Llevo tiempo pensándolo, y he llegado a la conclusión de que escribir un blog es más difícil de lo que parece. Simplemente porque no vale con escribir lo primero que se te pasa por la cabeza: hay que escribir algo interesante para alguien. ¿Qué quiere decir eso? Que si escribes un blog sobre la vida sexual de Cristiano Ronaldo seguramente seas más popular que el científico pardillo que publica en Wordpress sus descubrimientos y numerosas contribuciones a la ciencia… Es lo que hay.
Sin embargo la ciencia sí que tiene algo de interés, y para escribir un blog hay un elemento indispensable: saber de algo. La gente que sabe sobre ordenadores, escribe sobre ordenadores. La gente que sabe sobre faisanes escribe sobre faisanes, y la gente que sabe el teléfono de las hijas de Zapatero… Que se lo calle, por el bien mundial.
Y cuando lo único que sabes es algo de historia de Iron Maiden, de quienes hay miles de páginas escritas (la mayoría con mucha mejor ortografía), lo único que te queda es escribir posts tontos intentando arrancar una sonrisa del tío depre de turno que ha caído en tu blog por casualidad (sí, ya sé que te acaba de dejar la novia, pero mira, chaval: recientemente descubrí que hay millones de mujeres en el planeta, aunque por desgracia la única perfecta es la propia madre).
Es decir: o eres un catedrático que sabe más que la Wikipedia, o tu única esperanza de sobrevivir en la blogosfera es escribir chorradas y (tratar de) ser entretenido. Como veis, sobrevivir es algo prácticamente imposible. ¿Alguien ha visto Predator? Es esa peli alucinante en la que un ser alienígena sorprende a unos soldados en la selva: se mimetiza, tiene visión infrarroja y los mata vilmente. Y por desgracia, esos soldaditos somos los bloggers. Y (reitero), por desgracia, ninguno de esos soldaditos somos Arnold Schwarzenegger.
Y si a la ferocidad de la selva, al sadismo de Predator y al hecho de que estamos rodeados de maromos le añadimos la presión de la $GA€ y de su excelentísima señorita González-Sinde, la cagamos.
Vamos, que sólo nos queda ser graciosos y no colgar ni un sólo vídeo de Youtube por si la Ministra está en la ventana del edificio de enfrente apuntándonos con francotirador cargado con ‘consultas al juez’ de punta hueca.
Y ser gracioso es complicado, muy complicado. Para empezar, porque la única manera que se ha demostrado 100% efectiva a la hora de contar chistes, es añadir una sustancial cantidad de obscenidades, y uno tiene miedo de que próximamente se bloquee el acceso a su blog en horarios de protección infantil si se pasa a la hora de escribir palabras como “teta” o “culo” (otras referencias como verga y chorra podrán ser encontradas próximamente en la versión latina de este blog). Además, tampoco tengo experiencias extremadamente divertidas: no creo que a nadie le interesen demasiado los detalles sobre cómo no hago el amor toda la noche con ninguna señorita. Eso nunca resulta divertido, a no ser que seas Chandler Bing o tengas una estatura de 0,90 y te hagas pasar por Pablo Motos.
Y no hablemos de ser ingenioso: mi talento está fuera de onda al lado de genios del humor como Woody Alen, Mel Brooks, Rowan Atkinson o José Luis Rodríguez Zapatero con sus célebres gags ‘Vamos a salir de la crisis’ o ‘Yo prometo que vamos a alcanzar el pleno empleo’.
Sin ir más lejos, basta analizar una frase cualquiera de uno de estos cómicos, como el gran Alen: “Gracias a Dios, soy ateo”. Increíble la sabiduría de este personaje: sólo un genio como él sería capaz de sumergirnos en tan profunda reflexión con únicamente el uso de seis cinco palabras. ¿No es alucinante cómo retuerce el significado de las frases hechas como ‘gracias a Dios’ para poner de manifiesto la indudable repercusión que la religión tiene tanto en creyentes como en no creyentes? Una frase sencilla (que no simple), pero retorcida, con una ironía y un sarcasmo tan afilado como Nacho Vidal. Una obra maestra de cinco palabras.
Ahora analicemos alguna de mis oraciones más célebres, como la cuasiarchidesconocida ‘Follo gratis’. ¡Oh, Dios mío! observar esas dos palabras escritas en mi monitor me produce escalofríos: ¡Qué profundidad semántica! ¡Qué uso de las figuras retóricas! ¡Qué léxico más distinguido! Qué… ¡Qué mierda!
Sin más, me retiro para dejar que otros blogueros con agravios mentales tan graves como los míos pasen ahora a perturbar vuestra inocente mente.