Blog de Yosterkote

|

El blog para la gente peculiar

Posts Tagged ‘masturbación’

La verdad sobre Apple

Friday, June 25th, 2010

He sido testigo de una revelación, y una de las buenas.

Al parecer el IPhone 4, el último gadget revientabolsillos de Apple, no puede ser sostenido con la mano izquierda, ya que deja de recibir cobertura.

¿No será ese el motivo de que no reproduzca flash?

¿Habrá intentado Steve Jobs todo este tiempo alejarnos de los vídeos con la única y retorcida intención de ocultarnos este secreto?

Pues eso: que IPhone 4 no reproduce flash para que no te quedes sin cobertura al ver cosillas guarras. Lo tienen tó pensao, estos manzanos…

Seguiremos investigando el caso.

Masturbación con huevos atados + foto

Friday, June 25th, 2010

Son más de una las personas que han llegado a mi blog buscando en Google ‘masturbación con huevos atados‘. Como soy un caballero, y además ahora tengo tiempo libre, he decidido probarlo, fotografiarlo y relatarlo para vosotros. Lo sé, me debéis una.

  • Para empezar, hay que cogerse los huevos y atarlos. Los míos son extremadamente suaves, así que atarlos se complica. El tamaño no supuso ningún problema, ya que (modestias aparte) considero que son algo mayores que la media. Y (por supuesto) nunca he recibido ninguna queja.
  • Antes de atarlos con la cuerda, eso sí, me pareció conveniente rodeármelos con gomas elásticas para mejorar el agarre de la cuerda en torno a mis ovalados activos.
  • Como precaución, os recuerdo que estamos trabajando con mis huevos. Los míos, o si decides experimentarlo en tu casa, los tuyos. Recuerda que son delicados: no puedes tratarlos como te dé la gana. Siempre con suavidad, aunque hay que tener clara una cosa: es preferible atarlos un poco fuerte y notar la presión; a que durante la masturbación se os suelten, lo cual daría un resultado más que desagradable.

A mí me van las sensaciones fuertes. Por eso suelo esforzarme para ir un paso más allá. Tengo el placer de comunicar que, además de masturbarme con los huevos atados, además de hacer la foto conmemorativa en pleno momento de éxtasis y compartirla… Necesitaba riesgo. Algo más arriesgado, algo imprevisible. Un elemento con chispa en esta explosiva ecuación.

No sólo he hecho una foto masturbándome con los huevos atados, sino que la he hecho masturbándome (redoble de tambor) con los huevos atados (más redoble de tambor)… ¡Cerca de un enchufe! (aplausos: gracias, gracias, muchas gracias).

Si queréis probarlo, contadnos vuestra experiencia. Tengo que admitir que no me he sentido demasiado especial: digamos que la experiencia no mejora demasiado, pero es algo nuevo. Y sí, en el fondo me siento mejor por haberlo hecho.

Sin más dilación, os enseño la foto, que ya sé que es lo que queréis: el 80% del tráfico global de datos en internet viene impulsado por el deseo de ver huevos. Y si los huevos son los míos, ya ni te cuento.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

Pido perdón si se me movían los huevos durante el acto: uno no puede estar en todo ;) 

De lo malo de lavarse los dientes

Tuesday, May 4th, 2010

No es la primera vez que escribo aquí sobre temas relacionados con la odontología, así que me expongo a que algún querido lector trate de llegar a conclusiones equivocadas: no, Freud, no tengo ningún conflicto sexual no resuelto con ningún dentista. Bueno, sí, es cierto que me provoca cierta desazón eso de pagar cuatrocientos mil millones de euros (aproximadamente) a una persona sin recibir después ningún tipo de placer sexual, sino hierros en los dientes. Pero ya no me importa. Eso ya pasó.

De lo que vengo a hablar es del peligro de lavarse los dientes, o más concretamente, el de lavarse los dientes fuera del baño. Porque, como bien dijo Ángel Martín, hay dos tipos de personas: las que son capaces de lavarse los dientes sin babear y las que no. Y yo soy de las que sí son capaces. Es genial, porque te da una gran autonomía. Mientras los babosos permanecen atados al lavabo el tiempo que les dura el cepillado, la gente como yo puede compaginarlo con las más variopintas actividades. Unos pintan cuadros, otros ven la tele y otros desayunan… Por contradictorio que suene. Una vez conocí a un chaval que era capaz de hacer el amor con su novia mientras se lavaba los dientes. Dejaron de hacerlo cuando el chico, en un arrebato de pasión, intentó besarla. Fue una catástrofe, porque en su lugar se lo clavó en el ojo. Le clavó el cepillo de dientes, especifico. Su relación acabó ahí, ya que tuvieron que dejar de verse. Concretamente, ella dejó de verle a él. Es lo que tiene ser tuerta.

Pero nada de eso me ocurrió a mí. Fue mucho más trágico, más sangriento y con más fluídos. Estaba frente al ordenador viendo Dos Hombres y Medio (no, no es nada cochino), cepillándome los dientes con tranquilidad cuando lo noté. Un cosquilleo. No era amor, era un principio de estornudo. ¿Alguna vez has estornudado con la boca llena de espuma? En ese momento ves toda tu vida pasar delante de tus ojos. Te ves gatear por el suelo, intercambiando cromos en el patio del colegio, viendo marcar un gol a Raúl González Blanco… Todas esas cosas que sabes que nunca se repetirán.

Y entonces estornudas. Espuma blanca por todas partes. En los pantalones, en la silla, en el teclado del ordenador, en el suelo… Una tragedia. Cuando mi madre lo vio, enojada, me preguntó si era para eso para lo que quería internet en mi cuarto. Evidentemente crao que malinterpretó algo. Me arrancó el cable ethernet de la caja de mi PC, y eso dolió. Dolió como si el cable hubiera sido una sonda urinaria, y el puerto del ordenador mi magullada y maltratada uretra.

Cinco minutos después llegó mi padre. Se acercó escondiendo algo tras su espalda con mirada de complicidad, y me confesó en voz baja y un tonito paternal que no volvería a oír en la vida:

“Tranquilo, hijo, eso nos pasa a todos los hombres tarde o temprano.”

Sacó una Playboy y me dijo dándome unas palmaditas en la espalda:

“Cuídala bien, creo que la necesitas más que yo”.

Se dio la vuelta y desapareció bajo el umbral de la puerta por la que había entrado sin decir otra cosa. Y nunca más se supo.

No volveré a lavarme los dientes lejos del lavabo, lo prometo.