(intento de) Un post decente
Wednesday, June 9th, 2010Si pudiera calificar mi blog de alguna manera lo haría con las palabras ‘mediocremente’ y ‘guay’. Mediocremente guay porque sí, porque no es una pasada pero lo quiero. Al fin y al cabo es lo más parecido a un hijo que tengo (que yo sepa, claro; todavía hay millones de mujeres potencialmente embarazadas de mi cuyos mensajes llevo ignorando sistemáticamente durante media vida, pero esa es otra historia).
El problema viene cuando el blog se va decantando poco a poco hacia la mediocridad y no hacia la… ¿guaycidad? Que algún filólogo me diga cuál es el sustantivo de ‘guay’.
Lo que digo es que lo noto. Aunque parezca que no, uno sabe perfectamente cuándo lo que acaba de escribir es un truño como una catedral. Empiezas a divagar frente al editor en blanco y la necesidad de postear con regularidad se impone sobre tu aleatoria originalidad. En lugar de contar historietas de 400-700 palabras llegas al final del texto, donde Wordpress te señala un cruel ‘Word count: 233″. 233 palabras. Vaya miseria. Me mandaron escribir más en la redacción del Proficiency. 233 palabras y ninguna habla de senos. Te sientes culpable, mal contigo mismo. Vacilas cuando decides darle al botón ‘Publish’, ya que sabes que muy probablemente ese post no contribuirá a tu -ya escasa- reputación en la intelnén.
Mientras escribes los tags del post eres plenamente consciente de que esa pequeña creación nunca llegará a los anales de la historia 2.0. Los únicos anales a los que puede llegar son a los de un hipotético internauta que haya decidido imprimir el post, se lo haya llevado al baño para deleitarse mientras planta un pino (de dimensiones indiferentes), y al no encontrar papel higiénico decida reciclar las hojas que han sido previamente escupidas por la impresora. Como digo, lo mas cerca de un ‘anal’ que llegará a estar.
Pero tengo excusa. Un fenómeno llamado PAU (selectividad, vamos). Aunque vayamos de víctimas, confieso que la PAU es lo mejor que me ha podido ocurrir. Ahora tengo excusa para todo. ¿Descenso en la calidad del blog? Es por la PAU. ¿Disfunción eréctil? Es por la PAU. ¿Que le pido 50 euros a un colega y nunca se los devuelvo? Sí, PAU.
A todo esto, recordaremos nuestro post más reciente. Miles de madrileñitos como yo salieron el lunes escocidos del examen de historia. Yo, en un pequeño homenaje a Mel Brooks, dije que podía haber sido peor. Que podía haber llovido. Pues bien, amigos: hoy ha sido peor. Ha llovido. Pues eso: que soy un visionario. O en su vertiente modesta, un meteorólogo en potencia. Y ha sido peor porque el examen de matemáticas, el que supuestamente tenía que salirme bien, me ha quedado bastante cutre.
¿Por qué las mates? Porque recientemente he descubierto mi amor por ellas. Resolver un problema me ayuda a superar mis frustraciones sexuales. Ya sabéis, chicas: si alguna vez os violo olvidaos de sprays de pimienta y esas estupideces. Ponedme un sistema de ecuaciones delante, que somos seres civilizados.
Me ha salido tan sumamente mediocre que he sentido rabia al hacer el ejercicio 2. Tanta rabia que quise cortarme las venas. No lo hice porque justo encima tenía el ejercicio 1, con la primera (no exagero) gráfica que me había quedado limpia en toda mi vida. Qué bonita. Va a ser cierto que usar regla ayuda. No me corté las venas por eso y porque el viernes doné sangre. No sería lo más apropiado en mi estado.
Y acabo de terminar otro post, precisamente sobre la donación de sangre. Ese sí, lo prometo, será un post decente.

