Frustración
Wednesday, December 15th, 2010Kurono me dijo que la felicidad supone la pérdida de la inspiración, y es cierto. Mis entradas más brillantes nacieron en momentos de frustración, de ira contenida o de tedio apabullante. Porque aunque no lo crean, la mitad de este blog fue concebida en clases de filosofía, o en la biblioteca mientras tenía que estar estudiando, o delante del teclado cuando simplemente a lo largo de un día asqueroso se me había ocurrido una chorrada que podría desarrollar.
Porque, lo confieso, la frustración ha sido durante el último curso el motor de mi vida. No hay nada como pisar una hez de perro para llegar a casa feliz y contento de que tienes algo de lo que quejarte. Yo lo hago siempre:
Por eso aprovecho que estoy frustrado, que eso mola. No sé cuándo volveré a tener mi próximo momento de “odio el mundo sin saber por qué”, pero lo cierto es que ahora lo odio, y eso me hace sentir feliz, ya que me siento poderoso. Ahora puedo escribir cualquier cosa.
Me apetece escribir sobre dos amigos que tengo en tuenti (e incluso en la vida real, oye). Están saliendo, y en febrero harán tres años juntos. Hasta ahí perfecto. Pero ocurre algo impresionante. Ella se ha cambiado el apellido por el de él, y viceversa. Y eso a mí me daría mucho miedo.
Esos seres, que se aman, que se quieren, y que en ocasiones incluso se respetan y se aguantan, han dado un gran salto. Me alegro mucho por ellos, sí, pero no sé si están preparados.
Quiero decir: ¿alguien puede llegar a estarlo? Y no, esto que muestro aquí no es mi miedo al compromiso. Cuando me vea encadenado a una mujer (o en su defecto animal) contra mi voluntad, le digo que estoy embarazada y listo. Hablo del momento en el que te encadenas de por vida. No es como regalar una flor. A las mujeres les gustan las flores, a los hombres nos gusta regalar flores. Así que si eres hombre y le regalas una flor a una mujer, le estás diciendo que la quieres, pero si te cansas de ella no pasa nada. Igual te duele, pero ella puede quedarse con la flor, no es una gran pérdida.
Esto es: la posibilidad de volver atrás. Aunque ahora estés en el cielo y lo que acabes de dejar atrás sea un mundo en llamas, lleno de reggeaton y sin Papá Noel; a la gente le obsesiona tener la posibilidad de volver atrás.
Y esto, lector (sí, en singular, he ahí mi autoestima) es a lo que esta pareja ha renunciado. Se han intercambiado los apellidos, y eso sí es compromiso. Incluso sería menos desafiante que se casaran. Al fin y al cabo, si quieres divorciarte, firmas unos papeles, pierdes la casa y listo. ¿Pero cambiarse los apellidos de tuenti? ¿Y si cortan? ¿Se dan cuenta de que existe la posibilidad (muy seria) de que nunca puedan llegar a recuperar sus apellidos reales? Escalofriante.
Esa tuenti-unión los encadenará para siempre.
Ya he divagado sobre algo. Ya me siento mejor. Como si hubiera sido capaz de completar una entrada mediocre por una vez. High five!
Hasta mi próxima frustración, corazones.

