Agravios mentales: el “te quiero como amigo”
Thursday, March 3rd, 2011De todas las chorradas que el ser humano se ha inventado para cortar (o no mantener) una relación, no hay ninguna tan falsa, tan absurda y tan dolorosa como el famoso “te quiero como amigo”. Tal vez si algún día logro poner de moda el “no es que yo sea un superficial, es que tú eres feo/a”; el “te quiero como amigo/a” quede finalmente desbancado. Todo es cuestión de tiempo.
El caso: como ya he dicho, el “te quiero como amigo” se puede emplear en dos variantes. La más conocida, su forma original, es para rechazar a un humano que quiere involucrarse en una relación sentimental contigo. Por cierto, que nunca he entendido por qué se llama exactamente una “relación sentimental”. Yo, por ejemplo, mantengo relaciones sentimentales con todos los vecinos de mi edificio. Al fin y al cabo, el odio es un sentimiento, ¿no? Vale, no importa. A lo que íbamos. Lo voy a expresar más fácilmente con un ejemplo de diálogo directo mantenido entre los imaginarios José y Francisco (porque ahora el blog de Yosterkote se ha vuelto progre y apoya profundamente al colectivo gay):
José: Oye, Francisco… He pensado que tal vez tú y yo podríamos salir.
Francisco: Lo siento, José, pero es que te quiero como amigo.
Analicemos la situación. Lo primero, José ha cometido un gran fallo en su proposición, y esa ha sido hablar de “salir”. Esto es cuestión de gustos, pero tal vez el resultado habría sido mucho mejor si le hubiera pedido “entrar”: “¿Te apetece entrar conmigo?” Simplemente considero que es una propuesta mucho más sugerente.
Y lo que nos atañe: la reacción de Francisco. En el mundo ideal de Peter Pan, donde la gente es sincera y las mujeres son fáciles (de comprender, me refiero), el “te quiero como amigo” realmente significa que te quieren como amigo. La dura realidad es que da igual la relación que tengas con la persona a la que le has pedido “entrar”, siempre te dirá que te quiere como amigo. Un día de estos iré al Reino Unido y le propondré a la reina un affaire. Si acepta, me ganaré la vida vendiendo exclusivas a Telecinco. Si lo rechaza, me dirá “te quiero como amigo”, y podré decir en el bar que un día la Reina del Reino Unido me propuso que fuéramos amigos, porque eso da un caché que te cagas.
Es cierto. “Te quiero como amigo” ocupa el primer puesto en todas las clasificaciones de frases falsas pero fáciles de decir, seguida más de lejos por “te quiero”. ¿Por qué? ¡Es mentira! Quiero decir: mírame. Tú, mujer que en algún momento de tu vida cometiste la osadía de rechazarme: si no quieres entrar conmigo, dilo, no finjas que te importo, eso lo tengo muy superado. Muchas personas afirman que el amor no es más que una combinación entre amistad y deseo sexual. ¿Quieres ser mi amiga? Perfecto, seamos amigos, yo pongo el deseo sexual, de gratis, si quieres… Total, para algo están los amigos, ¿no?
La otra variante es el “quiero seguir conservando la amistad” o el “aún podemos ser amigos” cuando te están dejando. Mi querida “amiga”: en este mundo sólo hay un tipo de personas peor que los mentirosos, y esos son los hipócritas. Que cortes conmigo, me digas que quieres preservar nuestra bonita amistad y que te pases el resto de tu vida ignorándome, es hipócrita. Claro que la culpa sería mía por creérmelo. Es decir: partiendo de la base de que soy un Dios del sexo, podemos intuir que lo que no te complacía de nuestra relación es que nunca te hiciera caso, que no aguantara a tus amigos, que llegara tarde a nuestras citas y que te hiciera pagar las palomitas cuando íbamos al cine. ¿De qué oscuro razonamiento te has servido para creer, con los conocimientos que posees sobre mi persona, que todo eso cambiará cuando seamos sólo “amigos”?
Porque queridas lectoras, si realmente creéis que privarnos del sexo va a hacer que nos importéis más que antes, que nos gusten vuestros amigos, que lleguemos puntuales cuando quedemos o que os invitemos a refrescos (y esto va libre de acritud), tenéis un serio problema de razonamiento.
Tal vez sea que cuando decimos “te quiero como amigo”, realmente queramos decir “piérdete”. Es más brusco, sí, pero no mancillamos el bello concepto de la amistad.

