Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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De lo malo de lavarse los dientes

Tuesday, May 4th, 2010

No es la primera vez que escribo aquí sobre temas relacionados con la odontología, así que me expongo a que algún querido lector trate de llegar a conclusiones equivocadas: no, Freud, no tengo ningún conflicto sexual no resuelto con ningún dentista. Bueno, sí, es cierto que me provoca cierta desazón eso de pagar cuatrocientos mil millones de euros (aproximadamente) a una persona sin recibir después ningún tipo de placer sexual, sino hierros en los dientes. Pero ya no me importa. Eso ya pasó.

De lo que vengo a hablar es del peligro de lavarse los dientes, o más concretamente, el de lavarse los dientes fuera del baño. Porque, como bien dijo Ángel Martín, hay dos tipos de personas: las que son capaces de lavarse los dientes sin babear y las que no. Y yo soy de las que sí son capaces. Es genial, porque te da una gran autonomía. Mientras los babosos permanecen atados al lavabo el tiempo que les dura el cepillado, la gente como yo puede compaginarlo con las más variopintas actividades. Unos pintan cuadros, otros ven la tele y otros desayunan… Por contradictorio que suene. Una vez conocí a un chaval que era capaz de hacer el amor con su novia mientras se lavaba los dientes. Dejaron de hacerlo cuando el chico, en un arrebato de pasión, intentó besarla. Fue una catástrofe, porque en su lugar se lo clavó en el ojo. Le clavó el cepillo de dientes, especifico. Su relación acabó ahí, ya que tuvieron que dejar de verse. Concretamente, ella dejó de verle a él. Es lo que tiene ser tuerta.

Pero nada de eso me ocurrió a mí. Fue mucho más trágico, más sangriento y con más fluídos. Estaba frente al ordenador viendo Dos Hombres y Medio (no, no es nada cochino), cepillándome los dientes con tranquilidad cuando lo noté. Un cosquilleo. No era amor, era un principio de estornudo. ¿Alguna vez has estornudado con la boca llena de espuma? En ese momento ves toda tu vida pasar delante de tus ojos. Te ves gatear por el suelo, intercambiando cromos en el patio del colegio, viendo marcar un gol a Raúl González Blanco… Todas esas cosas que sabes que nunca se repetirán.

Y entonces estornudas. Espuma blanca por todas partes. En los pantalones, en la silla, en el teclado del ordenador, en el suelo… Una tragedia. Cuando mi madre lo vio, enojada, me preguntó si era para eso para lo que quería internet en mi cuarto. Evidentemente crao que malinterpretó algo. Me arrancó el cable ethernet de la caja de mi PC, y eso dolió. Dolió como si el cable hubiera sido una sonda urinaria, y el puerto del ordenador mi magullada y maltratada uretra.

Cinco minutos después llegó mi padre. Se acercó escondiendo algo tras su espalda con mirada de complicidad, y me confesó en voz baja y un tonito paternal que no volvería a oír en la vida:

“Tranquilo, hijo, eso nos pasa a todos los hombres tarde o temprano.”

Sacó una Playboy y me dijo dándome unas palmaditas en la espalda:

“Cuídala bien, creo que la necesitas más que yo”.

Se dio la vuelta y desapareció bajo el umbral de la puerta por la que había entrado sin decir otra cosa. Y nunca más se supo.

No volveré a lavarme los dientes lejos del lavabo, lo prometo.

Pesadilla urológica

Thursday, January 21st, 2010

<HISTORIA COMPLETAMENTE VERÍDICA. DE VERDAD>Queridos lectores: hoy voy a revelar una parte muy íntima de mi ser. En realidad son dos partes, y me gustaría poder decir que son muy grandes: mis gónadas.

Hace unas semanas en clase empezaron a dolerme los testículos. Cuando llegué a casa lo primero que hice fue acudir a mi mejor amigo: Internet. Nunca lo hagáis. Si buscáis “dolor de testículos” en Google nunca saldrá nada esperanzador. Cáncer o torsión testicular son algunos ejemplos de lo que se nos cita en el navegador. Muy feo: en caso de la torsión testicular, intervenida antes de las seis horas, puedes salvar el huevo. Y aunque salves el huevo, la solución pasa por rajarte el escroto y coserte el huevo de nuevo (toma pareado). En cuanto al cáncer… Sin comentarios.

Habían pasado bastante más de seis horas, así que lo siguiente que busqué en Google fue: “¿Se puede vivir con un sólo huevo?

Sabía que nada volvería a ser igual. Al andar necesitaba introducir una mano en el calzoncillo y asegurar que el movimiento transmitido al huevo fuera mínimo. Cualquier cosa para mantener el dolor alejado de mis alveolos eyaculares.

Una cosa: nunca vayas al urólogo de urgencia acompañado por tu padre. No es agradable. De hecho, ir al urólogo de urgencia no es agradable… Ir al urólogo en general no es agradable. Para empezar, en recepción hay que rellenar formularios y responder preguntas:

“Sí, los huevos…”, “Sí, señorita, desde esta mañana…” “No, no practico el sadomasoquismo extremo con frecuencia… ¿verdad, papá?”

Pero de todo hay que sacar una lectura positiva. Al final del día tendría la satisfacción de que una mano ajena me habría tocado los órganos reproductores.

Uno se tumba en la camilla y espera a que el urólogo (cuya cara me recordaba vagamente a la de mi primo) haga su trabajo.

  • Primera mala señal: guantes de látex. Es evidente que no voy a obtener ningún placer sexual de las manos de un varón treintañero con guantes de látex. Para eso se obtiene más gustito poniéndose un profiláctico caducado durante una noche de hastío.
  • Segunda mala señal: no se conforma con mirar, sino que quiso palpar. Chavales, si creéis que el dentista es doloroso es porque nunca habéis estado en el huevista. Ya me dolía bastante con la vibración del taxi, no necesitaba que un desconocido me las manoseara y oprimiera a placer (placer suyo, no mío).

Tras un rato de tocamientos infernales durante los que visualicé por completo el árbol genealógico del simpático individuo que hurgaba en mi entrepierna (desde entonces siento un inexplicable rechazo por las máscaras, los látigos, los grilletes, las fustas y el cuero); el diagnóstico fue el siguiente:

“Verá, eh… Su hijo está en una edad en la que… El desarrollo… El crecimiento… Esto… La adolescencia… A veces los testículos, bueno… Trabajan demasiado y… Bueno, eso… Eso se pasa.”

Lo único de lo que mi padre y yo nos enteramos fue que mis testículos habían trabajado demasiado, y ambos teníamos una duda que mi progenitor no tardó en formular:

¿Pero eso significa que los usa demasiado o que los usa demasiado poco?

Y eso, amigos, es la catarsis. Porque cualquier respuesta posible a ello me dejaría en mal lugar.

  • a)Los uso demasiado: cojonudo. Mi padre ahora sabe que me la pelo como un chaval de 12 años recién hormonado.
  • b)Los uso demasiado poco: cojonudo. Mi padre ahora cree que soy un mariquita que no sabe autocomplacerse.

La respuesta era la opción B. Si mis testículos no hubieran estado fuertemente asidos por las manos de aquel caballero, la situación habría sido realmente cómica. Aunque ahora que lo pienso, eso hacía la sórdida situación algo más cómica. Ver al pitólogo explicarle entre líneas a mi padre que necesitaba masturbarme más (yo, no él) no tiene precio.

Y mi cara tampoco:

¿Yo? ¿Que me la tengo que machacar… Más? No me malinterprete, doctor… Me encantaría hacerlo, pero entiéndalo: yo tengo una vida y todo eso. No puedo dejar de comer, por ejemplo, para seguir masturbándome. He realizado estudios en mi dormitorio que sostienen que si me masturbo un poco más, el universo implosionará.

Pero el universo es maravilloso, y tiene la capacidad de poner todas las cosas en su sitio. Me mandaron a casa con la orden de tomar antiinflamatorios y de… Eso. Durante la semana siguiente tuve que masturbarme una cantidad indecente de veces. Me sentí fatal. Uno se masturba por infinitos motivos: placer, aburrimiento, perversión… En algunas ocasiones hasta por dinero. Pero hacerlo por recomendación médica era (y sigue siendo) algo intolerable para mi.

Lo bonito de todo aquello es que ideé un nuevo método de ligar: contaba la historia y decía que si no hacía el amor en 48 horas perdería el huevo. Si eso hubiera sido cierto, habría perdido el huevo decenas de veces, porque el truco no funcionó, así que no lo intentéis. Las mujeres son así de crueles: nunca se preocupan por los huevos de la gente.

Y no fue más allá. Y respecto a la pregunta que todos ustedes se plantean… Bueno, sí, me masturbé más, pero están leyendo esto… Lo que significa que no, el universo no implosionó.</HISTORIA COMPLETAMENTE VERÍDICA. DE VERDAD>

Añadido: 11 de febrero de 2010.

Post publicado en Menéame y un total de 12000 visitas en 3 días. Nunca pensé que llegaría a tener los huevos más famosos en internet desde Nacho Vidal.