Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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Penitencia musical

Thursday, May 13th, 2010

Mi habitación está hecha una pocilga. Y lo lamento por las pocilgas, ya que es una comparación bastante denigrante para ellas, todo hay que decirlo. Pero cuando me da por ordenarla (que me da), siempre empiezo por el mismo lugar: la colección musical. Para empezar, porque entre la basura que hay sobre mi escritorio, las cajas de CD son una constante. Y me gusta mantener un flujo actualizado de canciones en el IPod, así que con bastante frecuencia mis discos pasan por el ordenador.

Y seguramente os ha pasado a todos. Basta con que hayáis intentado poner orden entre vuestros discos una sóla vez, que siempre te encuentras cajas vacías de discos que llevas años sin escuchar. Todo empieza de la misma manera: un día sacas un disco de la minicadena para meter otro. Pongamos, por ejemplo, que me apetece escuchar ‘Piece of Mind’, de Iron Maiden, pero en el reproductor está ‘Invincible’, del difunto Michael Jackson. El procedimiento es en teoría sencillo. Abrimos el reproductor, extraemos ‘Invincible’ de su interior, y lo depositamos correctamente en la caja correspondiente, que está vacía. A continuación sacamos ‘Piece of Mind’ de su caja, y lo introducimos en el reproductor, dejando la caja de ‘Piece of Mind’ vacía para cuando queramos cambiar de disco.

Como digo, muy sencillo. Pero entonces, ¿por qué testículos se extravían los CDs y las cajas? Eso me frustra, porque aunque considero que el mundo es generoso en términos generales, hay cuatro grandes injusticias que deberíamos cambiar: el machismo, el racismo y que los hombres no tengamos todavía derecho a acostarnos con una asiática virgen al menos una vez en la vida. Y por último, la injusticia de que los CDs se pierdan.

Porque lo malo es que el CD se pierde mucho antes de que te des cuenta. Se pierde en el momento en el que sacas ‘Invincible’ del reproductor y no encuentras su caja. Ingenuo de tí, crees que puedes guardar ‘Invincible’ en la caja de ‘Piece of Mind’, que cuando necesites guardar de nuevo ‘Piece of Mind’ habrás encontrado la caja original de ‘Invincible’. Pero eso nunca ocurre. A las dos semanas sacas ‘Piece of Mind’ y resulta que su caja está ocupada.

Y eso es horrible. Imagínate ser un CD. Alguien ha pagado hasta 20 euros por ti, eso te hace sentir importante. Y te das de bruces con la cruda realidad de que tu dueño es un melómano con otro millón de discos que nunca escucha. Porque si fuera a escucharte te habría descargado de internet, las cosas como son. Eso tiene que ser frustrante. Como si eres Karim Benzema, un equipo paga una millonada por ti y cuando llegas a tu destino te pasas toda la temporada calentando banquillo. Eso es ser un CD.

Pero eso es sólo el principio. Cuando tu dueño quiere escucharte, te saca de tu caja y te pone a dar vueltas a toda hostia para escuchar los gemidos de Bruce Dickinson hasta que se cansan de ti. Y entonces sufres, porque… ¿Cómo te sentaría, después de estar dos semanas dando más vueltas que la cabeza de la niña de El Exorcista, que te sacaran y no te dejaran en tu caja? Compréndelo: estás mareado, tienes ganas de echar hasta la última papilla, y lo último que te apetece es ver a otro CD durmiendo en tu cama. Me ha pasado. No era un CD, era un amigo. No estaba durmiendo, estaba ensuciando las sabanas con sus zapatos dentro. Mi venganza fue terrible. Fui a su habitación y duché (con agua) su cama. Con la mala suerte de que no era su cama, era la de otro amigo. Toda una suerte que no decidiera mear en ella. Son las cosas que ocurren cuando uno va a Italia.

Lo que digo: que ser CD no es fácil. Cuando te haces CD esperas tener una vida llena de sexo, drogas y Rock and Roll. La dura realidad es que (al menos en mi caso) no es Rock and Roll, sino Heavy Metal, lo más cercano a las drogas son las ‘rayas’ que se forman en tu superficie con el paso del tiempo, y tus únicas experiencias sexuales se reducen a los breves momentos en los que el usuario mete su dedo por tu agujerito para moverte de un dispositivo a otro. Y dirás que sí, pero que ese agujerito también está tapado cuando se reproduce o cuando está en su caja… Pero no nos engañemos. No es lo mismo. No se ha de confundir trabajo con experiencias sexuales: apuesto mis discos de Blind Guardian a que las vacas no disfrutan el ser ordeñadas como si de sexo se tratara.

Así que sí, ser un CD es miserable. Y eso de que todos los CDs son iguales en dignidad no me lo creo. Porque vale que son redondos, pero no me puedes comparar un Blu-Ray que contiene el Uncharted 2 con un compacto piratilla cualquiera.

Por eso me da rabia. Porque como ‘Invincible’ está en la caja de ‘Piece of Mind’, tienes que guardar ‘Piece of Mind’ en la caja de ‘Sounds of Silence’, de Simon and Garfunkel, que es lo siguiente que quieres escuchar. Al cabo de un año te da por buscar ‘Bee Gees Number Ones’ porque te apetece sentirte gay, y no encuentras el CD por ninguna parte. Porque, obviamente, no está en su caja. Rebuscas en todas las cajas de CDs. Redescubres cajas que creías que habían sido producidas por tus retorcidos sueños. Hasta encuentras la caja de Crazy Frog:

Sí, sí, miradlo: efectivamente, sale un pito. Mi blog es oficialmente gay. ¡Hemos salido del armario!

Sí, sí, miradlo: efectivamente, sale un pito. Mi blog es oficialmente gay. ¡Hemos salido del armario!

Y cuando ves la caja vacía de Crazy Frog te das cuenta de que es inútil seguir buscando. ‘Bee Gees Number Ones’ aparecerá cuando los Bee Gees lo consideren oportuno. Y por supuesto, eso será cuando tus ganas de sentirte gay hayan pasado y ya no estés obsesionado con el pequeño pero intrigante pene de Crazy Frog. Ahora entiendes todas esas teorías chorras que estudiaste en Filosofía sobre el ‘genio maligno’.

Un buen día encontrarás ‘Bee Gees Number Ones’ dentro de la caja de ‘So Far So Good…’ de Bryan Adams, y vuelta a empezar. ¿Dónde estará el disco del bueno de Bryan?

Esa, amigos, es la teoría del eterno retorno. Y sí, yo también creo que este post ha sido aburrido. Si no hubiera metido la escena sexual de los CDs seguramente habría acabado en la papelera.

Nota: espero que mis lectoras se tomen el comentario sexista del tercer párrafo como lo que es: un chiste de mal gusto, nada más.

Uno cualquiera

Sunday, April 11th, 2010

Un madridista cualquiera en la grada del Bernabéu:

Tomémonos el 0-2 con humor.

La primera vez

Thursday, February 11th, 2010

La primera vez es especial. Todo el mundo lo sabe. Cuando uno es joven no se inquieta demasiado, no tiene prisa: se tiene todo el tiempo del mundo.

Pero tarde o temprano alguien de tu grupo de amigos lo hace y te lo cuenta. Y tú abres los ojos. Puede que no muchos de vosotros lo hayáis hecho, pero sin duda cada vez son más, y el tiempo avanza con un paso lento pero cruelmente constante, y tu gran día parece no llegar nunca.

Le preguntas a tus amigos: “Y… ¿es igual que cuando lo ves por el Plus?” Ellos te dicen que no, que para ellos fue mucho mejor, ya que ellos veían el Plus codificado.

Y parece una selección hecha por el azar, que se ceba contigo. Tú no quieres ser último. Ya te cogían último para los equipos en Educación Física, pero no quieres ser el último para esto. Esto es importante.

Y lo peor de todo es que a medida que pasa el tiempo, nunca parece haber indicios de que pronto vayas a hacerlo por primera vez. Es cierto que ya podrías haberlo hecho más de una vez, pero crees que supondrá un punto de inflexión en tu vida, de manera que no puedes hacerlo con la primera persona que se te presenta. Tiene que ser con alguien especial. Alguien que te importe, con quien te lleves bien y que sepas que va a sentir lo mismo que tú… Que no te va a decepcionar.

Algún día se publican estadísticas sobre la media de edad a la que la gente realiza ese viaje trascendental en la evolución emocional de su vida. Piensas: “Bueno, aún me queda año y medio”. Pero ese año y medio pronto será tan sólo un año, y ese año algún día serán únicamente tres meses… “Al menos-piensas- eso refleja la media. Hay mucha gente que ha tardado más que eso.” Lo que ocurre es que si has pasado la edad media, entras en el grupo de los rezagados. Y si eres un rezagado, puedes tardar un año o quince. Tu momento puede ser cualquier día de aquí a que cumplas 35.

Los hay que recorren cientos o incluso miles de kilómetros para una ocasión verdaderamente especial. Eso, señores, es amor.

¿Te ha pasado? Tal vez no. Hay privilegiados que lo hacen desde pequeños. Tal vez incluso sean demasiado jóvenes como para apreciar en sí toda la grandeza de este precioso acto. Pero no te preocupes: ante todo, hay que ser consciente de que el que la busca la consigue. Tarde o temprano, si tú quieres, lo harás: irás al Santiago Bernabéu, al Camp Nou, al Sánchez Pizjuán o al Sancho Carranza, da igual. Corearás como el que más, pitarás al árbitro aunque creas que tu delantero ha hecho una piscina tan grande como el área que pisaba… No quieres desentonar. Vibrarás con los colores, y tras los 90 minutos de juego habrás salido ilusionado, triste o habrás tenido justo lo que esperabas. Pero una cosa es segura: nadie olvida su primer partido de fútbol.

Porque el fútbol es así. El fútbol es algo simple, pero mueve montañas. Montañas de gente. Podrá gustarte o no, pero algo es indudable: si lo has hecho, si lo has presenciado con el aliento de miles de personas más… Nunca lo olvidas.