que parecen serlo pero que no lo son, la cárcel, los camareros con bigote y un largo etcétera, no os perdáis esta joyita.</p>
<h2>Wilder, Lemmon y MacLaine: Poker de ases</h2>
<h3>Por <a href="http://diariodeunmisogino.blogspot.com/" target="_blank">Kyuni</a></h3>
<p>“<em>¿Qué hace una chica como tú en un trabajo como este?” – Un cliente cualquiera</em></p>
<p>En 1963 ocurre un hecho curioso: dos grandísimos directores, en auge, ruedan dos películas imprescindibles ambientadas en Francia con dos de los mejores actores de la historia del cine. Estoy hablando por un lado de Blake Edwards que dirigió <em>La Pantera Rosa</em> (The pink panter, 1963) para gracia de Peter Sellers y deleite del espectador. Una comedia irreverente, con un elenco de personajes en estado de gracia (mis queridos David Niven y Claudia Cardinale), con una historia y unas dosis de humor absurdo muy características del cine de los 60, que le iban como un guante a Sellers.</p>
<p>Sin embargo, la que aquí nos ocupa es otra obra de otro director con otro actor. Estoy hablando del grande Billy Wilder (uno de los mejores directores de cine y guionistas, junto a su compañero y amigo I.A.L. Diamond), que recogió un musical llamado <em>Irma la Douce, </em>para adaptarlo a su particular estilo. <em>Irma la dulce</em> (Irma la douce, 1963) está protagonizado de uno de los mejores actores que ha dado el mundo del cine. Y esto es indiscutible. Tanto en comedia como en drama (y aquí demuestra un poco de ambas) Jack Lemmon, era el mejor. Compartía, junto a Peter Sellers, esa capacidad para hacer de “primo” como ningún otro. Solo hay que verlo al llegar a Les Halles, lugar donde transcurre la acción. Jack Lemmon es Nestor, un policía bonachón y muy cumplidor del reglamento que entra en un mundo que no conoce, donde los chulos manipulan a sus prostitutas para darse la gran vida y sobornan a los policías para que no les molesten. Así es el universo de Les Halles. Pero Nestor no lo conoce y, desde luego, no comparte esa particular visión del mundo. Nada más aparecer, tiene lugar la escena que representa que es Nestor: camina entre los puestos de fruta y coge una manzana. Lo normal en esos casos y, siendo el policía, sería no pagarla y llevársela. Sin embargo, el saca una moneda y se la da al frutero, para asombro de este. Eso es Nestor.</p>
<p>Por otro lado, nos encontramos a Shirley MacLaine mejor que nunca. En su estado de gracia. No solo actúa de maravilla, con ese papel de mujer fuerte y luchadora, sino que está más guapa que nunca. La película realmente empieza con ella, con Irma, enseñando el mundo en el que vive, donde a cada hombre con el que se acuesta le cuenta una historia diferente para conseguir más dinero.</p>
<p>Y después está todo el elenco de secundarios. Desde el perro hasta Mostauche. Wilder era único creando personajes y dotándolos de sus particularidades. Si bien Irma se caracteriza por sus medias verdes “a juego con el lacito verde y la ropa interior verde”, Mostauche tiene esa frase que usa para lapidar todas sus historias increíbles: “esa es otra historia”. Y el perro, con su lazo verde, siendo una especie de Irma canina, gruñendo a Nestor todo el rato y emborrachándose con el champan. Después nos encontramos a la panda de chulos y prostitutas: el estereotipado chulo vanidoso, alto y fuerte, el canijo manco graciosillo, las chicas que son unas verdaderas locazas… Un universo rico en continuo movimiento.</p>
<p>Por encima de todo, está es una película de amor. Tiene drama, tiene comedia, pero lo que les lleve a cambiar es el amor. Nestor es despedido de la policía por acatar demasiado bien las reglas y, después, se carga al chulo de Irma con tal de defenderla a ella, pasando así a ser su chulo. Pero lo lleva fatal. Desde el momento que lo despiden, Nestor es una montaña rusa cuesta abajo. Y aquí llega el momento heredado de Lubistch de la película, maestro de Wilder que este adoraba.</p>
<p><strong>ALERTA SPOILER&#8211;&gt;</strong>Con tal de calmar sus celos, Nestor se disfraza de un Lord inglés, Lord X, para ser el único que se acueste con Irma. Y empieza el enredo. Lo expondrá perfectamente Moustache en el tramo final de la película, cuando hace de abogado de Nestor y habla con esté en el bar. Pero antes de esto, en el momento verdaderamente dramático (hasta bofetada hay, que yo nunca vi a Lemmon en tal tesitura) se demuestra lo que valen estos actores.</p>
<p>Luego están los pequeños detalles de guión, que hacen de esta una maravilla. La primera noche que pasan Nestor e Irma, que ella se acuesta con el antifaz y se levanta Nestor con él puesto. No hace falta mostrar nada más, ni enseñar nada. Es evidente lo que ahí ha sucedido. Lo que le sucede a todo hombre cuando está con Irma. Ese es el momento de cambio para Nestor. Como se muestra más adelante, y al contrario de al principio que pagó por la manzana, le coge un cruasán a Moustache y ni siquiera le da las gracias. Sin embargo, al final Nestor vuelve a conseguir su empleo de policía, al descubrirse que Lord X realmente no estaba muerto en una de las resoluciones más brillantes que había visto nunca, con Lord X saliendo del río como si aquí no pasara nada.</p>
<p>Pero volvamos a lo de antes, a la historia de amor. Esa ternura que desprende Nestor colocándole los periódicos a Irma en la ventana para que nadie la vea desnuda, ejemplificando por primera vez los celos futuros y reclamándola únicamente para sí mismo. Y por este amor Nestor cambia radicalmente, pero es un giro de 360º que le devolverá a la casilla de salida. La que de verdad da un cambio importante, radicalmente opuesta a como era al principio, es Irma. Explicando cómo su madre se enamoro de un hombre del mercado y ¡hasta casi se casa con él! Irma condena esta conducta. Le parece ridículo estar atada a un hombre. Como le dice Nestor después “no sabes nada de los hombres porque has estado con demasiados”. Al final, como debe ser, acaba casándose con Nestor e incluso teniendo un hijo con él.</p>
<p>Aquí llega mi disgusto. Adoro a Billy Wilder por encima de todas las cosas en este mundo. Y nunca le he encontrado ni el más mínimo defecto a sus películas. Nada que me disgustara. Desde sus obras menores hasta las más grandes. Y esta es una de las enormes. Pero aquí, al final, llega un gran pero. Cuando Irma tiene el bebe en sus manos y dice “le coseré medias verdes”, Nestor dice que no. Aquí se encuentra un punto importante. Las medias verdes, el color verde, representaban a la Irma pasada. La mujer fuerte que tenía que lidiar con chulos vanidoso, que mentía por dinero y tenía una seguridad firme, se ha esfumado. Al casarse con Nestor desaparece esa personalidad por la cual nos había enamorado al principio. Nestor se la ha arrebatado. Negándole el color verde, niega el pasado de Irma y el posible futuro de su hija. Irma había dicho que su madre ocupaba el mismo puesto en la calle que ella ocupa cuando empieza la película. Por un lado, lo que puede parece positivo (que la hija no siga por el mismo camino) desvirtúa a la misma película, negándose a sí misma. Al principio nos muestra un mundo con sus reglas, sus clases, sus mandatos. Al final tira con todo eso, buscando algo mejor. ¿Realmente es algo mejor? Irma parecía estar muy segura de sus reglas, de su condición, cuando habla con Nestor en la bañera, diciendo que ella debe ganar mucho dinero para mantener a su hombre y así sentirse orgullosa de él. No sé… es algo en lo que pensare seriamente, intentando desentrañar si hay algo más ahí. Y si realmente es un defecto o una virtud.<strong>&lt;&#8211; FIN DEL SPOILER</strong></p>
<p>Aún así, y pese a todo, una película de Wilder siempre es digna de ver. Y de agradecer. Yo siempre digo que si no sabes qué regalar, regala una película. Y si es de Wilder, mejor. Tiene de todo. Desde <em>Con faldas y a lo loco</em> (Some like it hot, 1959) hasta <em>El crepúsculo de los dioses</em> (Sunset Boulevard, 1950). Wilder nunca decepciona. Nunca.</p>
<p>Y para la semana que viene, Los Increíbles.</p>
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