Blog de Yosterkote

|

El blog para la gente peculiar

Posts Tagged ‘cine’

Lunes cinéfilo: Dark City (1998)

Monday, January 24th, 2011

La noche más larga de tu vida

Por Yosterkote

Si hay un género que me atrapa sin lugar a dudas es éste: películas que insinuan, de una u otra manera, que la vida tal y como la conocemos es una mera ilusión, algo artificial, un sueño… Hablo de películas como Desafío Total (1990), Nirvana (1997), Matrix (1999), la reciente Origen (2010), y ésta: Dark City (1998). Por supuesto, todas las mencionadas cuentan con el “Yosterkote Seal of approval”. Incluso películas más ’suaves’ tontean con este juego de la doble vida, como Tron (1982) o Tron Legacy (2010).

¿Por qué es un género especial? Lo ignoro. Tal vez porque plantean dos vidas, dos realidades, y siempre la que menos se ajusta a la vida tal y como la conocemos resulta ser la más interesante, llena de desafíos y de sorpresas. Vamos, no me digáis que no resultaría increíble despertarse un día y descubrir que tu mundo es una fachada, que nada es lo que parece, nada es real, y que por otra parte, se abre un nuevo universo lleno de posibilidades que en nada se parecía a lo que conocías con anterioridad. También es cierto que este mundo nuevo (verdadero o falso) siempre resulta, al final, decepcionante. Algunos porque son mundos en los que todos quieren matarte (Desafío Total). Otros, porque sí, descubres la verdad, pero carajo, si la verdad es que vives en un asqueroso mundo dominado por máquinas, uno se plantea si no habría sido mejor elegir la otra pastilla (Matrix). Y otros simplemente porque por muy apasionantes que resulten, desprenden un tufillo a irrealidad que echa pa’ trás. En cualquier caso, siempre acabas echando de menos tu vida. La de verdad (o la que consideras verdad), valorando esas pequeñas cosas cotidianas del día a día, como el mar, el sol, la novia, el apartamento en Benidorm, o ese pequeño Ferrari, obsequio de un jeque árabe amigo tuyo.

Ahora pongámonos serios: ¿por qué debemos ver Dark City? Porque sí, si no se ha notado, es una película que recomiendo encarecidamente.

Primer punto a favor: de todas las películas citadas, Dark City es la que muestra un universo (en mi opinión) más sugerente. Y si las competidoras son de la talla de Origen o Desafío Total, es que el universo REALMENTE es sugerente. Planteémonoslo un segundo: imagínate que tú no eres tú. O que sí eres tú, pero no eres el tú que crees ser, sino que eres el tú que te ocultan que eres y a la vez el que ellos quieren que seas. Vale, olvidémoslo, volvemos a empezar: un día te despiertas en la bañera de un hotel y una prostituta yace acuchillada junto a ti. No sabes por qué, porque no recuerdas nada de eso. Por no recodar, no recuerdas ni tu nombre, ni tu cara, ni tu infancia, ni a tu esposa. Por si fuera poco, cada vez que el reloj da las 12, la ciudad se detiene, la gente misteriosamente se duerme, y todas las calles y edificios cambian su disposición. Incluso las personas adquieren nuevos roles. Un giro de tuerca al “genio maligno” de Descartes.

No voy a desvelar más, porque creo que ya he desvelado demasiado. Si la idea te atrae, ya sabes. Si no, tengo más motivos para verla.

Segundo punto a favor: la ambientación es magistral. Es una película que, al igual que obras maestras como Blade Runner (1982) merece la pena ser vista sólo por recrearse en el pequeño mundo creado para el celuloide. Edificios oscuros, años 60, y una ciudad en la que nunca amanece forman una atmósfera opresiva y agobiante como ninguna.

Tercer punto a favor: el reparto. William Hurt, Kiefer Sutherland y Jennifer Connelly lo bordan. Bravo por la elección de la chica, que no sólo es guapa, sino que posee una belleza creíble, no sé si sabéis a qué me refiero. ¡Hasta Rufus Sewell hace un buen papel!

Cuarto punto a favor: un final digno. ¿Cuántas veces una gran idea termina convirtiéndose en la mayor de las decepciones porque el final no está conseguido? Suele pasar, y más en producciones tan retorcidas como ésta, que el guionista termina con tal dolor de cabeza que decide vomitar un final mediocre que acoplar a su pequeña obra. Así, salen truños como las secuelas de Matrix, o finales como Perdidos o, cómo no, Los Serrano. Otras veces se ofrece el típico final abierto, que aunque es una buena manera de salvar los muebles, dando buenos resultados, no me satisfacen totalmente. Me refiero a Origen, por ejemplo. Que si la peonza al final cae, o no cae. Te deja con la duda, y es algo que comentar con los colegas. Pero por favor, me he tragado dos horas y media de tu peli, mójate. Dime que Di Caprio es feliz en su vida real, o que es un loco soñador, pero toma una decisión, ya que dejar que los espectadores decidan por ti es la mayor muestra de flojera que se puede dar.

Esto con Dark City no pasa. Es una historia con final, y de hecho es un final cerrado, definido, que hace justicia a la buena película que hemos visto, y eso es algo en lo que muchas películas similares han fracasado.

Obviamente, no todo es bueno en esta película. Los ‘malos’, aunque van que ni pintados a la película, en más de una ocasión resultan un tanto ridículos. Por sus extraños comportamientos, o porque todos están calvos y eso da repelús, no lo sabemos. ¡Arriba la alopecia! Su manera de hablar no es oscura ni tenebrosa, sino tendente a la irrisoriedad (toma palabro). Por si fuera poco, el malo malísimo se llama Señor Libro. Ni Tarantino en Reservoir Dogs con personajes como Señor Naranja, Señor Rubio, Señor Rosa (mi favorito)… Sino que se llama Señor Libro. Ya sabéis, niños: leer es malo.

Además, siendo sinceros, si no fuera por el gran montaje efectuado y por los efectos especiales, la lucha final habría sido una auténtica bazofia (¿se puede decir bazofia en una crítica?) con los dos contrincantes poniendo cara de estreñidos, a ver quién la tiene más gorda. La vena de la sien, digo.

Y por último, y más importante, que esta producción y su argumento son un increíble castillo de naipes que, sin embargo, se sustenta sobre unos cimientos demasiado vistos y muy poco creíbles. La motivación de los ‘malos’ es muy pobre, muy forzada (al igual que pasaba con Los Mercenarios, de la que hablamos en el anterior Lunes Cinéfilo)… Y eso es un problema, porque le quita brillo a la película.

Una película que, a pesar de todo, es un film muy redondo en líneas generales. No, no es la mejor película de ciencia ficción de todos los tiempos (ese privilegio lo ostenta El Diario de Noa, sin lugar a dudas), pero es sumamente entretenida, y lo que es más importante: muy difícil de olvidar. Es un 8.

La ciudad en el fin del universo

Por Kyuni

¿Y si todo lo que recuerdas y todo lo que se supone que yo debo recordar nunca ha ocurrido? John Murdoch

La ciencia ficción es un género muy difícil. Sobre todo en el cine. Normalmente, en una hora y media o dos tienes que mostrarle al espectador un mundo completamente nuevo, con sus características que lo hacen especial y distinto al que conocemos. Aún por encima, tienes que contar una historia ambientada en ese mundo, que le pasa a un personaje cuanto más singular mejor y, de relleno, que tiene un romance un tanto tortuoso. Algunos se toman la molestia de hacer trilogías. No es el caso. Aquí tenemos una película que plantea una historia completamente distinta a todo lo que conocemos, pero con aspectos muy similares a muchas que ya hemos visto.

Hagamos un paréntesis y, si me permiten, pasaré a enunciar lo que para mí son las ramificaciones de la ciencia ficción: en primer lugar está la ciencia ficción de “toda la vida”, la de “humanos viajando por el espacio” como es el caso de Star Trek o Star Wars, herederas de las historias de tebeos de principios/mediados de siglo XX, como Flash Gordon, también conocidas como “Space Opera”. Estas películas se pueden permitir sagas enteras (¿Cuántas llevamos de Star Trek? ¿Doce ya? ¿Y está haciendo J. J Abrams la decimotercera? ¡Madre mía!), libros, cómics, videojuegos, spin offs y así explotar todo el universo creado especialmente para ellas. Así como la cartera del fan enloquecido. Por otro lado, tenemos la ciencia ficción de “hay un monstruo en mi sopa”. Me refiero a otras sagas como Alien, Terminator, Predator o E.T. Por otro lado están las de “usted está chalado doctor”, que suele tirar hacía la comedia con películas como Regreso al futuro, la saga Cariño he encogido/agrandado a los niños y Flubber (hablo totalmente en serio). Por último, y la que aquí nos concierne, está la ciencia ficción que coge un poco de todas, algo de filosofía transcendental y se monta su propia paranoia, como mi adorada Blade Runner, Matrix o Doce Monos. Dentro de esta categoría podría ponerse Dark City.

Volvamos a lo que describía antes del “universo singular” que tiene cada película de ciencia ficción. El espectador necesita saber cómo funciona. Necesita creérselo. Para ello contamos con un elemento esencial: el novato. El novato es aquel personaje que no tiene ni idea de cómo funciona el mundo que le rodea, obligando a hacer múltiples preguntas para así enterarse y hacer que el espectador se entere. En este caso, el novato es el propio protagonista, John Murdoch (Rufus Sewell, un buen actor desaprovechado), un hombre que se despierta completamente desnudo en una bañera y no recuerda nada. Así que deberá saber quién es y qué es el mundo que le rodea. Lo fundamental, donde se sabrá si el guión es una mamarrachada o una genialidad, está en las respuestas. Las respuestas que obtengamos cuando llegue el momento hará que el mundo en el que hemos pasado la última hora sea verosímil o no.

Pero antes de conseguir las respuestas, John deberá hacer justo lo contrarío a Deckard en Blade Runner. Este se dedicaba a dar caza a los Replicantes por toda la ciudad, John huye de los Ocultos, que le quieren dar caza. Son como los polos opuestos y, sin embargo, no puedo parar de encontrar similitudes (que conste que Blade Runner está a un nivel muy superior en calidad a Dark City, aunque esta última sea una buena película, no le llega al nivel). Y no solo huye de estos Ocultos, seres largos, blancos y calvos, con casi más cuero que Neo en Matrix, sino también del Detective Bumstead (William Hurt), desde mi punto de vista, el mejor papel de la película.

La película está llena de pequeños matices dignos de admirar, como el tipo de recepción del hotel, que al principio es un hombre mayor y calvo y, al momento siguiente, un tipo negro. Ahí empieza el verdadero baile. Aparece en escena por primera vez Bumstead, quejándose de todo, como un detective cansado ya de su trabajo. Al igual que ocurre en el piso de Emma (Jennifer Conelly está creada para ser amada), cuando John sale corriendo y el Detective se queja de que nadie le hace caso. Eso le hace especial y distinto al resto de los personajes. A diferencia de John, que en ningún momento se siente una gran simpatía por él. Quizá se deba a que la falta de recuerdos le ha borrado todo lo que le hacía único y así… pues no se puede ser un héroe decente.

La ambientación juega un papel importantísimo en esta película. Desde el minuto cero te envuelve la noche eterna de la Ciudad Oscura, con esos edificios altísimos, puras reminiscencias de Blade Runner (otra vez) pero anclado en los años 50. O el Batman de Tim Burton, la primera vez que se ve un Gotham realmente magnifico. Algo que me chifla es que los momentos de pantalla azul están contados con los dedos de una mano. Bien es cierto que se debe a que la técnica no estaba muy desarrollada en los 90. Pero aún así, yo soy de esos que opinan que la trilogía original de Star Wars ya es muy superior a la nueva solo porque esta está llena de pantalla azul y efectos especiales. En este caso, lo que está contado con los dedos de una mano son los entornos naturales. Soy un verdadero fan de las cosas hechas de verdad, como la ciudad que aquí se nos presenta, verdaderos escenarios llenos de humedad y oscuridad por donde se oyen pisadas y se ven sombras. Eso hace que la ciudad sea mucho más claustrofóbica.

Debo decir que el film en general me ha gustado mucho, pues no abusa en demasía de la ciencia ficción, sino que tira más por aspectos de cómo el thriller o el cine negro, dándole un toque muy interesante. Se distancia de las producciones de los 80, donde la ciencia ficción estaba asociada a la acción pura, como volverá a pasar en el siglo XXI (el mismo Alex Proyas, director del film, la cagara, aunque no mucho, con Yo, Robot). Aún así, el tramo final se vuelve algo “chusco”, con esa pelea entre el Señor Libro y John, que parece una verdadera pelea entre Son Goku y Vegeta, a ver quién tiene la onda vital más grande. Sin embargo, la solución final y explicación del por qué estamos aquí y quiénes son esos tíos pálidos, aún agarrada por los pelos y demencial en algún que otro aspecto, cumple perfectamente las expectativas, pues nos estaban preparando para ello a lo largo del film.

En definitiva, un gran film que espero que reciba los honores que merece algún día. Es una pena que Alex Proyas no haya vuelto a levantar cabeza después de esta película. Y por último, me queda hacer una recomendación a Kiefer Sutherland: Dedícate a ser Jack Bauer, en serio, eres de lo más insoportable.

Fin

Eso es todo sobre Dark City. Para el próximo lunes, prepárense para algo duro: American Pie 1, 2 y 3.

Sbohem.

Lunes cinéfilo: Los Mercenarios

Monday, January 17th, 2011

Para arrancar con fuerza este 2011 (ya sé que soy muy redundante con lo de año nuevo, qué se le va a hacer), la brillante mente de un compañero igualmente brillante, Kyuni (cuyo magnífico blog podéis encontrar aquí), pidió permiso vía twitter para infiltrarse en algún blog donde escribir sobre cine, música, o videojuegos.

Sinceramente, no conozco a nadie más ilustrado en esto del cine que el propio Kyuni (o al menos a nadie dispuesto a escribir en este blog), así que hemos formado la nueva sección estrella de todo “internén”: el Lunes Cinéfilo. ¿Por qué lunes? Porque se nos ocurrió el domingo. ¿Por qué cinéfilo? Bueno, si no lo sabes, tal vez deberías dejar de leer.

La iniciativa consiste en, una vez a la semana (efectivamente, sí, los lunes), escoger una película y, en do turnos, ponerla a parir, o en un altar, según se merezca. O a parir en un altar, quién sabe.

Si la cosa funciona tal vez tengamos en un futuro un domingo videojueguil, o un viernes musical. Pero lo del viernes musical lo dudo: este crack sabe de música, yo sólo sé de Iron Maiden.

Sin más dilación y sin más emotividades, dejo paso al colaborador estrella de la temporada: Kyuni, y su crítica a la película Los Mercenarios.

Lloricas, lloricas everywhere.

Por Kyuni Wachigüey

¿No iréis a comeros la polla delante de mí, no?” – Mr. Church

En Hollywood había un dicho que rezaba: “Vales lo que vale tu última película”. Así, hoy en día grandes actores como Leonardo DiCaprio o Bruce Willis se conocían por sus últimas apariciones en películas del calibre de Titanic (id. 1997) o Jungla de cristal 3. La venganza (Die Hard: With a Vengeance, 1995). Sin embargo, había un grupo de actores que daba igual que películas hicieran, ellos ya eran eternos. Estamos hablando, por supuesto, de los grandes héroes de acción como Arnold Schwarzenegger o Silvester Stallone. Ellos serían para siempre recordados en papeles más o menos buenos, pero siempre divertidos, desde Terminator (id. 1984) o Depredador (Predator, 1987) hasta Rocky (id. 1976) y Acorralado (First Blood, 1982). Estas películas tenían una cosa en común: un protagonista claro, que debía enfrentarse a sí mismo o a un claro enemigo. Y molaban. Molaban como ninguna otra. Ver a John McClaine o al T-800 recibiendo y pegando tiros, con frases para la historia como el “Yipi-ka-yei, hijo de puta” o la mala traducción de “Sayonara, baby” era todo gozo y esplendor.

Por desgracia, no ocurre aquí lo mismo. Quizá el problema de la película sea que han llegado treinta años tarde y los guionistas de hoy en día ya no son lo que eran. O que han intentado buscarle un sentido, un guión, que les deje repartir ostias como panes o tener locas persecuciones por autopistas muy transitadas, pero no lo han conseguido. El conjunto de actores debería ser increíble, pero se queda en una mera anécdota. Pasa lo contrario que en Depredador, por ejemplo. Todos tenemos claro que Schwarzenegger es el protagonista, que los demás están para rellenar y completarlo. Aquí no. En un intento quizás de modestia, Stallone se intenta reunir con la crème de la crème de los tipos duros de Hollywood. Y en buena parte lo consigue. Ahí están Statham, que siempre me encanta, porque creo que él es de verdad así (o al menos a mi me parece siempre el mismo en Transporter y en el resto de sus películas); Jet Li, aportando el toque asiático al conjunto (esa pelea que tiene con Lundgren me recordó un montón a la que tuvieron Bruce Lee y Chuck Norris en su día); Lundgren, haciendo de tipo resentido con mala baba, que lo borda hasta que aparece al final como un Ken acompañando a Barbie; Couture, que más bien no hace nada más que decir un par de frases a modo de chiste; Steve Austen, que… pues bueno, reparte piñas; y por último, pero no menos importante, el mejor de toda la película, un malo digno de los 80 (como Michael Caine en aquella película de Seagal, En tierra peligrosa, que nadie se explica aún que hacía un tipo como Caine en esa película, pero sí, allí estaba…) el señor Eric Roberts.

Pero sin duda, lo mejor de toda la película, lo que debería considerarse como la escena que engloba todo tipo de películas de acción, piñas, disparos y pistolas es la siguiente: Bruce Willis, Mr. Church, reúne en una iglesia a Silvester Stallone y Arnold Schwarzenegger. Y empieza el despiporre. Se lanzan pullitas, uno a otro, como en un ring, mientras Bruce Willis, impávido, los mira como un profesor cuida de sus niños. Y lo remata todo con una frase que solo John McClaine podría soltar: “¿No iréis a comeros la polla delante de mí, no?” ¡Y ya está! Todo el cine, toda esa tensión de las películas de acción, los tiros, los insultos, los tacos, las tías en bolas, los coches tuneados, los malos sudamericanos o rusos, los tíos musculosos sangrando se resumen en esa escena. Quizá sobraría la frase final de Stallone, el “quiere ser presidente”, lanzado únicamente al Schwarzenegger real, pero no al actor.

Dicen que Bruce Willis es el actor de acción que puede convertir en un héroe a cualquier hombre mediocre. Pues bien, Stallone es todo lo contrario. Es el prototipo de hombre fuerte, duro, machacado que machaca. Está creado para ello. El Stallone bueno, el que mola, el que debería estar presente en toda la película, es ese que pilota un aeroplano mientras fuma un puro y bebe cerveza a morro con su compinche Statham. Pero se pierde entre difusas idas y venidas, hablando de recuerdos de guerra con Rourke (escena que me recuerda a El sargento de hierro, de Eastwood) que ni emoción ni despiertan ningún sentimiento, excepto una gran vergüenza ajena por ver a dos tíos tan duros llorar como nenazas alegando que “se me ha ido el alma”. ¡Coño! Si quieres hacer una alegoría de los viejos tiempos, no hagas a tus tipos más duros de la película parecer quinceañeras recordando el baile de fin de curso. Haz que vuelvan al baile. Al baile de ostias a mano abierta claro. De esas en las que te mueres tu por el golpe y yo por la onda expansiva. Porque es lo único que realmente disfruta uno en esta película. Las peleas, los disparos y las explosiones. ¡Pero no las persecuciones! No sé exactamente donde falla, quizá en la mano de Stallone dirigiendo, pero se hacen muy aburridas. Es un coche delante de otro todo el tiempo. ¡Ni siquiera tiran un puesto de fruta o algo así! Más fantasmadas como la del aeroplano despegando para después volver sobre los malos y freírlos a disparos. Esas cosas son las que hace falta, y no tanto intento de conspiración de que si la CIA está o no en el ajo. ¿A quién le importa si Bruce Willis es de la CIA, el FBI o la TIA? Es el único que ha tenido unos cojones enormes de plantarle cara al Stallone y este ni ha dicho mu.

Sin embargo, hay una cosa que falla. Y otra que, sin llegar a fallar, flojea. La primera, la que falla, es esa historia chunga de Statham con la medio novia que tiene y el rollo de esta. ¿Por qué no le parte la cara a la primera de cambio al tío? No. Prefiere largarse como un perrillo con el rabo entre las piernas, sufrir “mal de amores” y volver para, entonces sí, repartir un poco de leches merengadas. Y todo salpimentado con una frase que me ha hecho reír como nunca: “Porque yo lo valgo”. Parece un verdadero llorica y los demás sus coleguillas echándole una mano. Eso mismo representa la primera escena donde sale Mickey Rourke. ¿Por qué la tía no está en bolas y el sí? ¿O por qué la tía por la que se monta todo el follón no se le caen las bragas nada más ver a Stallone? Pero no… Él la deja allí, en aquella isla y ni un niño le hace.

La otra cosa, que medio falla medio funciona, son esos diálogos totalmente en coña (quiero creer) de Jet Li quejándose de lo pequeño que es o Couture hablando de su oreja, como un verdadero enfermo mental. Eso es lo que necesitaría toda súper producción. No tomarse en serio ni a sí misma. Porque eso es en lo que se distancia con todas las buenas películas de tiros, tetas y acción de los 80. Aquí los personajes son profundos, con un pasado turbio que les ha destrozado vivos y que no pueden soportar. Y esos de los que te sabes el nombre. ¿Cómo se llama el negro enorme? Ni idea. Solo pido un favor para la segunda parte: más coñas, más acción y menos parloteo. ¡Por dios!

Y ya como remate final, quiero mostrar mi malestar con esa escena final. Es más, quiero mostrar mi desprecio. Mi odio. Mi rabia. Por un momento, cuando empezó, pensé: “Eh, que guay, los colegas por fin se lo pasan bien, con sus birras, sus cuchillos, su testosterona. ¡Mira el negro bailar! Jo, qué risa…” Pero entonces aparece Lundgren. Y sonríe. Y todos le sonríen. Y aquello pasa a ser una reunión de tíos con cuchillos a ser terapia de grupos para gente al borde de la muerte traiciona amigos con cara deformada. Por favor, esto no lo volváis a hacer. Es un cabrón y merecía morir. ¿A qué vienen esas sonrisas? ¿Esos gestos de camaradería? ¿Os cargáis un ejército y no podéis cargaros a ese tío? Nunca más, nunca más.

Así que resumiendo, que es gerundio: me he aburrido en buena parte de la película, he disfrutado los tiros, pero esperaba algo más.

Te queremos, “Silvestre”.

Por Yosterkote.

Todo el mundo sabe una cosa indiscutible sobre el cine, y esa cosa es que sólo hay dos tipos de películas: las buenas, y las malas. ¿Pero cuándo una película es buena o mala? Ah, eso no se sabe, eso se vive, pero en este blog no nos importa atrevernos a clasificar una peli en una de estas dos categorías, no porque seamos unos indecentes sin vergüenza ni escrúpulos, sino porque tenemos un 50% de probabilidades de acertar, sea cual sea el veredicto.

Hoy, como es el estreno de esta nueva sección, debemos hacerlo con una peli que entra en el saco de las buenas: Los Mercenarios.

Porque Los Mercenarios, a pesar de no ser, ni de lejos, la obra definitiva del séptimo arte, ni siquiera en su género; cumple con creces su objetivo: entretener con tiros, escenas imposibles y esteroides, sobre todo esteroides. Y lo mejor de todo: lo hace con un collage único de muchos de los más grandes en esto de repartir leña: Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Hundgrem y Eric Roberts, que le da el toque de malicia que la peli necesitaba.

Y vale que el argumento es bastante caca por motivos que ya explicaré más adelante, pero repito, cumple con creces con lo que se esperaba de él. Un buen argumento en una peli de tiros habría sido una contradicción, casi un fallo, podríamos decir: como entrar en un Burger King y pedir un Big Mac, o ir a un festivaloide metalero con una camiseta de Justin Bieber.

Y lo mejor: me recordó mucho a una de mis películas favoritas de esto de los tiros y los bíceps, llamada Commando (1985), con el bueno de Sarseneguer. Arnold Sarseneguer: en ambas, un ex militar enrabietado busca salvar a alguien querido, para lo que tiene que ir a una pequeña isla despótica dominada por un pequeño ejército y cargárselo todo. Personalmente sigo prefiriendo Commando, simplemente por ser de Arnold y estaba más joven, porque los toques de humor están mejor repartidos, porque los toques de “WTF??” son aún más “WTF??”, y porque revienta la isla él solito, sin cuatro mazados que lo respalden, lo que eleva el calificativo de awesomeness al nivel de “Insuperable”.

Ahora un pequeño desglose de lo mejor y lo peor de Los Mercenarios:

Lo mejor:

  • Empezar con una escena de tiros: que sí, que esto es una peli de tiros, y eso es lo que hay. Se agradece que te pongan la primera en la frente para hacerte entrar en calor.
  • La banda sonora: aunque no brilla especialmente cuando tiene que brillar (ojo: tampoco desmerece), sí nos pone de humor en algunos momentos cuando rellenan los vacíos con algo de rock. En este blog somos unos moteros, al menos en espíritu, y eso nos pone.
  • El coche de Stallone: una bonita mezcla entre clásico y tanque. Nos gusta.
  • Un par de momentos: la escena de la persecución en coche por las callejuelas de la isla, y, sobretodo, ver a Stallone saltar en el muelle para agarrarse in extremis a la puerta del hidroavión que está a punto de perder. Olé sus eggs. Mietras otros tienen que llegar con tres horas de antelación al aeropuerto para coger un vuelo, Sylvester no espera colas, no revisa pasaportes, no se deja enojar por las azafatas de Ryanair que te discuten si el portátil es equipaje de mano o no. Sylvester se monta en el avión en marcha. Un aplauso (y otra escena que nos recuerda a Commando, por cierto).
  • No escatimar en sangre: ¡Queremos sangre, sí! No, no llega a salpicar nuestra pantalla, pero ya que estamos viendo violencia gratuita, está bien que en esa gratuicidad (?) metan un poco de sangre. En algunas ocasiones vemos a los cuerpos de los enemigos literalmente estallar como sacos de sangre, especialmente si es Terry Crew (alias “El Negro”) el que dispara. ¡Semos hombres, ARRRGGGHHH!
  • Algunos chistes que adornan la película.
  • Lo mejor: los breves papeles de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger al principio de la película son el mejor guiño que a los amantes de los forzudos nos podían hacer: esos tres minutos (mentira: no los he contado) en los que Willis, Arnold y Sylvester comparten diálogo son de lo mejor del cine en 2010, y a uno le hacen pensar: “Guau, estoy delante de algo grande.” Claro que lo estás. El único “pero” es que se echa en falta algún plano con los tres a la vez, ya que no los hay. Vemos las caras de Stallone, de Stallone y Willis, de Stallone y Arnold, sólo de Arnold, o sólo de Willis, pero no a los tres a la vez, y ni siquiera a Arnold con Willis. Miento, sí se les ve, pero de espaldas. Supongo que las ajetreadas agendas de Arnold como Gobernador y de Willis como… actor, hicieron imposible que la escena se rodara con los tres, teniendo que recurrir a un hábil montaje.

Lo peor:

  • Precisamente el montaje en algunas palizas, hace las transiciones entre toma y toma demasiado rápidas. No llega a los extremos de cambiar de plano tan a menudo que no te enteras de nada, pero llamadme anticuado: me gustan las peleas con tomas largas, donde predomina la pelea como tal sobre la adrenalina que produce eso de no enterarse de nada de lo que ocurre. Aún así, en este aspecto podía ser peor.
  • El bottox de Stallone: lo siento, Silvestre. Te queda feo.
  • La película se basa en premisas realmente estúpidas:
    • Los estadounidenses, que contratan a Stallone y cía. para interceder por los derechos de una pequeña isla, Vilena, que ha caído en la dictadura. A mí me suena al topicazo de siempre, pero vale.
    • Que todo esté basado en el dinero: tanto los malos como los buenos se mueven por el dinero. Unos por el narcotráfico, y otros porque les pagan por llegar allí y pegar tiros. Vale que el título de la peli sea precisamente ese: “Los Mercenarios”, pero hombre, esa ausencia absoluta de una motivación real es demasiado fuerte como para ser ignorada.
    • La pastelada de Stallone con la chica y el momento sentimental del tatuador (a.k.a. “abuelo batallitas”) diciendo que están muertos por dentro, y básicamente todo eso. Porque puedo pasar que intentan meterle romanticismo a la película. Esos cinco minutos cursis son los que utilizamos todos los varones del mundo como excusa para colarles a nuestras novias que la peli va de amor, sentimientos, y todo eso. Mentira, es una sucia mentira, y la historia de amor realmente no podía ser más cutre. ALERTA SPOILER: Stallone llega a la isla. Conoce a la chica. Se marcha de la isla. Se da cuenta de que debe regresar a por ella sin que haya habido ninguna interacción entre ellos más que un par de frases, así que prepara una invasión seria, y arriesga su vida y la de todos sus acompañantes para salvarla. ¿Soy yo, o la historia tiene algún fallo en su conjunto? Y lo que es más importante: ¡La chica ni siquiera está tan buena! FIN DEL SPOILER.
  • Y finalmente, que a consecuencia de esto la última media hora de la película se vuelva algo más insulsa, a pesar de que sea la mayor concentración de “pams”, “crashes”, “clinxes”, “ratatatatatatás” y “bums” de la historia.

Conclusión final:

Los Mercenarios no es la panacea del cine de acción, pero, como ya he repetido, cumple con su propósito con creces: 30% de balas, 30% de fuego y 30% de músculos y venas a mansalva. El 10% restante son esteroides. Es, sobretodo, un bello homenaje al género, a Stallone, y a los actores que comparten pantalla con él. Y lo más importante: al terminar la película, a pesar de sus más y sus menos, deja buen sabor de boca. Es un 7.

Eso es todo de parte del equipo de Lunes Cinéfilo, esperamos haberles sido de utilidad, o que al menos no hayan vomitado. Hasta la semana que viene, cuando comentaremos Dark City, para que la vayáis viendo si esto os motiva.

12 meses, 12 macizos

Sunday, December 26th, 2010

Fin de año. Y por enésima vez este mes, un post navideño. Yay! Y es que me llaman machista, mujeriego, misógino y todo eso, y por eso quiero hacer algo distinto. Alguien como yo, en una ocasión como ésta, aprovecharía para mentar a las doce macizorras del momento; y precisamente por eso en una ocasión así aprovecharía para hacer justo lo contrario, y publicar la lista de los 12 tíos más increíbles que hay.

Por supuesto, no son los 12 más increíbles, atractivos, sexis (sí, la RAE lo admite y el mundo se va a pique, eso es todo) y molones. Primero, porque la lista está confeccionada desde mi punto de vista, es decir: un varón cinéfilo heterosexual, y puede no ser un criterio muy global. Segundo, porque una lista de los 12 tipos más sexys en la que yo no esté, evidentemente, carece de credibilidad. Así que al lío:

Diciembre (12): Jeff Bridges

Diciembre es un mes frío, helador, como los pequeños ojitos de este actorazo que te penetran cual helados punzones. Pero también es un mes alegre, con vacaciones, comidas, navidades y cositas de esas: un mes tan agradable como su bonachona sonrisa. También es un mes para la nostalgia, donde miramos a los 11 meses precios con añoranza y una sonrisa en la cara. La misma sonrisa que se me queda pensando en peliculones como El Gran Lebowski, Starman o Nadine. Vale, no es especialmente guapo, pero no se puede negar que con su presencia impone, y mucho. El otro día fui a contratar una póliza y el hombre que me atendía tenía sus mismos ojos, su misma barba. Él no lo sabía, pero si me lo hubiera pedido habría asegurado hasta mis calzones contra un ataque de termitas. Y por si fuera poco, en Iron Man el hombre nos recuerda a Don Limpio. ¿Qué más se puede pedir?

Noviembre (11): Sean Penn

Otro madurito, como a mí me gustan. Tiene la ventaja de que si a su apellido le añades una ‘e’, te queda todo un icono de virilidad. Tampoco es especialmente guapo, pero su semblante serio, seguro de sí mismo inspira clase y grandeza. No me hará sentir como una mujer, pero sí como una dama. Te queremos, Penn(e).

Octubre (10): Adrian Paul

Vale que para ser mi sex symbol “namberguán” es un tío bastante desconocido, pero aquí, donde lo vemos, entre otras, protagonizó la serie de Los Inmortales durante los noventa. Un hombre que corta cabezas a otros inmortales para proteger el universo, que sale en una serie en la que la banda sonora es ni más ni menos que de Queen, y que a pesar de tener 400 años se conserva así de bien, se merece ser míster Octubre. Alguien se preguntará  por qué no pongo a Christopher Lambert en su lugar, el prota de las películas originales, que es más famosete y tal. Primero, porque Adrian está más bueno. Segundo, porque en las películas Lambert siempre se paseaba por ahí con las mismas deportivas cutres. Lambert: no ir a la moda tiene un pase. Pero copiar mi estilo, no tiene perdón.

Septiembre (9): James Caan

Otro que tiene más carisma que cara bonita, qué se le va a hacer. Si fuera mujer me gustarían los tipos serios, duros, curtidos pero con clase, como Caan (Santino Corleone) en El Padrino o en Rollerball (la original, no el cutre-remake).

Agosto (8): Colin Farrell

En su contra: que (en mi opinión) tiene una pinta de soso que no puede con ella. A su favor: que me puso de los nervios en Última Llamada, que salió en Corazón Salvaje con el todopoderoso Jeff Bridges (Míster Diciembre, recordemos), y que… ¿Realmente necesitamos motivos? Si está bueno, está bueno, leñe.

Julio (7): Seann William Scott

No tiene una cara perfecta, vale. Es más: tiene una sonrisa más asimétrica que mi escroto cuando sumerjo el testículo izquierdo en agua helada mientras le doy con un soplete al huevo derecho (no hagáis preguntas), pero tiene encanto. Mucho. Y es que ser Steve Stifler (o Steve Moister) en American Pie pesa mucho. Y porque aunque le hayamos visto comerse y degustar una caca de perro como si de una deliciosa trufa se tratara, nos sigue pareciendo atractivo, divertido y un salidillo… Pero con un gran corazón. Y un cuerpo de acero, claro.

Junio (6): Timothy Dalton

“Bond. James Bond.” Yo digo eso en un bar y no me como un colín, pero a este hombre le funciona. No es el más famoso, ni el que más pelis tiene, pero sí ha sido el más elegante, el más caballeroso, el más Bond, y en mi opinión el más infravalorado. ¿Acaso no tiene más clase, mejor porte y mejor hoyuelo en la barbilla que cualquiera de los otros Bond?

Mayo (5): Lee Van Cleef

Esa mirada es sobrecogedora. En serio. Siento que si este gran actor me mirara a los ojos como miraba a Rubio y a Tuco en El Bueno, el Feo y el Malo durante el duelo final, no podría vestir de blanco en mi boda. No tengo más que decir.

Abril (4): Tom Welling

Tom Welling pertenece a esa hornada de actores que interpretan a jovenzuelos de 17 años cuando en realidad tienen 27. Pero como su personaje es Clark Kent (Superman) en Smallville, se le perdona. Evidentemente, se espera que el único superviviente de Kripton esté un poco más desarrollado que el resto de enclenques de su edad. Han pasado nueve años, nueve temporadas. Y a medida que la serie se desvirtúa y comienza a pedir la eutanasia de las series en su larga agonía (la cancelación), Welling parece estar más y más bueno. O igual soy yo, que me han ido asaltando las hormonas de la adolescencia, la que lo ve más irresistible.

Marzo (3): Clint Eastwood

Sí, otro de “El Bueno el Feo y el Malo”… ¿O debería llamarse “El Buenorro, el Feo y el Malo”? Y éste entra en el Top 3. Claro que está mayor, eso no puedo negarlo, pero si las miradas de Lee Van Cleef o Jeff Bridges están que quitan el hipo, la de Clint es para mear y no echar gota. Dejaré una cosa bien clara: hay dos requisitos indispensables para ser un hombre. Uno es tener pene. El otro es haberse puesto alguna vez delante de un espejo y recitar estas dos frases de Eastwood:

“Sé lo que estás pensando: si disparé las seis balas o sólo cinco. La verdad es que con todo este ajetreo también yo he perdido la cuenta. Pero siendo éste un Magnum del 44, capaz de volarte los sesos de un tiro, ¿no crees que debieras pensar que eres afortunado?”

Y:

“Verás, el mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado, y los que cavan. Tú cavas:”

He dicho.

Febrero (2): Brad Pitt

Mi madre cumple años en febrero. Por eso es un mes especial. Mamá, si lees esto (que sé que lo leerás, porque lo que tienes de buena madre lo tienes de cotilla) te lo dedico. Brad Pitt. Al principio de su carrera estaba bueno. En el Club de la Lucha me hizo sentirme incómodo por lo buenorro que estaba (no me importa reconocerlo). Y ahora que entra en la categoría de maduritos, sigue estando espléndido. Indiscutible, insuperable, y lo que grito cuando me enjabono mis partes en la ducha: “Sexy, sexy, sexy“.

Enero (1): Eddie

¿Alguien dudaba que el primer puesto sería para la mascota de Iron Maiden? Tal vez lo haya comentado antes en el blog, no lo sé. Son 200 entradas y no llevo la cuenta de todas las chorradas que escribo (gracias a Dios). Pero Eddie es siplemente perfecto: gran sonrisa, melena trepidante, mirada profunda y filosófica pero un poco amenazadora (sólo un poco), ni un ápice de grasa (todo fibra), mujeriego, agresivo, aventurero, viajero del tiempo… Y compartimos gustos musicales. Todos los de esta lista lo valen, pero si uno de ellos tuviera que hacerme mujer, lo siento: Eddie gana. Porque el mundo se divide en dos categorías: los que están muertos, y los que cavan. Y los otros once cavan.

Esa es mi lista. Sé que me he saltado a Hugh Jackman y a Johny Depp y que no me merezco vuestro respeto, pero es lo que hay. Suficiente tengo con esto. Planeaba hacer una lista de 10 y la he terminado ampliando a 12 con la excusa de los meses del año porque hay demasiados tíos atractivos en este planeta. Y no, no me siento menos macho. Así que ahora me iré a hacer cosas de hombre hetero, como jugar a los soldaditos o ver una peli de Schwarzenegger.

Hasta la próxima.