Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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Odio a James Bond

Friday, January 29th, 2010

Mentiría si dijera que odio a James Bond, pero dado que si uno no miente no puede llegar a nada en la vida, lo diré: odio a James Bond.

No me malinterpretéis: James Bond mola. Para empezar, su nivel de inglés es con toda probabilidad superior al tuyo. Segundo, el inglés no es el único idioma que controla: en Sólo Se Vive Dos Veces nos recuerda que sus grandes notas en el dominio del japonés, por ejemplo. A demás, es elegante hasta repartiendo leches. El contrincante puede ser un tío de tres metros, tener un garfio asesino o una dentadura de hierro, que Bond apenas se despeina. Bond mola.

Sus superiores le odian, pero nadie hace el trabajo mejor que él. Por eso puede romper coches caros. Y por si fuera poco, por si aún no es víctima de tus envidias enfermizas… Sí, él hace el amor. Chúpate esa.

Pero detrás de este ‘entrañable’ personaje (las comillas van por Daniel Craig, por si no lo habéis notado) hay una oscura verdad: todas las películas son la misma. Puede que no te lo parezca si ves una o dos al año. Pero cualquiera que se las haya visto todas seguidas sabrá a qué me refiero:

Aparece Bond besando a una mujer. Por la postura de sus brazos alrededor de ella, podríamos pensar que han tenido/están teniendo/acaban de tener un revolcón. Bond no folla falla. De repente cinco japoneses/rusos/mercenarios abren la puerta y le intentan sorprender, pero Bond, muy listo él, estaba al tanto del peligro y guardaba una pistola bajo la almohada (cosa que no desconcertó a su chica). Se los carga. En ese mismo momento, en otra parte del mundo, alguien muy malo malísimo hace algo malo malísmo.

Créditos del principio: Bond pasea y dispara a la cámara, que se tiñe de sangre. Siluetas de mujeres bailan al son de la silueta de alguien que dispara pistolas de humo naranja y una cancioncilla, preferiblemente cantada por una mujer o AOR.

A continuación, alguien le explica la situación a Bond. Tiene que viajar a un sitio lejano a investigar algo extraño. Al llegar, alguien intenta matarle. Bond se escapa, y por el camino el encargado de turno le presenta a una rubia tonta que le ayudará. Hace el amor con ella, y luego le dice algo del estilo: “Sé que trabajas para el malo e intentas matarme.” Ante esto, la chica queda desconcertada. Es normal: yo no aguanto que las mujeres me digan que intento matarlas mientras les hago el amor. Pero casualmente, Bond tenía razón, y la chica se lo estaba pasando por la piedra para ganarse su confianza.

La mujer, herida, le espeta que si estaban fornicando como conejos cinco minutos antes era porque esas eran las órdenes, no porque ella se sintiera atraída por Bond. Bond ahora la mira en plan: “¿Y a mí qué me cuentas? Acabo de echar un polvo y eso es lo que importa.” Lo que se dice toda un ejemplo de chico ideal (ni Edward el vampiro ni chorradas).

Y llega la parte aburrida de toda película de James Bond: empieza a pasearse por las instalaciones del malo malísimo buscando información. Al ser posible buceando. Finalmente se disfraza de periodista u hombre de negocios o algo así para ganarse la confianza de éste, aunque el malo no se lo traga: cuando Bond se da la vuelta, el malo presiona un botón y da la orden: matadle. Y como la rubia tonta me ha fallado, echadla a los tiburones.

Bond está atado a una silla, pero con un botón de su reloj, saca una pequeña sierra circular y corta las sogas que le retenían. Luego se aprieta el gemelo, de donde sale una muñeca hichable con pinchos en todos sus orificios, que servirá de cebo para los matones salidorros del malo. Escapa y ayuda ahora a la tía mala con la que había hecho el amor. Cuando salen, la rubia tonta (que en realidad es una ex-espía soviética renegada de su pasado) les entrega todos los planos de la macro-obra infernal que el malo está realizando bajo tierra o mar. Van allí, matan a mucha gente con pistola y detonan un artefacto que hunde la instalación. Con el malo-malísimo dentro.

Para terminar, aparecen Bond y la rubia tontita, buenorra y ex-espía soviética haciendo el amor, mientras ella dice con pasión: “Oh, Sheims…” Importante: no dice “James”, o su transcripción fonética española “Yeims”. Ella lo pronuncia con estilo. Por muy rusa que sea, siempre pronunciará el nombre con un distinguido acento británico: “Sheims”.

Créditos finales.

Yo también quiero ser como Bond.

Somos tan malos que no sentimos ni vergüenza

Wednesday, January 20th, 2010

Si quieres ser malo, tienes que ser malo con estilo. Mira cualquier película de James Bond: te aseguro que el malo tiene carisma. Es más: en las películas de George Lazenby y Daniel Craig es aún más carismático que el propio Bond. Esto se debe a que es malo y lo sabe: por un puñado de dólares (normalmente un puñado te tamaño considerable, todo hay que decirlo) está dispuesto a las mayores barbaries, y se siente orgulloso. Si no fuera porque la justicia le persigue, exhibiría sus crímenes contra la humanidad para pavonearse, montando convenciones con los malos malísimos de todas las pelis en una especie de “Quién la Tiene Más Grande” (la maldad, se entiende).

Ese es un tipo de ser malvado, más presente en las obras de ficción que en la vida real.

Hay un segundo tipo de malos: los malos que sí tienen vergüenza. Un violador, por ejemplo, sabe que es un violador. Sabe que es lo más de lo más en la escala de la escoria humana, y se avergüenza de ello: por eso cuando pillan a uno y la televisión lo graba, éste se tapa la cara. No son buenas personas, por supuesto, pero son personas. Son personas en tanto que tienen una noción de sensibilidad (se la saltan a la torera, pero la tienen).

Y hay un último tipo de malos: los malos de verdad. Son tan malos que ni siquiera saben que son malos. Se creen que hacen un servicio al resto del mundo, o al menos eso es lo que pretenden hacer ver. Hablo de la chusma que se aprovecha de las desgracias humanas para quedar bien delante de los demás. Algo que antes conocíamos con el nombre de “amarillismo”, y que por desgracia ahora llamamos “noticias”. Crear una ONG que lucha por mejorar la legislación sobre el tráfico y las carreteras con el fin de reducir el número de víctimas en carretera es altruísta. Crear una plataforma llamada “PONLE FRENO” para ganar repercusión mediática y colgarse una medallita con cada nuevo informe de la DGT, por muchas muertes que eviten… No es altruísta.

Informar día a día sobre el terremoto de Haití y su desarrollo es dar noticias. Mostrar cadáveres por la televisión es sensacionalismo. No sé si los medios creen de verdad que lo que hacen es informar. de hecho, prefiero pensar que lo que quieren es informar con toda la buena intención del mundo… Aunque cada vez que enfocan un bebé que tiene un pie en el otro barrio me hacen dudar de ello.

En cierto modo los haitianos tienen suerte de estar tan subdesarrollados, porque si tuvieran televisión y sintonizaran alguna cadena española se les caería la cara de vergüenza: ganar dinero a costa de un cadáver es bastante feo. Es tan feo como violar a tu hermana pequeña y dejarla embarazada.

Y este es el tercer tipo de malos: son los malos que dan la cara cuando algo malo ocurre para presentarse como héroes de la humanidad.

Llamadme raro, pero no me gustaría que un pez gordo se enriqueciera difundiendo imágenes de mi familia lapidada.