¿Se ve bien el cielo apocalíptico? ¿El desolador páramo de piedra negra del que brotan a borbotones enigmáticas fuentes de magma volcánico? ¿Y los únicos brotes verdes siendo devorados por una cabra? Creo que a esto se refería Zapatero…
Reírse de la ignorancia de los demás está mal. Por eso a veces me gusta cagarla para que se rían de mí. De esa manera no me sentiré culpable cuando me descojone por un fallo ajeno.
Como un suceso reciente, en el que a un compañero le cagó una paloma (por el tamaño del susodicho guano uno pensaría que era un cóndor, pero lo creímos poco probable). Sí, es mi amigo, y sí, a nadie le hace gracia que le cague un pájaro… Pero yo en ese aspecto tenía experiencia. Cuando tenía trece años recibí tres bombardeos en poco más de un mes. Estaba en mi derecho de reírme, los pájaros me lo deben.
Pero lo que más gracia me hace es ver a la gente perder dinero en los concursos de televisión. El concursante lleva ganados x euros. Suponemos que ‘x’ es una cantidad respetable: 10.000, por ejemplo. Puede plantarse y quedárselos, o arriesgarlos por una cantidad mayor o por un premio desconocido:
Me imagino los pensamientos del ciudadano: cuando tiene 10.000 euros asegurados, que incluso pagando la jugosa cantidad de impuestos resulta ser un pastizal suficiente como para tapar unos cuantos agujeros (prostitución aparte), una idea fugaz pasa por su cabeza. Cambia de parecer. Los 10.000 euros le parecen ahora poco, ya que está dispuesto a arriesgarlos por algo que en ocasiones ni siquiera conoce. ¿Cuál es esta fugaz idea?
“Total, si antes de venir no tenía nada.”
Y entonces ocurre el apocalipsis. Elige la caja, o seguir concursando, o lo que sea, y pierde miserablemente:
Vale, la señora no ha perdido, pero fue una escena tan mítica que merecía ser recordada.
Lo que le ha impulsado a arriesgarse es la creencia de que, aún perdiendo, no ha perdido nada. Y eso es falso. Es cierto que no ha perdido nada desde que salió de su casa, pero ha perdido 10.000 euros que podían haber sido suyos. Eso en economía es el coste de oportunidad, o en otras palabras: coste de oportunidad es todo aquello a lo que renunciamos al tomar una decisión.
En concreto y refiriéndonos a la economía, puede parecer que tener esos 10.000 euros resguardados en una caja bajo tu cama es una buena elección. Sin embargo invirtiéndolos en deuda pública (letras del Tesoro) a 12 meses obtendría un 0,86% de rentabilidad. Esto significa que aunque físicamente no está perdiendo nada, en la práctica está dejando de ganar 86 euros. O lo que en cierto modo viene a ser lo mismo, los está perdiendo.
Las empresas hacen frente a estos problemas a diario. Si una empresa tiene un activo total de 1 millón de euros, de los cuales 200.000 están en la caja, puede parecer que dispone de una gran liquidez, pero en la realidad está perdiendo mucho dinero. Por eso invertirlos sabiamente es crucial para el funcionamiento del capitalismo.
¿Por qué suelto esta tontería? Porque lo curioso de todo es que esto no es sólo una lección de economía. También es un pequeño consejo para la vida. En nuestra vida hay infinidad de costes de oportunidad, y la mayoría de ellos los asumimos sin darnos cuenta. Desde cosas importantes como la persona que va a concursar a la tele y elige la caja (que contiene un rollo de papel higiénico) renunciando a 10.000 euros; el que renuncia a tener sexo con miles de mujeres porque se casa; hasta incluso nimiedades como elegir entre tomarse una Fanta o una Pepsi (sí, yo prefiero la Pepsi a la Coca Cola, llamadme raro).
Todo lleva un coste de oportunidad, lo que nos conduce a una conclusión: cada uno de nosotros al administrar nuestros recursos (dinero, esfuerzo, tiempo…) está sacando de sí el ecónomo que lleva dentro. Y todo esto lo deducimos de un sencillo concepto: el coste de oportunidad.
Seas hombre o mujer, seguro que en tus momentos de soltería habrás llegado a pensar: “¿Cómo este individuo puede haber encontrado a alguien y yo no?”.
A mí me ocurre en ocasiones. En un caso reciente conocí a un chaval que físicamente era… Era un 3. Y le pongo un 3 por el mismo motivo por el que a un crío no le puedes calificar un examen con cero aunque lo haya dejado en blanco. Muy majo, sí, pero cuando me voy de prostitutas me gusta gastarme mi dinero en alguien que esté de buen ver. Si es maja o no, es otra historia. En otras palabras: obviemos ahora el resto de factores que determinan lo válida que es una persona como pareja, ya que complicaría mucho la explicación. El día que sea fácil plasmar la simpatía de una persona en fotografía cambiarán muchas cosas. Pero hasta entonces, lo primero en lo que uno se fija es el físico. Y este chaval no era nada del otro mundo. Era básicamente feo. Pero no es una fealdad atractiva. Hay mujeres feas que, por una cosa o por otra, tienen atractivo. Es raro, pero es como decir: “Las mujeres con las orejas grandes la chupan muy bien”. Por supuesto, esto me lo acabo de inventar (de hecho las que mejor la chupan no tienen las orejas grandes, sino la nariz).
¿Por qué esta obsesión por el sexo oral? Muy sencillo: la palabra “felación” se parece sospechosamente a “felicidad”. Yo lo dejo caer.
El caso: este chaval, de 3, feo y no atractivo, estaba saliendo con una chica de 6. Aclaro: los números son la nota de aspecto físico, no la edad. Soy un pervertido, pero con límites. Siguiendo las teorías de Barney Stinson, si un 3 sale con un 6, yo, que soy un 7 (la verdad es que soy un 9,5, pero me mola fingir modestia) debería estar con un 10. O lo que es lo mismo: un 9 y un 1… O dos 5, o… Da lo mismo. Pues bien. El 3 de mi historia puede considerarse afortunado. No todo el mundo consigue salir con alguien tres puntos superior. Y sin embargo esa es la ambición de la mayoría de personas. La dura realidad es que casi siempre los treses salen con treses, los cincos con cincos, los ochos con ochos y yo con mujeres como ésta:
¿Y por qué soy yo, Yosterkote, el que sale con la chica de arriba y no el 3 anteriormente citado? No es porque a 3 no le apetezca: es que eso supone a mi chica rebajarse 7 puntos. La conclusión: si los 7 no queremos salir con nadie por debajo de 8 y los 8 no quieren salir con nadie por debajo de 9, ocurre lo evidente: soltería. Un 7 no tendría por qué ser soltero si estuviera dispuesto a salir con un 4.
Algo muy parecido ocurre con el mercado laboral. Antes de nada: ‘Pleno empleo’ no significa 0% de parados. Pleno empleo es la cantidad de trabajadores necesarios para aprovechar el potencial de un país y no desperdiciar recursos.
Si los trabajadores renunciaran a un sueldo mínimo, se podría lograr el pleno empleo dando trabajo a mucha más gente, eso sí, con un salario mucho menor. El gasto de las empresas en sueldos sería igual, pero la producción mucho más elevada (al elevar la mano de obra) y el paro mucho menor (o no me digáis que ninguno de los 4 millones de parados estaría dispuesto a trabajar por un sueldo inferior con tal de trabajar). Para evitar esto se establece el salario mínimo interprofesional.. Y esto es lo que los economistas clásicos como Adam Smith denominan ‘desempleo voluntario’.
No sé si me he explicado, pero tampoco me importa. En el fondo el motivo de esta breve y hortera explicación no era otro que publicar en internet que estoy soltero y podría salir con una chica como la de la foto (Alessandra Ambrosio, angelito de Victoria’s Secret) sin que quedara muy superficial. Y para que no os acostéis pensando que hoy no habéis aprendido nada nuevo.