Busco monociclo
Thursday, September 16th, 2010Todo hombre, con pelo en el pecho o no, ha estado desesperado alguna vez. Me refiero a ese tipo de desesperación, sí. No la que te hace pensar ‘En realidad de la Vega tiene un puntillo’, sino la que en Halloween te impulsa a enrollarte con la chica que va disfrazada de Jabba el Hutt, aunque en realidad no haya ningún disfraz. No sé si lo entendéis.
Pero ni en mis peores momentos de necesidad he llegado a plantearme lo siguiente.
Sabéis que monto en monociclo. Un amigo se ha contagiado y ha estado buscando por internet hasta llegar a una página que me pidió que visitara para poder analizar las ‘ofertas’ y así aconsejarle.
La página era esta:
Hasta ahí todo normal, ¿cierto? Tras un primer vistazo no hay nada que nos haga pensar cosas raras. Nada que nos extrañe. Nada que nos evidencie que nuestra sociedad está ENFERMA, no de una gripe, no: de un maldito sida terminal enviado desde la mismísima tumba de Freddy Mercury para acabar con nuestra vida, nuestra hombría, pero dotarnos a su vez de unas increíbles cualidades para el canto.
Sí, creo que sí lo habéis visto. Pero si lo habéis pasado por alto, os ayudo:
Tal vez los monociclos sí tengan sentimientos, al fin y al cabo. Yo al mío lo he estado sometiendo (sin saberlo) a una vida de castidad en la que lo más cercano al sexo que tenía era ser montado por mí. Y podéis preguntarle a cualquier mujer que lo haya comprobado: ser montado por mí no se parece en absoluto al sexo.
Por eso mi monociclo debe de estar desesperado. Fue sin querer, lo siento. De inmediato me llevo a mi monociclo a un striptease. Con tías. Serán humanas, sí, pero confío en que tengan los pechos neumáticos por mi amigo.




