Blog de Yosterkote

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El blog para la gente peculiar

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Ciudad Paraíso: Inefable.

Sunday, June 12th, 2011

Bienvenidos a la ciudad Paraíso. Un nombre ostentoso para una ciudad, si somos sinceros. Es decir: es posible que la ostentosidad sea algo ligado al paraíso, ¿de qué te sirve estar en un lugar paradisíaco si no puedes fardar de ello? No lo puedo explicar con palabras. Es inefable. Inefable: que no puede explicarse con palabras. El otro día conocí a una mujer que acababa de hacer la selectividad. Todo lo calificaba como inefable, de lo que deduje:

1-Que había optado por hacer el examen de filosofía en lugar de historia.

2-Que si para ella todo era inefable, sin duda se debía a que era una chica de pocas palabras.

En ambas posturas estaba yo en lo cierto. En la primera, porque yo estaba (tal vez, y para no desvelar detalles que pudieran serme increpados) algo bebido (o más bien, que había estado bebiendo), y muy posiblemente ella lanzó con anterioridad algún comentario al vacío sobre su examen de filosofía, que se hundió plomizamente en mi cerveza, y voló con sigilo a mi subconsciente, de donde lo rescaté sin saberlo para elucubrar sobre tal caso.

En la segunda… Bueno, tampoco es que recuerde si ella era de pocas palabras. Lo cierto es que ni siquiera recuerdo su nombre. Al fin y al cabo, ¿de cuántas palabras puede ser una persona que ni siquiera tiene nombre?

Inefable es una palabra horrible. Queda chula, pero es mentirosa, puesto que no hay nada que ella pueda describir sin mentir con alevosía. En cuanto algo es calificado como inefable, por no poderse explicar con palabras, deja de ser inefable, porque hacemos que la palabra inefable sea la que lo explica. Mundo cruel es este para las cosas inefables, que ni inefables pueden ser.

Y aún así… Pausa. Permítanme decir “y aún así” en inglés, que sólo en este caso queda más dinámico y moderno…

And yet, podemos decir que bienvenidos a la ciudad Paraíso, donde el césped es verde y las mujeres bonitas.

La nota

Monday, June 21st, 2010

Me acosté relativamente temprano con al intención de madrugar y ver lo antes posible mi nota en selectividad a través de la página de la UCM. No conseguí dormir hasta un par de horas más tarde.

Por eso, esta mañana suena el despertador. Ojeroso y anestesiado me dirijo al ordenador, enchufo la página, introduzco mis datos, y pulso Enter para proceder a ver la nota.

La nota: esa nota por la que llevo dos años luchando. Traicionando a mi devoción por los videojuegos, depositando todas mis esperanzas en una maldita cifra con decimales que puede permitirme seguir mi camino o condenarme a una larga vida de estudios que no me interesan.

Meses esperando ese momento, para que al pulsar Enter salga en mi pantalla:

Exacto. El CAPTCHA. El maldito código CAPTCHA, como siempre arruinando mis momentos felices. Ese maldito código que me piden para asegurarse de que no soy una máquina. Lo diré por última vez:

No, a pesar de mis bíceps no soy Terminator, dejadlo ya.

Y sí: por lo demás, las notas bien, gracias.

Selectividad desde el televisor

Saturday, June 12th, 2010

El jueves terminé selectividad. Me he pasado toda la vida preparando este momento. Sufriendo, estudiando y comiendo palomitas sin dormir para poder decir, ahora sí, eso de ‘No era para tanto’.

Es increíble el momento de entrar al examen. Por primera (y espero que última) vez, yo era uno de esos que salen todos los años en la tele. Ya sabéis: en el telediario hablan de que en Madrid han empezado las pruebas de selectividad, y hablan frente a las cámaras con algunos de esos chavales. O eso es lo que nos hacen creer: estoy convencido de que allá por el año 2000 fueron a las puertas de la Complu a grabar a los chavales, y desde entonces repiten las entrevistas una y otra vez con la esperanza de que nadie se dé cuenta.

La estampa es algo así: mientras la periodista comenta un poco la situación se exhiben dos tipos de escena: una en la que aparecen un grupito de chavales en el césped, y otra en la que se puede ver a alguien llorando, o paseando de un lado a otro con los apuntes, o sufriendo una taquicardia de tanto café.

Y a continuación filman a un chico. El más yonki de toda Ciudad Universitaria, por lo visto a juzgar por sus sabias palabras:

  • Entrevistadora: -‘Y… ¿De momento cómo llevas Selectividad?’
  • Yonki: -‘Pues de puta madre, tronca: voy de chuletas hasta el culo.’
  • Breve inciso en el que los yonki-colegas, formando un corro tras Capitán Yonki, se ríen a carcajadas aprovechando su momento de gloria.
  • Entrevistadora: -‘No será para tanto, hombre.’
  • Yonki: -’Que sí, que sí, que voy de chuletas hasta el culo pero de verdad, ¿eh? *’lateral’*: me las he metido en el ano y las pienso sacar durante el examen.’

*Nota: por ‘lateral’ el amigo quería decir ‘literal’. Una pena.

Lo del pequeño alevín entrevistado lo entiendo. A veces articular palabras y quedar bien es complicado, a mí me pasa. Y a ambos nos salió el examen ‘como el culo’, pero con matices distintos. Lo que no tiene perdón es lo que ocurre un par de semanas más tarde, cuando hablan con el chaval que ha sacado la mejor nota de España.

Una pena, porque el chaval siempre ha sacado un 9,98. Digo que es una pena, porque este año en algunos casos la nota puede llegar a 14, así que las televisiones tendrán que desempolvar los equipos de grabación en lugar de reponer el mismo material año tras año.

Porque ya me la conozco. El chaval ha sacado diez en todo. ¿En todo? NOOOOOOO. Claro que no: si hubiera sacado un diez en todo la nota media habría sido un diez, así que por fuerza ha tenido que sacar un 9,5 en un examen: Inglés. Complicados cálculos matemáticos aparte, la señorita que entrevista, muy amable como siempre, felicita al alumno, no sin al final soltar la gracia: el ‘Pero te ha fallado el examen de inglés, ¿eh?’. Hay dos guasas estúpidas que, a pesar de ser estúpidas, están condenadas a repetirse hasta el fin de los días. Una es la de despedirse de la gente el 31 de diciembre diciendo ‘Hasta el año que viene.’ La otra: la del examen de inglés. Y ese o esa periodista (o para nuestra ministra: ‘periodisto’), como periodista (o periodisto) que es, debería saber que las palabras a veces duelen.

Me imagino cómo debe sentirse el chaval. Digo que me lo imagino, porque nunca llegaré a experimentarlo: mientras el cerebrito empollaba sin parar para llegar hasta ahí yo perdía el tiempo escribiendo, como ahora, para labrarme un brillante futuro como blogger sin dinero.

Veamos, reportero: tú échale un vistazo al chaval. ¿Ves algún rastro de melanina? ¿No? Tal vez sea porque es la primera vez que sale de su casa en dos años. Sacar un 9,98 en Selectividad exige sacrificios. La vida social, sexual y de ocio queda suprimida, y las funciones fisiológicas entran en mínimos. El pobre crío al salir de su casa el lunes 7 de juniopara dirigirse a la Autónoma, miró al cielo y se sorprendió al ver que era azul.

Todo para que llegue el reportero graciosete de turno a soltarle la coña de que ha sacado poca nota en inglés. Ahí se nota la compostura de alguien con clase, como el valiente estudiante. Por dentro está devastado, indignado, el corazón le late con fuerza, las venas del cuello se le hinchan y tiene ganas de quemar vivos a la reportera y al cámara y rociar de gasolina todos y cada uno de los estudios de Antena 3. Aunque el equipo sea de Cuatro, no le culpo por querer quemar los estudios de Antena 3. En lugar de ponerse como una hiena, en lugar de saltar a la yugular del cámara, en lugar de preguntarle al del micro qué nota había sacado él, se limita a agachar la cabeza, sonreír humildemente y decir:

‘Sí, bueno.’

¡Olé tus gónadas, campeón!