Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

Posts Tagged ‘relaciones’

Los ojos

Thursday, August 26th, 2010

-¿Sabes? Tus ojos tienen formas diferentes -dijo ella con naturalidad.

-Ah, ¿sí? -respondí sonriendo -. Me alegra que te hayas fijado en mi prótesis ocular de forma piramidal, empezaba a preocuparme.

-Va en serio. Este ojo es un poco más pequeño.

Me callé. Disfrutamos de esos instantes en silencio. Al menos los disfrutó ella, porque yo, atormentado, me levanté todavía en calzoncillos. Anduve atormentado a través del pasillo iluminado por los rayos de sol matinal que se colaban por las puertas de las habitaciones adyacentes. Entré en la cocina y me serví un café.

Quemaba. En el tercer sorbo, ella entró y me preguntó si me encontraba bien.

-¿Bien? ¿Quieres que me encuentre bien? Me has llamado deforme nada más hacer el amor, no puedo -hice hincapié en ‘puedo’- sentirme bien.

-Yoster… -el temor se mezclaba con la incredulidad cuando las palabras salían de su boca.

-¿Sí? -pregunté irritado.

-No acabamos de hacer el amor.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

-Primero me llamas deforme y luego me recuerdas que no hemos echado un kiki. Tu maldad no conoce límites.

-¿Y qué te esperabas? -me preguntó ella -Después de todo, eres virgen.

-¿¡Y tú qué sabes!? ¿Acaso me has visto el himen?

-Yoster, eres un hombre, no puedes tener himen.

La expulsé de casa. Sin rencores, claro.

Este relato es una advertencia: a la próxima mujer que me diga que no puedo tener himen, la denuncio al Ministerio de Igualdad.

Dejadlo bien

Saturday, May 22nd, 2010

Las relaciones serias molan: te permiten aparentar que tienes sexo con regularidad, aunque esa regularidad sea cero. Sin embargo, hay dos circunstancias que hacen que mantener una relación a veces sea desagradable: las rupturas y las órdenes de alejamiento.

Por eso vamos a hablar de las rupturas. No soy el más apropiado para dar consejos sobre estos, porque mis rupturas suelen ser sin anestesia, soy así de bestia. Sin embargo lo intento. Ya que hablamos en términos médicos, continuaremos con el símil: imaginemos la relación es un tumor. Lo único que tienes que hacer es anestesiar y cortar. Cuando soy yo el que opera, utilizo anestesia local, y tardo tanto en extirpar el tumor que para cuando corto la anestesia ha dejado de hacer efecto.

Ese es uno de los motivos por el que no soy el mejor partido del mundo, y una de las razones por las que no sería un buen médico. Pero al menos trato de poner la anestesia. Aunque sea una anestesia falsa: decir que soy gay, que estoy en un momento muy complicado de mi vida o que una ex está embarazada de mí y vamos a volver a intentarlo para que el niño tenga padre son algunos de los ejemplos de anestésico que utilizo. Y sí, admito que miento. Sólo una de esas excusas ha sido realmente usada por mí, así que abro una quiniela para que tratéis de adivinar cuál fue.

Pero a lo que vamos: la intención es lo que cuenta, y untar un poco de vaselina antes de confesar que no quieres saber nada más de esa persona siempre es un símbolo de que la otra persona te importa. La imagen que se recibe es que sí, está cortando conmigo, no quiere saber nada de mí y probablemente tenga escalofríos cuando piensa en tocarme, pero al menos se curra una excusa, eso es que le importo.

Porque sólo hay una cosa peor que no poner excusa: no, espera. No hay nada peor. Es como vender algo. Ropa, por ejemplo. Tú vendes una camisa y esperas que al consumidor le guste, pero eres consciente de que puede no estar satisfecho y que quiera devolverla. Cuando vuelve, es lógico que tú, vendedor, preguntes por el motivo de la devolución. Te esperas distintas respuestas: que el tejido de la camisa le crea sarpullidos cuando le toca la piel, que la había comprado para un tercero y resulta que no le vale, que la ha visto en negro y le mola más, o incluso que la había comprado para ponérsela para dormir pero resulta que prefiere comprarse algo que pueda llevar en una fiesta con su familia. Y todos estos ejemplos han sido cuidadosamente extrapolados al mundo de las camisas desde la más cruda realidad para que se vea cierto paralelismo. Sí, las camisas somos nosotros.

Todas esas explicaciones duelen, pero duele más cuando el consumidor llega a la tienda con su camisa en la mano, y te dice sin más que quiere devolverla. Ya está. Eso te descoloca, porque no sabes si abrigabas demasiado, si resultabas demasiado áspera o si tienes un diseño demasiado feo. Ni siquiera sabes si volverá a tu tienda. Y ahora con la crisis, ni siquiera sabes si volverás a vender una camisa.

Porque la cosa está muy mal.

Cuando dejéis una camisa, dejadla bien. Porque dentro del bolsillito de cada camisa, hay algo que late: dos pequeños botoncitos de repuesto por si se le cae alguno.

Hecha la reflexión, recuerdo las tres posibles excusas que he puesto como ejemplo:

  • 1-Decir que eres gay
  • 2-Alegar que vives un momento complicado
  • 3-Decir que tu ex está embarazada y habéis decidido tener el niño

Sólo una ha sido utilizada por mí, se admiten apuestas.

La señal

Tuesday, May 11th, 2010

El primer vídeo de Youtube que me hace gracia sin ser de los Monty Python: es un chaval que relata su primer beso con una chica, y… Venga, si eres hombre y ves el vídeo tienes que sentir empatía. Por uebos. Antes de mi breve disertación sobre el tema, os dejo el vídeo, pero advierto de que es largo (casi diez minutos) y está en inglés sin subtítulos, así que tal vez queráis pasar directamente a leer mis reflexiones. No os culpo.

Para quien no haya querido ver el vídeo, el chaval estaba loquito por una chica, quería besarla, pero no encontraba el momento oportuno. Y ella quería. Tanto, que el padre de la muchacha en tono amenazador se acercó al tipo y le dijo: ‘¿Por qué no besaste a mi niña anoche? Escucha: nos marchamos en 40 minutos. Coge tu “compejo del chico bueno” y tíralo por la ventana, porque no quiero estar las próximas tres horas en un avión con mi hija deprimida porque tú no la besaste.’

Épico. A todos los padres de todas las mujeres del mundo: no siempre se ve la señal. Incluso yo, en toda mi perfección, me he perdido alguna señal en mi vida. Esa señal que te da luz verde para acercar tus morros a los de la otra. Simplemente ignoras que tienes luz verde. Simplemente estás cegato. Como ilustración, un dibujito por cortesía de la casa: