Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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Boicoteemos ‘El Club del Chiste’

Wednesday, March 17th, 2010

Mi blog es famoso en el mundo entero por boicotear cosas en las que no creo: Farmville, Windows, los matrimonios heterosexuales (sí, sí, los heterosexuales) y ahora ‘El Club del Chiste’.

Hay dos tipos de televisión: la telebasura y el resto. Y aunque la linea que las separa es muy subjetiva, no tengo ningún problema en decir públicamente que en mi opinión Antena 3 es lo peor en este aspecto: programas de cotilleo a mansalva, emisiones de películas mediocres en un espacio llamado “El Peliculón” (sí, de Peliculón no tiene un ápice: eso es ego argentino y lo demás son tonterías), series llenas de jovenzuelos guapetes y salidos que dan auténticas lecciones de folleteo en las aulas, en internados oscuros y en comisarías de la Policía… Por no hablar de los noticiarios. Son tan amarillistas que para disimularlo tienen que emitir la hora previa dos episodios (harto vistos por la sociedad) de Los Simpsons.

Pero entre todas estas heces catódicas hay un programa diferente: ‘El Club del Chiste’. Un grupito de cómicos… Sí, contando chistes. Este programa debería ser objeto de devoción de personas como yo, pero nada más lejos de la verdad: lo odio.

Y no odio los chistes. Odio el programa. A continuación procederé a demonizar el programa como Dios manda: adoro los chistes. En el cuaderno de notas del IPod tengo una extensa recopilación de chistes que contar durante un periodo de necesidad, y contar chistes a desconocidos es una parte muy importante de mi vida social.

Y un día llega esta amiga, la que probablemente más estupideces me ha llegado a aguantar, y me dice que la noche anterior en El Club del Chiste la mitad de los chistes que contaron ya se los había contado yo. Y sé que la otra mitad ya me los conocía, pero nunca llegué a contarlos porque eran demasiado malos. Y lo sé porque mi padre (o como yo lo llamo: Darth Vader) interrumpió mis partidas del Call of Duty para contármelos.

Por culpa de este maldito programa, la próxima vez que me acerque a una mujer y le cuente el chiste (siempre con el honorable fin de copular, por supuesto) que dice:

“¿Sabes por qué los atletas no tienen pelo en las pelotas? ¡Porque corren que se las pelan!”

Ella me dirá que ya lo conocía, que lo había oído en El Club del Chiste. Y eso, amigos, me dolerá. Porque ese chiste era de cosecha propia.

Lo que quiero decir es que me parece genial que se intente hacer reír a la gente. Pero hay distintas maneras de hacerlo. ‘El Club del Chiste’ no es como ‘El Club de la Comedia’, o ‘Nuevos cómicos’. En esos programas son los cómicos (o en su defecto los guionistas) los que elaboran un currado monólogo para presentarlo frente al público, y eso mola.

Pero emitir cientos de chistes populares por la televisión no es lo mismo. Porque hacer eso es como mecanizar la alfarería. Sí, hay más jarrones, pero has mandado a cientos de artesanos al paro. Por culpa de este programa, los que cuentan chistes están en peligro de extinción. Porque aprenderse un chiste no es difícil. Aprenderse cientos, sí. Y saberlos contar no sólo es difícil, sino que tiene arte.

Las personas como yo tenemos una colección de chistes que hemos ido confeccionando a lo largo de los años, o bien escuchándolos a terceros o bien buscándolos en internet, libros, etc. Y es una búsqueda complicada, porque en internet de cada diez chistes que te encuentras, dos son decentes, y uno de esos ya te lo sabías. Y hay un tercer método: la invención propia.

Esa, y no otra, es la magia de los chistes: cada vez que te encuentras a un contador de chistes estás descubriendo un tesoro. Alguien que te cuenta millones de chistes malos y que consigue hacerte reír de lo malos que son. Sí, son malos, pero tú te has reído. ¿No es eso a lo que aspira un chiste?

Los chistes no son una chica a la que puedas sodomizar en tu dormitorio. Son como bebés indefensos. Esto es así debido a que los chistes tienen un momento preciso: las ocho de la mañana, cuando un compañero te cuenta su último chiste porque le apetece verte sonreír para que empieces bien el día. Otras veces intenta alegrarte un trayecto de seis horas en autobús. Y en ocasiones consigue levantar él solo una fiesta que parecía muerta.

Seguro que habéis conocido a alguien así, y seguro que habéis vivido alguna de esas situaciones. Ahora imagínate la escena: unos compañeros y tú en un vuelo de siete horas hasta Montreal. Uno de vosotros se da cuenta de que va a ser tedioso y lo hace: cuenta un chiste. Y al momento de plantear la situación (un francés, un inglés y un español entran en un bar), vais cinco de vosotros y decís que ya os lo sabíais, que lo visteis en ‘El Club del Chiste’.

En definitiva, ‘El Club del Chiste’ es para los chistosos como un programa que revela trucos de magia para los ilusionistas: los mata.

Y no te preocupes por dejar de ver ‘El Club del Chiste’. Tarde o temprano te encontrarás con ese alguien dispuesto a contártelos en el momento adecuado, y no mientras cenas frente al televisor. Si no lo haces por disfrutarlos más, hazlo por los que los cuentan. Hazlo por mí. No engañemos a nadie: los de ‘El Club del Chiste’ están ahí para ganar dinero. Dinero o fama, esa es su motivación. Pero la única recompensa para mí y para el resto de frikis cuenta-chistes de estos lares es obtener a cambio una carcajada. Una sonrisa a veces es suficiente. Y la petición de ‘Yosterkote, cuéntanos un chiste es a lo máximo a lo que aspiramos. Esperamos que tú te lo pases bien, no dinero o fama vía TDT. Y ese, y no otro, es el fin último de un chiste.

Tened por seguro que si los chistes pudieran hablar, se quejarían de este programa que los desnuda impunemente ante el público en general.

Nota: ¿Más de 1000 palabras en este post? ¡Yay!

De Facebook y las rupturas

Sunday, February 21st, 2010

Lo mejor de Facebook es que te permite obrar mal a distancia. Informarte de cosas que no te corresponden sin que la gente se dé cuenta. Facebook es como ser invisible: mola, pero su única utilidad es hacer cosas que están  mal vistas por la sociedad. Como ver mujeres. En ambos casos. Y cuando se trata de una ruptura, sirve para asegurarse de que tu ex pareja tampoco te ha superado. Porque una cosa está clara: cuando te esfuerzas por comprobar si tu ex pareja te ha olvidado, es que tú tampoco la has olvidado.

Por eso te conectas. Sorpresa. No ha colgado fotos en dos meses, pero parece que está construyendo un granero en Farmville. “Genial -piensas-. Si ha alcanzado la estabilidad emocional suficiente como para emprender la construcción de un granero, es probable que ya esté durmiendo con otro tío”. Y ya ni te cuento cuando publica en su tablón mensajes que lo confirman: “Amanda encontró unos insólitos huevos negros y quiere agradecértelo“… ¿¿¿WTF??? Dos meses de relación y lo único que obtuve fue una segunda base y una publicación de “Amanda Huevos y Yosterkote Cortés están en una relación”. Tras dejarme, sólo ha tardado una semana en publicar el color de los huevos de su nuevo ligue. Y para vuestra información: no, el color negro no es un símbolo de virilidad. Tal vez se trate de gonorrea, sífilis, herpes genital, VIH o alguna de esas…

Y eso no es lo peor. Uno de los motivos por los que boicoteo Farmville (y esto es un boicot de verdad, no como mis anteriores boicots al oxígeno y al sexo) es que si tu ex también utiliza Farmville, eso deriva en una desenfrenada lucha por ver quién la tiene más grande. La granja. Te advierto de una cosa, lector: antes de emprender una relación sentimental asegúrate de conocer el nivel de Farmville de tu cónyuge. Una vez salí con una chica de nivel 53 y tardé cinco meses en superarla… De nivel.

Desde entonces no salgo con nadie que tenga un nivel superior a 10. Por si acaso. Y si ya es demasiado tarde para ti y tu chica tiene nivel 60, más te vale olvidarte de todo y prepararte para casarte con ella. A cualquier coste, aunque seas infeliz para siempre. Te lo aseguro.

Y Farmville tiene otros efectos igualmente catastróficos. Cuando juegas a Farmville, las Flores de Pascua dejan de llamarse ‘Flores de Pascua’. Ahora se llaman ‘Poinsettia’. ¿Y del nivel de inglés que adquieres? Puedes aprender que granero se dice ‘barn’… Nada que no se aprenda viendo cinco minutos de Smallville.

Soy un pervertido

Wednesday, February 3rd, 2010

A veces pienso en cosas extrañas, y hoy me ha tocado pensar en la zoofilia.

¿Por qué alguien en su sano juicio puede dejar a un lado la vida sexual tradicional por un… perro, por ejemplo? De verdad, que no lo entiendo. No es que lo critique, pero igual todo se debe a una confusión. Desde pequeños nos inculcan que hay cierto tipo de mujeres con promiscuidad y/o poca sensibilidad emocional. Son llamadas perras y zorras.

Pero al margen de esta forma arraigada pero inconsciente de sexismo, la zoofilia puede tener más motivos. Para empezar, a la gente le gusta el sexo animal. Y hacerlo con un cocodrilo tiene que ser bastante animal. Segundo, porque cuando uno ve un animal, se excita. En realidad no, pero podría.

Me explico: si alguna vez has estado en la playa, bueno… Hay chicas. Y hay bikinis. Y la existencia de bikinis conlleva la no-existencia de otro montón de ropa que (siendo sinceros) es totalmente prescindible. Y la existencia de bikinis conlleva asimismo otra cosa no menos importante: top-less. Todos los hombres sabemos que las redecillas del bañador masculino sólo tienen una utilidad posible: frenar la erección en casos terminales.

¿Y si una chica en bikini o topless nos resulta atractiva… No será aún más provocativa la imagen de una oveja completamente… desnuda? Sí, Farmville está haciendo mucho daño a nuestra sociedad.

Sí, soy una mente pervertida, no es mi culpa. Violadores, asesinos y traficantes de droga, aprended de mi y de esta simple escusa: no soy yo, es el mundo que me hizo así.

De todas maneras, mi perversión no llega a tanto. Al fin y al cabo, que yo encuentre una explicación razonable para la zoofilia no es como si dijera que lo mejor de hacer el amor con una embarazada es que en el fondo (y nunca mejor dicho) también lo estás haciendo con una menor… Y con su futura madre.

Matadme, soy un pervertido.