Lunes cinéfilo: Dark City (1998)
Monday, January 24th, 2011La noche más larga de tu vida
Por Yosterkote
Si hay un género que me atrapa sin lugar a dudas es éste: películas que insinuan, de una u otra manera, que la vida tal y como la conocemos es una mera ilusión, algo artificial, un sueño… Hablo de películas como Desafío Total (1990), Nirvana (1997), Matrix (1999), la reciente Origen (2010), y ésta: Dark City (1998). Por supuesto, todas las mencionadas cuentan con el “Yosterkote Seal of approval”. Incluso películas más ’suaves’ tontean con este juego de la doble vida, como Tron (1982) o Tron Legacy (2010).
¿Por qué es un género especial? Lo ignoro. Tal vez porque plantean dos vidas, dos realidades, y siempre la que menos se ajusta a la vida tal y como la conocemos resulta ser la más interesante, llena de desafíos y de sorpresas. Vamos, no me digáis que no resultaría increíble despertarse un día y descubrir que tu mundo es una fachada, que nada es lo que parece, nada es real, y que por otra parte, se abre un nuevo universo lleno de posibilidades que en nada se parecía a lo que conocías con anterioridad. También es cierto que este mundo nuevo (verdadero o falso) siempre resulta, al final, decepcionante. Algunos porque son mundos en los que todos quieren matarte (Desafío Total). Otros, porque sí, descubres la verdad, pero carajo, si la verdad es que vives en un asqueroso mundo dominado por máquinas, uno se plantea si no habría sido mejor elegir la otra pastilla (Matrix). Y otros simplemente porque por muy apasionantes que resulten, desprenden un tufillo a irrealidad que echa pa’ trás. En cualquier caso, siempre acabas echando de menos tu vida. La de verdad (o la que consideras verdad), valorando esas pequeñas cosas cotidianas del día a día, como el mar, el sol, la novia, el apartamento en Benidorm, o ese pequeño Ferrari, obsequio de un jeque árabe amigo tuyo.
Ahora pongámonos serios: ¿por qué debemos ver Dark City? Porque sí, si no se ha notado, es una película que recomiendo encarecidamente.
Primer punto a favor: de todas las películas citadas, Dark City es la que muestra un universo (en mi opinión) más sugerente. Y si las competidoras son de la talla de Origen o Desafío Total, es que el universo REALMENTE es sugerente. Planteémonoslo un segundo: imagínate que tú no eres tú. O que sí eres tú, pero no eres el tú que crees ser, sino que eres el tú que te ocultan que eres y a la vez el que ellos quieren que seas. Vale, olvidémoslo, volvemos a empezar: un día te despiertas en la bañera de un hotel y una prostituta yace acuchillada junto a ti. No sabes por qué, porque no recuerdas nada de eso. Por no recodar, no recuerdas ni tu nombre, ni tu cara, ni tu infancia, ni a tu esposa. Por si fuera poco, cada vez que el reloj da las 12, la ciudad se detiene, la gente misteriosamente se duerme, y todas las calles y edificios cambian su disposición. Incluso las personas adquieren nuevos roles. Un giro de tuerca al “genio maligno” de Descartes.
No voy a desvelar más, porque creo que ya he desvelado demasiado. Si la idea te atrae, ya sabes. Si no, tengo más motivos para verla.
Segundo punto a favor: la ambientación es magistral. Es una película que, al igual que obras maestras como Blade Runner (1982) merece la pena ser vista sólo por recrearse en el pequeño mundo creado para el celuloide. Edificios oscuros, años 60, y una ciudad en la que nunca amanece forman una atmósfera opresiva y agobiante como ninguna.
Tercer punto a favor: el reparto. William Hurt, Kiefer Sutherland y Jennifer Connelly lo bordan. Bravo por la elección de la chica, que no sólo es guapa, sino que posee una belleza creíble, no sé si sabéis a qué me refiero. ¡Hasta Rufus Sewell hace un buen papel!
Cuarto punto a favor: un final digno. ¿Cuántas veces una gran idea termina convirtiéndose en la mayor de las decepciones porque el final no está conseguido? Suele pasar, y más en producciones tan retorcidas como ésta, que el guionista termina con tal dolor de cabeza que decide vomitar un final mediocre que acoplar a su pequeña obra. Así, salen truños como las secuelas de Matrix, o finales como Perdidos o, cómo no, Los Serrano. Otras veces se ofrece el típico final abierto, que aunque es una buena manera de salvar los muebles, dando buenos resultados, no me satisfacen totalmente. Me refiero a Origen, por ejemplo. Que si la peonza al final cae, o no cae. Te deja con la duda, y es algo que comentar con los colegas. Pero por favor, me he tragado dos horas y media de tu peli, mójate. Dime que Di Caprio es feliz en su vida real, o que es un loco soñador, pero toma una decisión, ya que dejar que los espectadores decidan por ti es la mayor muestra de flojera que se puede dar.
Esto con Dark City no pasa. Es una historia con final, y de hecho es un final cerrado, definido, que hace justicia a la buena película que hemos visto, y eso es algo en lo que muchas películas similares han fracasado.
Obviamente, no todo es bueno en esta película. Los ‘malos’, aunque van que ni pintados a la película, en más de una ocasión resultan un tanto ridículos. Por sus extraños comportamientos, o porque todos están calvos y eso da repelús, no lo sabemos. ¡Arriba la alopecia! Su manera de hablar no es oscura ni tenebrosa, sino tendente a la irrisoriedad (toma palabro). Por si fuera poco, el malo malísimo se llama Señor Libro. Ni Tarantino en Reservoir Dogs con personajes como Señor Naranja, Señor Rubio, Señor Rosa (mi favorito)… Sino que se llama Señor Libro. Ya sabéis, niños: leer es malo.
Además, siendo sinceros, si no fuera por el gran montaje efectuado y por los efectos especiales, la lucha final habría sido una auténtica bazofia (¿se puede decir bazofia en una crítica?) con los dos contrincantes poniendo cara de estreñidos, a ver quién la tiene más gorda. La vena de la sien, digo.
Y por último, y más importante, que esta producción y su argumento son un increíble castillo de naipes que, sin embargo, se sustenta sobre unos cimientos demasiado vistos y muy poco creíbles. La motivación de los ‘malos’ es muy pobre, muy forzada (al igual que pasaba con Los Mercenarios, de la que hablamos en el anterior Lunes Cinéfilo)… Y eso es un problema, porque le quita brillo a la película.
Una película que, a pesar de todo, es un film muy redondo en líneas generales. No, no es la mejor película de ciencia ficción de todos los tiempos (ese privilegio lo ostenta El Diario de Noa, sin lugar a dudas), pero es sumamente entretenida, y lo que es más importante: muy difícil de olvidar. Es un 8.
La ciudad en el fin del universo
Por Kyuni
¿Y si todo lo que recuerdas y todo lo que se supone que yo debo recordar nunca ha ocurrido? John Murdoch
La ciencia ficción es un género muy difícil. Sobre todo en el cine. Normalmente, en una hora y media o dos tienes que mostrarle al espectador un mundo completamente nuevo, con sus características que lo hacen especial y distinto al que conocemos. Aún por encima, tienes que contar una historia ambientada en ese mundo, que le pasa a un personaje cuanto más singular mejor y, de relleno, que tiene un romance un tanto tortuoso. Algunos se toman la molestia de hacer trilogías. No es el caso. Aquí tenemos una película que plantea una historia completamente distinta a todo lo que conocemos, pero con aspectos muy similares a muchas que ya hemos visto.
Hagamos un paréntesis y, si me permiten, pasaré a enunciar lo que para mí son las ramificaciones de la ciencia ficción: en primer lugar está la ciencia ficción de “toda la vida”, la de “humanos viajando por el espacio” como es el caso de Star Trek o Star Wars, herederas de las historias de tebeos de principios/mediados de siglo XX, como Flash Gordon, también conocidas como “Space Opera”. Estas películas se pueden permitir sagas enteras (¿Cuántas llevamos de Star Trek? ¿Doce ya? ¿Y está haciendo J. J Abrams la decimotercera? ¡Madre mía!), libros, cómics, videojuegos, spin offs y así explotar todo el universo creado especialmente para ellas. Así como la cartera del fan enloquecido. Por otro lado, tenemos la ciencia ficción de “hay un monstruo en mi sopa”. Me refiero a otras sagas como Alien, Terminator, Predator o E.T. Por otro lado están las de “usted está chalado doctor”, que suele tirar hacía la comedia con películas como Regreso al futuro, la saga Cariño he encogido/agrandado a los niños y Flubber (hablo totalmente en serio). Por último, y la que aquí nos concierne, está la ciencia ficción que coge un poco de todas, algo de filosofía transcendental y se monta su propia paranoia, como mi adorada Blade Runner, Matrix o Doce Monos. Dentro de esta categoría podría ponerse Dark City.
Volvamos a lo que describía antes del “universo singular” que tiene cada película de ciencia ficción. El espectador necesita saber cómo funciona. Necesita creérselo. Para ello contamos con un elemento esencial: el novato. El novato es aquel personaje que no tiene ni idea de cómo funciona el mundo que le rodea, obligando a hacer múltiples preguntas para así enterarse y hacer que el espectador se entere. En este caso, el novato es el propio protagonista, John Murdoch (Rufus Sewell, un buen actor desaprovechado), un hombre que se despierta completamente desnudo en una bañera y no recuerda nada. Así que deberá saber quién es y qué es el mundo que le rodea. Lo fundamental, donde se sabrá si el guión es una mamarrachada o una genialidad, está en las respuestas. Las respuestas que obtengamos cuando llegue el momento hará que el mundo en el que hemos pasado la última hora sea verosímil o no.
Pero antes de conseguir las respuestas, John deberá hacer justo lo contrarío a Deckard en Blade Runner. Este se dedicaba a dar caza a los Replicantes por toda la ciudad, John huye de los Ocultos, que le quieren dar caza. Son como los polos opuestos y, sin embargo, no puedo parar de encontrar similitudes (que conste que Blade Runner está a un nivel muy superior en calidad a Dark City, aunque esta última sea una buena película, no le llega al nivel). Y no solo huye de estos Ocultos, seres largos, blancos y calvos, con casi más cuero que Neo en Matrix, sino también del Detective Bumstead (William Hurt), desde mi punto de vista, el mejor papel de la película.
La película está llena de pequeños matices dignos de admirar, como el tipo de recepción del hotel, que al principio es un hombre mayor y calvo y, al momento siguiente, un tipo negro. Ahí empieza el verdadero baile. Aparece en escena por primera vez Bumstead, quejándose de todo, como un detective cansado ya de su trabajo. Al igual que ocurre en el piso de Emma (Jennifer Conelly está creada para ser amada), cuando John sale corriendo y el Detective se queja de que nadie le hace caso. Eso le hace especial y distinto al resto de los personajes. A diferencia de John, que en ningún momento se siente una gran simpatía por él. Quizá se deba a que la falta de recuerdos le ha borrado todo lo que le hacía único y así… pues no se puede ser un héroe decente.
La ambientación juega un papel importantísimo en esta película. Desde el minuto cero te envuelve la noche eterna de la Ciudad Oscura, con esos edificios altísimos, puras reminiscencias de Blade Runner (otra vez) pero anclado en los años 50. O el Batman de Tim Burton, la primera vez que se ve un Gotham realmente magnifico. Algo que me chifla es que los momentos de pantalla azul están contados con los dedos de una mano. Bien es cierto que se debe a que la técnica no estaba muy desarrollada en los 90. Pero aún así, yo soy de esos que opinan que la trilogía original de Star Wars ya es muy superior a la nueva solo porque esta está llena de pantalla azul y efectos especiales. En este caso, lo que está contado con los dedos de una mano son los entornos naturales. Soy un verdadero fan de las cosas hechas de verdad, como la ciudad que aquí se nos presenta, verdaderos escenarios llenos de humedad y oscuridad por donde se oyen pisadas y se ven sombras. Eso hace que la ciudad sea mucho más claustrofóbica.
Debo decir que el film en general me ha gustado mucho, pues no abusa en demasía de la ciencia ficción, sino que tira más por aspectos de cómo el thriller o el cine negro, dándole un toque muy interesante. Se distancia de las producciones de los 80, donde la ciencia ficción estaba asociada a la acción pura, como volverá a pasar en el siglo XXI (el mismo Alex Proyas, director del film, la cagara, aunque no mucho, con Yo, Robot). Aún así, el tramo final se vuelve algo “chusco”, con esa pelea entre el Señor Libro y John, que parece una verdadera pelea entre Son Goku y Vegeta, a ver quién tiene la onda vital más grande. Sin embargo, la solución final y explicación del por qué estamos aquí y quiénes son esos tíos pálidos, aún agarrada por los pelos y demencial en algún que otro aspecto, cumple perfectamente las expectativas, pues nos estaban preparando para ello a lo largo del film.
En definitiva, un gran film que espero que reciba los honores que merece algún día. Es una pena que Alex Proyas no haya vuelto a levantar cabeza después de esta película. Y por último, me queda hacer una recomendación a Kiefer Sutherland: Dedícate a ser Jack Bauer, en serio, eres de lo más insoportable.
Fin
Eso es todo sobre Dark City. Para el próximo lunes, prepárense para algo duro: American Pie 1, 2 y 3.
Sbohem.













