Blog de Yosterkote

|

El blog para la gente peculiar

Posts Tagged ‘ligar’

Internet al servicio del amor

Tuesday, February 9th, 2010

Sí, pervertidillos: en internet hay pr0n, pero hoy no vamos a tocar ese palo (primer chiste fácil en la primera línea… Me voy superando). ¿Queríais sexo? Lo siento. Si miráis el lado bueno, la gente dice que el órgano sexual más potente es el cerebro. Sí, Almodóvar habría sido una leyenda del cine X.

Pero lo que es indudable, abordando ahora el tema que ahora nos atañe, es que internet ha revolucionado nuestras vidas. Sin ir más lejos, estás leyendo esto por internet. O eso, o ya te has hecho con la versión impresa de mi blog que puedes conseguir aquí (y pongo esto bien extenso para que hagáis click, pequeños mequetrefes).

Al margen de otras aplicaciones, internet está genial para entablar conversaciones. Seguro que en la vida real te ha pasado esto alguna vez:

Con internet eso ya no pasa. Como el 90% de las conversaciones son por messenger (o sucedáneos), si no hay tema de conversación siempre puedes mandarle fotos de gatitos y quedar como un tío de puta madre. De hecho, un amigo mío sólo es capaz de mantener conversaciones con miembros del sexo de pelo largo a través de internet. Únicamente espero que n0 se note demasiado que por ‘un amigo mío’ me refiero eufemísticamente a mi.

Pero en internet todo son ventajas. Yo, por ejemplo, he llegado a tener cientos de novias a las que nunca he visto en la vida real. Y soy plenamente consciente de que la mayoría de ellas seguramente eran hombres.

Otra cosa interesante es cómo ha cambiado el concepto de ‘relación a distancia’. Antes mantener una relación a distancia exigía un pequeño sacrificio. Ahora el único sacrificado es el sexo (y en casos como el mío la cantidad de sexo a  sacrificar tampoco es tanta). De hecho, hoy por hoy estoy trazando un elaborado plan para ligarme por internet a al menos una mujer de cada metrópolis subregional (que mi profesor de Geografía lea esto, a Dios se lo suplico) de España y al menos dos en cada país de la UE, EE.UU., Canadá, Rusia y Japón. Así si algún día me da por viajar, siempre tendré cama gratis… Y puede que algo más.

¿Desventajas? Prácticamente ninguna. Vale que con mi novia polaca nunca pude salir a dar un paseo… Pero nos metíamos en Google Street View y nos lo imaginábamos. Lo mismo con los besos y caricias. Y es que en el fondo el sexo e internet no son tan distintos: uno te contagia enfermedades, y por el otro te llegan virus. Mi padre te preguntó si usaba protección. Nunca olvidaré su cara le contesté: “Sí, papá, uso Panda”. Sólo él sabe lo que pudo interpretar.

Y es que por internet he tenido cientos de novias. Aún recuerdo la primera. Incluso me mandó su foto:

¿No era guapa? Pues al parecer hay millones como ella en internet. Lástima que la dejara escapar.

No era guapa? Pues al parecer hay millones como ella en internet. Lástima que la dejara escapar.

Internet es genial para esto del amor.

De cómo aprendí a ligar… O casi

Tuesday, February 2nd, 2010

Hoy voy a desnudarme un poco. Voy a contaros un pequeño relato en forma de monólogo que marcó una nueva era para mi; mi primer monólogo, con el que dejé de imitar a célebres personajes como a Ángel Martín, a Goyo Jiménez o al Frutero de 7 Vidas para empezar un nuevo camino: imitarme a mi mismo (eso que todos hacemos cuando nos quedamos a solas durante un espejo, pero en público). Este monólogo lo horneé hace dos veranos, pero no he llegado a contárselo a mucha gente. En primer lugar, porque es algo muy íntimo, y en segundo, porque está pensado para durar cerca de 20 minutos… O lo que es lo mismo, 15 minutos más que la mayoría de todas mis citas con mujeres.

Es un monólogo pensado para ser interpretado y no leído, así que lo modificaré un poco con tal de hacer más fácil su lectura.

¿Y por qué un monólogo?

La verdad, amigos, es que siempre he querido ser cómico. Y es triste, porque sólo hay dos maneras de hacer reír a la gente. La primera es ser un capullo. La segunda, dar pena. Por eso los capullos y los que dan pena se llevan tan bien. La idea de ser un capullo es más atractiva, pero al final acaba minando tu reputación, así que todo cómico acaba haciendo el primo: Mr. Bean, Chiquito de la Calzada… Todos hacen el primo. Yo no pienso ser mejor que ellos.

Mi monólogo, por eso, es de lo que todos los monólogos son en esencia: sexo. Es el tema más recurrente porque, seamos sinceros: a nadie le interesa tanto la política de fichajes del Real Madrid como las novedades de los laboratorios Durex. En serio, he echo la prueba. Un día estaba aburrido con un amigo, así que decidimos jugar a este juego absurdo de los psiquiatras. El psiquiatra dice una palabra y el paciente la primera que se le venga a la cabeza. Fue algo así:

Amigo: “Pan.”

Yo: “Sexo, sexo, sexo…”

Es inevitable. Pedirle a un hombre que deje de pensar en sexo es como pedirle… Que deje de pensar. Tiene el mismo efecto que pedirle a una lesbiana que deje de ser lesbiana. No funciona (lo juro). Todavía recuerdo a mi primera lesbiana. Eran las fiestas del pueblo, y la ví. Era una preciosidad que cumplía estéticamente con todos los requisitos que una mujer tenía que cumplir para gustarme: los requisitos por aquel entonces eran dos: ser mujer y, opcionalmente, estar borracha. Era, por lo tanto, mi mujer perfecta. Le pregunté a mi compa si él también creía que aquella mujer era la mujer perfecta, y me dijo:

Compa: “Ni hablar, tío, nunca podrás tirártela.”

No es que mi amigo supiera de mis problemas de erección, sino que sabía que ella era lesbiana. Yo le miré a él, la miré a ella, pensé en mis recurrentes disfunciones, y me lancé. “Si total…”. Entre otras cosas, me lancé porque por aquel momento creía que el lesbianismo era una burda mentira: una leyenda urbana, una cuestión de Fe, como la religión, el Big Bang o las Matemáticas. Un bulo que algún gurú del porno había inventado para hacer más creíbles las películas.

Seamos sinceros: el porno sin argumento es un truño. No es lo mismo ver a dos mujeres enrollarse en el sofá que ver a dos mujeres enrollarse en el sofá porque se quieren. Bueno, ahora que lo pienso, sí que es lo mismo. Sin embargo un buen argumento siempre es un plus. Si quisiera ver películas sin argumento me vería alguna como “Beethoven”, la del perro éste pianista…

Finalmente decidí que mi compa mentía: era pura envidia cochina… Un ardid para evitar que yo me ligara a una moza de buen ver. Al fin y al cabo, no éramos tan amigos. Nuestra relación se basaba fundamentalmente en el ensalzamiento de la amistad que el alcohol provoca. De esto que un tío con el que has hablado dos veces se te cuelga del hombro y te dice completamente borracho:

“Tío, eres la polla”.

Eso me preocupa de veras. En primer lugar porque está tan borracho que podría vomitarte encima en cualquier instante. En segundo, porque te ha dicho literalmente que eres la polla. No sé el resto de varones españoles, pero yo siempre he tenido cierta predisposición a detestar las pollas, no sé por qué… Llámalo X (o XXX).

Eran esas cosas las que se me pasaban por la cabeza mientras me acercaba a la moza con mis manos sudorosas y mi voz temblante. Fueron los diez metros más difíciles de mi vida. Cuando llegué allí, mi impresionante cerebro se desdobló en dos, y en lugar de reaccionar, se quedó manteniendo una conversación:

Lesbiana: -Hola.

Yo: -…

(Cerebro 1): -Vamos, tío, di algo.

(Cerebro 2): -¿¿El qué??

(Cerebro 1): -Yo qué sé: dile que eres el repartidor de pizza.

(Cerebro 2): – ¿¿¿WTF???

(Cerebro 1): -Bueno, en el porno siempre funciona. Da igual, tú di lo que sea, reacciona, pero di algo.

(Cerebro 2): -¿Algo?

(Cerebro 1): -Sí, algo.

Yo: -Esto… A.. A-Algo.

La ventaja de ser tan pringado como yo es que puede haber ligones maestros, con frases magistrales sacadas de internet, del estilo de “Estás tan buena que me comía tu regla a cucharadas” con las que se llevan a cualquier tía. Pero todavía hoy estoy seguro de ser el único tío que ha llegado a entrarle a una mujer con la frase “Algo“. Como tengo una mente ágil, conseguí enmendar un poco mi error:

Lesbiana: -¿Algo, qué?

Yo: -¿Algo? No, algo no: Al Gore, ya sabes, el del calentamiento global… ¿No tienes calor? porque puedes quitarte la ropa si quieres.

Lesbiana: -Tío, lo siento, pero tienes pene: no me molas.

Impresionante. Sabía que yo tengo pene. ¿Tanto paquete marco?

Yo: -Sí, bueno… Pero no te preocupes, no la tengo tan grande… Es más, si no la tocas, casi ni te das cuenta de que está ahí.

En fin. Al margen de este episodio de las lesbianas, he de decir que las tías no se me dan del todo mal. Es decir: ligo menos que algunas personas, y más que algunos… Sacerdotes.

El problema es que soy un hombre acomplejado. Por eso no se me dan bien las mujeres. Veréis: soy deforme. Lo sé, es una desilusión para mis lectoras, pero es cierto. Es una deformidad muy extraña que consiste en que en mis pies… Bueno. En el pie derecho… Mi pulgar está al lado izquierdo, mientras que en el pie izquierdo… ¡Mi pulgar está a la derecha!

Por eso intento ser monociclista en vez de actor (mi verdadero sueño). Por eso y porque tengo miedo a ser actor. No me malinterpretéis: tengo una amplia experiencia en ese mundillo: llevo desde los doce años fingiendo orgasmos femeninos para no sentirme solo, y la experiencia es un grado… Pero temo que si algún día me hago famoso, alguien haga una peli sobre mi vida.

Porque yo soy virgen. No pasa nada, soy relativamente joven, pero tengo miedo de que llegado el momento alguien haga una peli sobre mi vida. Por una parte estoy tranquilo: ‘Virgen a los 40′ ya está cogido… Pero podrían hacer secuelas de la peli con mi persona. ‘Virgen a los 50′ no sería la mía… Ni Virgen a los 60… ni  a los 70… Seguramente sea ‘Virgen a los 80′… o, con más probabilidad, la mejor de todas: ‘Muerto Virgen’.

Y el caso es que en verdad no se me dan tan mal las tías… Sé cosas elementales, como que nunca puedes llamar gorda a una mujer. Da igual que lo sea. No lo hagas. Un día en la tele hablaban de anorexia, y una amiga me llamó porque creía que ella era anoréxica.

Yo: -”Y eso?

Ella: “Porque cada vez que me miro al espejo, me veo gorda”

En fin… No es que te veas gorda, cielo. ES QUE PESAS CIENTO NOVENTA KILOS (esto sólo lo pensé).

Ella: “Oye, Yosterkote… ¿Tú crees que debería adelgazar?

Cuando una mujer pregunta algo a lo que no tienes respuesta, lo mejor es hacerse el loco y ganar unos segundos.

Yo: “…”

Ella: “¿Yosterkote?”

Yo: “¿Qué?”

Ella: “Que si crees que debería adelgazar”

Yo: “Pero qué cosas tienes, mujer…”

Estuve rápido. En esos casos, lo mejor es contar con un pequeño repertorio de frases prefabricadas que nos pueden sacar de cualquier apuro. Frases del estilo: “Yo sólo tengo ojos para ti, cari”. Si le miras el culo a otra mujer y ella se da cuenta, basta un “Lo importante está en el interior” para salvar los muebles. Los tíos como yo, que no podemos evitar girar la cabeza descaradamente cada vez que pasan unos tacones, tenemos una batería de frases cursis preparadas para estas ocasiones: recuerda. Si eres mujer y tu novio te dice algo como “Tú eres la mujer de mi vida”, “Me encanta estar a tu lado” o “Eres todo lo que quiero”… Le estaba mirando el culo a otra.

Aún así, no os penséis que siempre he sido un pringadillo. Una vez salí con una tía impresionante. Lo juro. Era preciosa. Lo más bonito que he visto en la vida. Alta, morena, cara estilizada, labios perfectos, ojos verdes… La gente dice que lo que se siente al hacer el amor es parecido a mear en una montaña rusa… Estoy seguro de que hacer el amor con ella habría sido como hacer el amor… En una montaña rusa. Pero la tuve que dejar, porque… Tenía las uñas muy largas. Llamadme maniático, pero ni el mejor de los polvos compensa el tener cerca ese ingente cúmulo de bacterias. Estaba harto de tener que comprarle palomitas cada vez que íbamos al cine para que no tocara las mías.

Y sí, soy malo con las mujeres. Lo admito. Mi relación más larga fue la que tuve con una rumana hace unos meses. La relación terminó bruscamente cuando se me jodió internet… Ya sabía yo que ver tanto porno en un sistema operativo Windows acabaría pasándome factura.

Desde entonces me desengañé. Descubrí que, aunque es difícil de encontrar, el amor verdadero sí que existe… Aunque cueste 30 euros/noche y sólo trabaje viernes, sábados y festivos.

Nota: Un afectuoso saludo a Pablo, que me animó a contar esta historia… Y me pidió que le citara en mi blog.

Lecciones de amor: Conejita y Zanahorio

Thursday, January 14th, 2010

No hay nada como un ejemplo de la vida real para aprender de verdad, y para que las tesis expuestas queden confirmadas. Esta es una historia real. El protagonista es amigo mío (bastante bueno, por cierto), pero podría ser cualquiera de vosotros, cualquiera de vuestros amigos.

Tengo un amigo al que, para conservar su anonimato, llamaremos a partir de ahora Zanahorio. Zanahorio un buen día conoció a la Conejita. ¿Por qué la llamo Conejita? En primer lugar, porque resulta tierno que el Zanahorio sea el que vaya tras la Conejita, y no al revés. En segundo, porque… Bueno, supongo que Conejita es en este caso un apelativo relativamente acertado.

Pues bien, niños: cuando Zanahorio y Conejita se conocieron, ésta estaba ‘comiendo’ una hortaliza a la que llamaremos Ketchup. El Ketchup no es una hortaliza, pero es un elemento muy secundario en la cadena de alimentación, lo que nos viene que ni pintado. Un buen día (no para Ketchup), Conejita se hartó de él, y decidió volver con Pan, del que llevaba mucho más tiempo alimentándose. No en vano, Pan es un elemento imprescindible en la dieta de cualquier ser humano… o conejo.

Primera observación: cuando alguien deja a su novio por su ex, normalmente no es de fiar. Está mal generalizar, pero es cierto. Ketchup había resultado ser un ‘alimento rebote‘. Ser un alimento rebote puede estar bien si eres consciente de lo que eres, ya que al menos consigues sexo. El problema de esta historia es que Ketchup lo ignoraba, y Ketchup se pasó sangrando por dentro cerca de tres meses. O si no: ¿el ketchup os ha llegado a saber alguna vez igual? Evidentemente no. Llegaremos, por tanto, a una conclusión: si vas a ser el alimento rebote de alguien, es mejor mantener los pies en el suelo. Igualmente, es muy útil informarse sobre el historial reciente de nuestra nueva pareja, ya que (alerta de spoiler) si ha dejado tirado a un alimento rebote una vez, puede volver a hacerlo. Y esto no es un consejo machista: en esta ocasión la conejita es ella, pero perfectamente podía haber sido un hombre: es un consejo unisex.

Al poco tiempo, las evidencias de que a Conejita le gustaba Zanahorio eran ya evidentes, aunque seguía alimentándose de Pan. Zanahorio lo sabía, pero no podía evitar emocionarse. No en vano, hay que decir que Conejita tenía un pelaje suave y brillante, unos dientecitos incisivos muy conejiles y… En fin, que estaba buenísima. No es de extrañar, por tanto, que los acercamientos de Conejita hacia mi amigo Zanahorio hicieran irremediablemente que la zanahoria de Zanahorio creciera por momentos. A Conejita le encantaba jugar con Zanahorio así, pero en ningún momento se le ocurrió dejar de comer Pan por Zanahorio. Zanahorio, además de empalmado, estaba confuso. A cada intento de ‘profundizar’ en su relación con Conejita, ella ponía de relieve sus sentimientos por el Pan; asegurándose meticulosamente de que Zanahorio nunca llegara a ver las puertas totalmente cerradas. En alguna ocasión, Zanahorio se cansaba de ser ‘el segundo plato’ y la mandaba a tomar por saco. Tal vez no habría sido así si Conejita se hubiera reservado algo de sexo para él, pero éste tampoco era el caso. Sin embargo, Conejita sí apreciaba en cierto modo a Zanahorio, y por un motivo o por otro, Zanahorio siempre acababa volviendo al redil. Esta situación se repitió durante un año.

Segunda observación (y spoiler): cuando una persona te utiliza, te manipula y te decepciona por sistema, es muy probable que no deje de hacerlo. Haya o no haya sexo de por medio. Una vez más, esto se aplica sobre hombres y sobre mujeres… Es unisex.

Finalmente, Pan dejó a Conejita, y Conejita, sola (y para mi sorpresa) acudió a los brazos de Zanahorio. Zanahorio era feliz, pero las historias que acaban bien no venden en internet, así que os podéis imaginar que al poco tiempo Conejita abandonó a Zanahorio: creía que había mucha más comida ahí fuera y quería probarla toda. Y aunque Zanahorio había sido advertido por muchos amigos, acabó muy dolido. Zanahorio era ahora el nuevo ‘Ketchup’.

Tercera observación: Yosterkote aprovecha este inciso para recordar una cosa: ser un arrastrado no funciona. Nunca ha funcionado. Que Zanahorio lograra estar con Conejita fue toda una revelación para mi. Sin embargo, un año perdido y el corazón completamente roto es un precio bastante alto por un poco de sexo. Ser un arrastrado no funciona, y nunca funcionará. Lo siento, y esto también es unisex. Si no le gustas ahora, es probable que nunca llegues a gustarle, y créeme: dejarse pisotear vilmente no aumenta mucho las posibilidades.

Así que ahora Zanahorio llora con el corazón roto paseando por las esquinas, criticando a Conejita y poniendo a sus amigas en su contra.

Cuarta observación: ahora es donde Zanahorio lo ha hecho mal. Tiene derecho a sentirse despechado, pero él conocía bien a Conejita. Sabía muy bien a lo que se exponía, y no tenía que haber dejado su corazón al descubierto. Pero ante todo, nada de eso justifica ir llamándola “puta” a sus espaldas (como mucho a romperle los retrovisores del coche). Entre otras cosas, porque conozco a Zanahorio, y ambos sabemos que si él hubiera estado en el lugar de Conejita, habría hecho lo mismo. Habría hecho lo mismo, pero la gente no le habría ido llamando “puta”, sino “machote” o “crack”… Y eso último sí es machista.