Blog de Yosterkote

|

El blog para la gente peculiar

Posts Tagged ‘iron maiden’

Cuando yo sea Pez Espada

Tuesday, June 14th, 2011

A continuación, y dado que está tan de moda esto de la democracia, expongo una serie de medidas que tomaré cuando alcance el control pleno de España.

1-España pasará a ser una dictadura republicana.

Por supuesto, yo seré el líder, y operaré bajo el título de Pez Espada. “Presidente” es rebajarse demasiado para mí, y “emperador” está muy visto. Por eso, y porque cada vez que a alguna chica bonita le digan “que te folle un pez espada”, yo haré acto de presencia. Sí, cierto: se debería reformular la frase a algo así como “Practica el arte de la cópula con su Excelentísimo Pez Espada”, pero bueno, en cuestiones de sexo podemos adoptar posturas innovadoras: abajo el protocolo y arriba el profiláctico. Sí, ha quedado forzado, es lo que hay. Para que el populacho no se cabree y se sienta importante, cada cuatro años organizaré referéndums en los que el ciudadano podrá decidir el rumbo que nuestra poderosa nación adoptará, eligiendo nuestro himno de entre toda la discografía de Iron Maiden (menos la era de Blaze Bayley, que seré fanático, pero no tanto) y el color de nuestra bandera, a saber: rojo, bermellón, carmín, escarlata, granate, burdeos, borgoña o carmesí. Al fin y al cabo soy daltónico y todos los veo rojos.

2-España adoptará el comunismo.

No es por ideología ni por motivos económicos. Es por una cuestión meramente competitiva. Por culpa del capitalismo, el ser humano vierte todos sus esfuerzos en superar a los demás teniendo la cartera más abultada. En mi república socialista todos seremos pobres, de manera que podremos orquestar nuestras clases sociales alejándonos del convencionalismo capitalista, aprovechando la nueva coyuntura para ascender socialmente por méritos propios. Tenerla más grande: 1 punto. Levantarle la novia al vecino: 5 puntos. Ser yo: un millón de puntos. Este sistema de puntos es sólo un borrador, claro.

3-Tendremos casas más pequeñas.

La solución al problema de la vivienda es sencilla: cada vivienda ahora existente se dividirá en dos viviendas separadas. El actual estado del bienestar nos ha vendido la idea de que para vivir necesitamos casas enormes, con todo tipo de habitáculos: habitaciones de lectura, habitaciones de invitados, cuartos de baño, e incluso “cuartos de estar”. Como si no se pudiera “estar” en cualquier otra habitación, burguesitos capitalistas… A las numerosas familias numerosas con problemas de espacio se les asignará (de gratis) un perchero que implementará la novedosa tecnología propiedad de Batman, el superhéroe favorito de Gotham: el batperchero, donde podrán dormir los retoños.

4-Mobiliario urbano.

Todos los municipios tendrán, en el centro de la plaza más emblemática, una escultura que representará una banqueta de oro puro. Así, todos los nostálgicos tendrán un lugar donde reunirse, recordando tiempos mejores, en los que todo el dinero era para los bancos.

5-Religión.

La religión oficial será el Yosterkotismo, y será de seguimiento obligatorio. Sin embargo, sus principios se basan en la libertad ideológica y religiosa, por lo que cualquiera que la siga (es decir: todos) estará exento de seguirla. Esta religión permite el matrimonio homosexual, aunque por cada patrimonio de esta índole que se produzca, se inseminará artificialmente a dos ciudadanas para preservar la especie.

6-Poder judicial.

Para agilizar los trámites y la burocracia, así como para abaratar costes, todas las disputas se resolverán con “Piedra, papel o tijera”, ante notario. Si la acusada y la demandante son mujeres, se resolverá por “Piedra, papel o tijera… Sobre barro”. Yo seré el notario.

7-Sandeces.

No voy a ocultar que si quiero regir España, no es por procurarle un futuro mejor, sino por que mis sandeces tengan mayor repercusión mediática (lo cual sí beneficiaría mucho a España: tenéis mucho que aprender de mí los españolitos). Algo parecido a lo que han hecho ya José María Aznar, ese gran incomprendido al que le gusta la mujer, mujer; o el gran Hugo Chávez. Tendré mi propia serie de televisión, en la que interpretaré a Yosterkote, un joven de la ciudad de Madrid que pasa el tiempo en una cafetería llamada Retiro Perk con sus cinco amigos: Raquel, Phoebe, Ross, Mónica y José. Idea original mía, lo juro. La canción de entrada será algo así como “Chan chananana-na naná naaa…

8-Leyes absurdas.

No pueden faltar. Por ejemplo, la de que no se puede escupir hacia arriba los días de lluvia mientras caminas de espaldas. O que burlarse más de tres veces al día de Mourinho diciendo “¿pur qué?” conllevará una sanción económica. “¿Pur qué?” Culpa de Unicef. Y yo hoy ya he cubierto el cupo, cagüen… Hablando de Cagüen. Todas las palabras que llevan diéresis son sagradas. Las palabras que podrían quedar guays con una, la llevarán, como por ejemplo inagüantable, paragüas o antigüo. ¡Diéresis para todos! Por supuesto, tanta ley tonta (mira qué bonito queda) está por algún oscuro motivo: lo que quiero no es ni más ni menos que tener la excusa perfecta para implantar una única pero imprescindible norma. Al igual que en Francia está prohibido llamar a un cerdo “Napoleón”, aquí estará prohibido llamarlo “Yosterkote”. Sólo porque no pienso ser menos que Napoleón.

Y creo que eso es todo. Aprovecharé para presentarme a las elecciones generales de 2016, cuando el gobierno de Rajoy ya la haya liado parda y los votantes estén confusos por ver que el AntiZapatero no es más competitivo que el propio Zapatero y España esté lista para pasar al siguiente nivel: posturas radicales, pero de verdad. Será la hora de votar al Anti Todo. Será la hora de votar a Yosterkote.

12 meses, 12 macizos

Sunday, December 26th, 2010

Fin de año. Y por enésima vez este mes, un post navideño. Yay! Y es que me llaman machista, mujeriego, misógino y todo eso, y por eso quiero hacer algo distinto. Alguien como yo, en una ocasión como ésta, aprovecharía para mentar a las doce macizorras del momento; y precisamente por eso en una ocasión así aprovecharía para hacer justo lo contrario, y publicar la lista de los 12 tíos más increíbles que hay.

Por supuesto, no son los 12 más increíbles, atractivos, sexis (sí, la RAE lo admite y el mundo se va a pique, eso es todo) y molones. Primero, porque la lista está confeccionada desde mi punto de vista, es decir: un varón cinéfilo heterosexual, y puede no ser un criterio muy global. Segundo, porque una lista de los 12 tipos más sexys en la que yo no esté, evidentemente, carece de credibilidad. Así que al lío:

Diciembre (12): Jeff Bridges

Diciembre es un mes frío, helador, como los pequeños ojitos de este actorazo que te penetran cual helados punzones. Pero también es un mes alegre, con vacaciones, comidas, navidades y cositas de esas: un mes tan agradable como su bonachona sonrisa. También es un mes para la nostalgia, donde miramos a los 11 meses precios con añoranza y una sonrisa en la cara. La misma sonrisa que se me queda pensando en peliculones como El Gran Lebowski, Starman o Nadine. Vale, no es especialmente guapo, pero no se puede negar que con su presencia impone, y mucho. El otro día fui a contratar una póliza y el hombre que me atendía tenía sus mismos ojos, su misma barba. Él no lo sabía, pero si me lo hubiera pedido habría asegurado hasta mis calzones contra un ataque de termitas. Y por si fuera poco, en Iron Man el hombre nos recuerda a Don Limpio. ¿Qué más se puede pedir?

Noviembre (11): Sean Penn

Otro madurito, como a mí me gustan. Tiene la ventaja de que si a su apellido le añades una ‘e’, te queda todo un icono de virilidad. Tampoco es especialmente guapo, pero su semblante serio, seguro de sí mismo inspira clase y grandeza. No me hará sentir como una mujer, pero sí como una dama. Te queremos, Penn(e).

Octubre (10): Adrian Paul

Vale que para ser mi sex symbol “namberguán” es un tío bastante desconocido, pero aquí, donde lo vemos, entre otras, protagonizó la serie de Los Inmortales durante los noventa. Un hombre que corta cabezas a otros inmortales para proteger el universo, que sale en una serie en la que la banda sonora es ni más ni menos que de Queen, y que a pesar de tener 400 años se conserva así de bien, se merece ser míster Octubre. Alguien se preguntará  por qué no pongo a Christopher Lambert en su lugar, el prota de las películas originales, que es más famosete y tal. Primero, porque Adrian está más bueno. Segundo, porque en las películas Lambert siempre se paseaba por ahí con las mismas deportivas cutres. Lambert: no ir a la moda tiene un pase. Pero copiar mi estilo, no tiene perdón.

Septiembre (9): James Caan

Otro que tiene más carisma que cara bonita, qué se le va a hacer. Si fuera mujer me gustarían los tipos serios, duros, curtidos pero con clase, como Caan (Santino Corleone) en El Padrino o en Rollerball (la original, no el cutre-remake).

Agosto (8): Colin Farrell

En su contra: que (en mi opinión) tiene una pinta de soso que no puede con ella. A su favor: que me puso de los nervios en Última Llamada, que salió en Corazón Salvaje con el todopoderoso Jeff Bridges (Míster Diciembre, recordemos), y que… ¿Realmente necesitamos motivos? Si está bueno, está bueno, leñe.

Julio (7): Seann William Scott

No tiene una cara perfecta, vale. Es más: tiene una sonrisa más asimétrica que mi escroto cuando sumerjo el testículo izquierdo en agua helada mientras le doy con un soplete al huevo derecho (no hagáis preguntas), pero tiene encanto. Mucho. Y es que ser Steve Stifler (o Steve Moister) en American Pie pesa mucho. Y porque aunque le hayamos visto comerse y degustar una caca de perro como si de una deliciosa trufa se tratara, nos sigue pareciendo atractivo, divertido y un salidillo… Pero con un gran corazón. Y un cuerpo de acero, claro.

Junio (6): Timothy Dalton

“Bond. James Bond.” Yo digo eso en un bar y no me como un colín, pero a este hombre le funciona. No es el más famoso, ni el que más pelis tiene, pero sí ha sido el más elegante, el más caballeroso, el más Bond, y en mi opinión el más infravalorado. ¿Acaso no tiene más clase, mejor porte y mejor hoyuelo en la barbilla que cualquiera de los otros Bond?

Mayo (5): Lee Van Cleef

Esa mirada es sobrecogedora. En serio. Siento que si este gran actor me mirara a los ojos como miraba a Rubio y a Tuco en El Bueno, el Feo y el Malo durante el duelo final, no podría vestir de blanco en mi boda. No tengo más que decir.

Abril (4): Tom Welling

Tom Welling pertenece a esa hornada de actores que interpretan a jovenzuelos de 17 años cuando en realidad tienen 27. Pero como su personaje es Clark Kent (Superman) en Smallville, se le perdona. Evidentemente, se espera que el único superviviente de Kripton esté un poco más desarrollado que el resto de enclenques de su edad. Han pasado nueve años, nueve temporadas. Y a medida que la serie se desvirtúa y comienza a pedir la eutanasia de las series en su larga agonía (la cancelación), Welling parece estar más y más bueno. O igual soy yo, que me han ido asaltando las hormonas de la adolescencia, la que lo ve más irresistible.

Marzo (3): Clint Eastwood

Sí, otro de “El Bueno el Feo y el Malo”… ¿O debería llamarse “El Buenorro, el Feo y el Malo”? Y éste entra en el Top 3. Claro que está mayor, eso no puedo negarlo, pero si las miradas de Lee Van Cleef o Jeff Bridges están que quitan el hipo, la de Clint es para mear y no echar gota. Dejaré una cosa bien clara: hay dos requisitos indispensables para ser un hombre. Uno es tener pene. El otro es haberse puesto alguna vez delante de un espejo y recitar estas dos frases de Eastwood:

“Sé lo que estás pensando: si disparé las seis balas o sólo cinco. La verdad es que con todo este ajetreo también yo he perdido la cuenta. Pero siendo éste un Magnum del 44, capaz de volarte los sesos de un tiro, ¿no crees que debieras pensar que eres afortunado?”

Y:

“Verás, el mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado, y los que cavan. Tú cavas:”

He dicho.

Febrero (2): Brad Pitt

Mi madre cumple años en febrero. Por eso es un mes especial. Mamá, si lees esto (que sé que lo leerás, porque lo que tienes de buena madre lo tienes de cotilla) te lo dedico. Brad Pitt. Al principio de su carrera estaba bueno. En el Club de la Lucha me hizo sentirme incómodo por lo buenorro que estaba (no me importa reconocerlo). Y ahora que entra en la categoría de maduritos, sigue estando espléndido. Indiscutible, insuperable, y lo que grito cuando me enjabono mis partes en la ducha: “Sexy, sexy, sexy“.

Enero (1): Eddie

¿Alguien dudaba que el primer puesto sería para la mascota de Iron Maiden? Tal vez lo haya comentado antes en el blog, no lo sé. Son 200 entradas y no llevo la cuenta de todas las chorradas que escribo (gracias a Dios). Pero Eddie es siplemente perfecto: gran sonrisa, melena trepidante, mirada profunda y filosófica pero un poco amenazadora (sólo un poco), ni un ápice de grasa (todo fibra), mujeriego, agresivo, aventurero, viajero del tiempo… Y compartimos gustos musicales. Todos los de esta lista lo valen, pero si uno de ellos tuviera que hacerme mujer, lo siento: Eddie gana. Porque el mundo se divide en dos categorías: los que están muertos, y los que cavan. Y los otros once cavan.

Esa es mi lista. Sé que me he saltado a Hugh Jackman y a Johny Depp y que no me merezco vuestro respeto, pero es lo que hay. Suficiente tengo con esto. Planeaba hacer una lista de 10 y la he terminado ampliando a 12 con la excusa de los meses del año porque hay demasiados tíos atractivos en este planeta. Y no, no me siento menos macho. Así que ahora me iré a hacer cosas de hombre hetero, como jugar a los soldaditos o ver una peli de Schwarzenegger.

Hasta la próxima.

Las peores, y a la vez mejores, 24 horas de mi vida.

Sunday, August 22nd, 2010

Ayer ví a Iron Maiden. Por fin puedo morir. Porque desde que supe que el 21 de agosto vería a mi grupo favorito, mi vida cambió. Es como saber con dos meses de antelación el día, la hora y el lugar en el que vas a perder la virginidad. Y todo por 66,6 euros, como de costumbre.

La única diferencia respecto a perder la virginidad es que el concierto (esperas) va a durar más de cinco minutos.

Llegas a la estación de Méndez Álvaro para coger el autocar. Guay, porque ves a algún que otro tío con camisetas de Iron Maiden, como tú. Los metaleros seremos muchas cosas, pero elocuentes, lo que se dice elocuentes… No.

Yo: -Hola.

Jebi1: -Hola.

Yo: -(Señalando su camiseta) ¿Vas al concierto?

Jebi1: -Sí.

Pausa

Jebi1: -¿Tú?

Yo: -Ajá (acompañado de un movimiento afirmativo con la cabeza).

Jebi1 es uno de los personajes de esta historia. Venía acompañando a su hija, JebiHembra. El otro protagonista es Jebi2. Un tío cuyo peinado fue desfigurándose progresivamente a medida que pasaban las horas.

Una vez en la cola (del concierto, digo) descubrí por qué la enseñanza en España es una basura. Profesor de Geografía, escucha esto: ¿dices que el mar suaviza las temperaturas? Mis gónadas. Estuvimosmás de cuatro horas bajo el tórrido solazo mediterráneo. Podíamos ver cómo las gotas de sudor que caían desde nuestros cuellos hervían violentamente al golpear el hormigón. Y por supuesto, me quemé. Este mediodía, al llegar a casa me he mirado al espejo y he encontrado un precioso color a lo Dr. Zoidberg sustituyendo a mi característico blanco neveril.

¿Dónde está mi madre insistiéndome en que me ponga crema solar cuando de verdad se la necesita?

A todo esto, y antes de seguir, he de reconocer que ese no era el plan original. Desde el primer momento tenía planeado llegar al puerto, hacer una llamada a una JebiAmiga, que estaría haciendo cola desde varias horas antes, y colarme entre su JebiGrupo por la cara, o ‘baideféis‘, que dicen los ingleses.

A las 13:00 llamo a su número: ‘Hola, ¿dónde estáis?’ A lo que ella sorprendentemente responde: ‘Dando una vuelta. Luego comeremos, seguiremos por ahí y ya te veremos. Estás en la cola, ¿no?

Oh, mi desdicha. Al final sería yo la víctima de mi propio y maquiavélico plan: el pringadillo que guarda cola al sol mientras los demás se divierten.

‘Sí, estoy en la cola.’

Ella pregunta: ‘¿Y cómo puedo encontrarte?’

‘Muy sencillo: soy el que lleva una camiseta de Iron Maiden.’

‘Pero si todos llevan camiset…’ Cuelgo. Por supuesto que todos llevábamos camisetas de Iron Maiden.

A las 17:00, a una hora de la apertura de puertas, JebiAmiga llama.

‘Oye, ¿dónde está el Auditorio Marina Sur?’

El Auditorio Marina Sur era el lugar del concierto, por lo que le respondí con un facepalm telefónico, seguido de unas breves pero claras explicaciones de cómo llegar.

No volví a saber nada de JebiAmiga.

Se abrieron las puertas y surgió otro nuevo inconveniente: No se permite la entrada al recinto con bebida o comida. El motivo es muy sencillo: nadie es tan tonto como para gastarse 8 euros en una cerveza si puede llevarse la suya de casa, de manera que se aseguran de que pases a esa sauna llamada concierto sin nada que te refresque y piques en su trampa. Jebi1 y JebiHembra, sin embargo, llevaban una bolsa de deporte llena de ropa y comida a partes iguales.

La cola avanzaba a trompicones, y entre el frenesí de jebidestrucción, Jebi1 trataba por todos los medios de colocar la ropa perfectamente sobre la comida. Cierra la cremallera, levanta la cabeza y se encuentra con la fría y dura mirada del guardia de seguridad, que le pide que abra la bolsa.

A nuestra izquierda otro guardia se las ve con unos chavales que, para deshacerse del agua, se la estaban tirando los unos a los otros.

Nuestro guardia rebusca entre la ropa. Una manzana: a la basura. Un botellín de agua: a la basura. Era demasiado tarde. La bolsa había caído en poder de la autoridad, y la autoridad había descubierto el pastel. El pastel, la empanada, la tartera y los macarrones con queso. En defensa de Jebi1 diré que el suyo es con diferencia el mejor doble fondo improvisado que se podía haber hecho con los recursos de los que disponía. Él miraba al guardia con carita de cordero degollado. ‘Menudo jebi’, pensé.

Era todo un dejá-vu. Jebi1 se sentía como si estuviera en un aeropuerto norteamericano con tres kilos de cocaína escondidos en el culo mientras un perro de la policía se detenía a olisquearle el ano. No había nada que hacer. tanto trabajo preparando la comida habría sido en vano. Sólo podía contemplar en primera fila el fatídico desenlace. O eso creía. Cuando el guardia hurgaba bajo la ropa, tocando lo que probablemente era un bocata de lomo, los chavales que se estaban mojando los unos a los otros a nuestra izquierda terminaron de vaciar su botella sobre el guardia que estaba a punto de convertirse en el verdugo de Jebi1. Jebi1 miró al cielo, pidió piedad por las almas de los chavales que le habían salvado el cuello y siguió su camino como quien no quiere la cosa.

Poco más que comentar. Tras Edguy, los teloneros (que dejaron constancia de que son uno de los mejores grupos de metal que ha surgido desde los noventa) llegaría Iron Maiden. No sin que antes el batería de Edguy tirara las baquetas al público. Lanzó una al aire. La otra al centro de la mole. Un centro en el que yo me incluía. Vi girar el palito en el aire a medida que se acercaba a mí. Levanté las manos. Más que para cogerla, para protegerme la cara. En un abrir y cerrar de ojos nueve personas estaban a mi alrededor (o mejor dicho, alrededor de la baqueta) matándose por conseguirla. Cuando me quise dar cuenta, ¡sorpresa! yo también estaba agarrando uno de los extremos. Al final va a resultar que tengo dotes para el baseball. Tras media hora de lucha sin cuartel por un simple palito de madera, me dije a mí mismo: ‘Uno momento: tú no tocas la batería.‘ Solté el palito. Una nota: doy fe de que las baquetas usadas por Edguy son resistentes. Mucho.

Luego salieron los Maiden. Tocaron, y tocaron bien. Una pena estar rodeado de otros 20.000 borregos como yo. Aunque Maiden gane un montón en los directos, aunque Dickinson sea el frontman más carismático de la Tierra y aunque Steve Harris me disparara con su bajo, Iron Maiden es una múscia muy jebi, sí, pero que hay que interiorizar. Iron Maiden puede escucharse perfectamente rodeado de 20.000 almas que sudan, botan y gritan. Pero Iron Maiden gana muchos enteros cuando se oyen desde el corazón. Y la grave deshidratación me lo puso difícil. Tuve que abrirme paso hasta el puesto de cerveza. Una cerveza que en este caso fue terapéutica, ya que sin ella habría muerto.

Quién me iba a decir que cuando Iron Maiden concluyeron su ‘Running Free‘, la noche no había hecho más que empezar.

Al salir fuimos a la playa. Es una gozada tumbarse en la arena sin freírte en tu propio sudor por efecto del sol. Inteligente de mí, decidí bañarme. Con pantalones, claro. De todas formas, ya estaban llenos de tierra. Es placentero, como digo, bañarse por la noche. O al menos lo fue hasta que nadando me tropecé con un bidón de gasolina. Amamos el medio ambiente. Por algún extraño motivo se me pasaron las ganas de nadar. Cogí mis cosas y me despedí de Jebi1 y JebiHembra. Me lanzaría a la aventura a buscar la estación de tren de la que saldría al día siguiente (hoy) hacia Madrid.

Jebi2 decidió acompañarme. No sabía dónde se metía.

Tal vez pequé de un exceso de confianza creyendo que llegaríamos a pata desde el puerto hasta la estación de Saint-Isidre. Cuando algo está en la otra punta de Valencia, está, de hecho, en la otra punta de Valencia. Valencia no es ningún pueblucho, para mi desgracia. Y cuando vas con los pantalones mojados y sin monociclo en una ciudad desconocida, peor. Jebi2 y yo llegamos a la determinación de que cogeríamos un taxi hasta Saint-Isidre, y ahí buscaríamos un sitio donde dormir.

Bajamos del taxi en lo que parece un descampado y le pregunto al conductor: ‘¿Sabes dónde hay algún hotel cercano?’

Él nos responde que no, que por ahí no hay hoteles. Que estamos en las afueras de Valencia, y que ahí no hay nada. Que estamos en medio del desierto. Que si morimos ahí probablemente tarden años en encontrar nuestros cadáveres, si es que los encuentran. Sube su ventanilla y arranca a toda velocidad, no sin antes dedicarnos una risa a lo Michael Jackson en Thriller:

Oímos un relámpago, escuchamos su correspondiente sonido, y a continuación nos acongojamos ante un lobo que aullaba en la oscuridad.

Sí, he exagerado un poco, pero en ese momento la sensación fue idéntica.

Buscamos un hotel, un motel, y hasta un chotel. Nada. En las 2 horas que paseamos por allí sólo pasaron tres personas, y ninguna conocía un lugar donde se pudiera dormir. Rendidos, decidimos hacer turnos de guardia mientras el otro duerme.

Mi sueño duró poco: no sólo porque dormir en el banco de una parada de autobús es una mierda, sino porque al estar quieto los pantalones empapados me estaban haciendo tiritar. Fue muy hábil por mi parte no ser consciente de que por la noche el sol no pega tan fuerte como durante el día.

Convenzo a Jebi2 de coger otro taxi, uno que nos lleve al hotel más cercano, y pasar allí la noche.

Y así hicimos. Salvo por el detalle de que los hoteles que visitamos estaban llenos. Pasé a los baños con la esperanza de que tuvieran un maldito secador. No lo tenían. Desde ayer odio las toallitas de papel.

La solución, por lo tanto, pasadas las cuatro de la madrugada, fue sentarse junto a una boca de metro. Tuve que quitarme los pantalones para no morir congelado en mi propia estupidez, durmiendo de nuevo por turnos. Cuando abrieron el Metro (dos horas más tarde) nos metimos. Al frío sumemos la jaqueca, y una hora de espera hasta que pasó el primer metro que nos llevaría, de nuevo, a la estación de tren que alguien había decidido montar en medio de la nada. Cristóbal Colón estaba convencido de quepor mucho que avanzara, nunca llegaría a un abismo donde todo se acaba y sólo hay vacío. Evidentemente Colón nunca estuvo en la estación de Saint-Isidre.

En la estación encontré un baño con secador. A partir de ahí fui el hombre más feliz del mundo.

Termino con una reflexión: como dije al principio, ver a Iron Maiden fue como perder la virginidad: nervios, calor y sudor a partes iguales, algo de cerveza, musiquita, botes, escalofríos, espasmos, frío glaciar, muchos gritos, cansancio físico, malestar general, deshidratación, quemaduras, tal vez alguna venérea, 66 euros más gastos de transporte y lo más importante: ni un orgasmo.

Definitivamente, tengo que volver a verlos.