Consejos para hablar de sexo y no morir en el intento
Sunday, November 21st, 2010Cuando patinas sobre aceite te resbalas, te caes y con suerte te das un golpe en la cabeza que te aclara las ideas. Si no tienes suerte, simplemente sufres las consecuencias. Eso le puede pasar a cualquiera, pero hay dos casos concretos que han estado en boca de todos últimamente.
Hablo de Dragó y Sostres: los dinosaurios de la información, todopoderosos del mundo de las opiniones, y en las últimas semanas, depredadores sexuales de primera.
Por eso, para románticos empedernidos como ellos, cuyas bellas y puras intenciones han sido malinterpretadas por un público demasiado crítico, escribo esta pequeña guía sobre lo que se puede decir en público y lo que no.
Regla número uno: dime de qué presumes, y te diré de qué careces. Si Sánchez Dragó dice que se tira a jovencitas de 13 años, seguramente significa que sueña con tirarse a mujeres de 31. No falla. Si Sostres dice lo mismo, sacad conclusiones. A la hora de la verdad, el que más calla es siempre el que más moja, y esto no falla. Si no lo creéis, mirad a los curas. A propósito: esta regla, por supuesto, no se ajusta a mi caso. Yo SIEMPRE hago el amor. Todos los días. Dos o tres veces.
Regla número dos: la gente tiene hijas. No es ninguna regla como tal, pero lo cierto es que cuando dices que te gustan las chicas jóvenes, de unos 17 años y de primer rasurado; la gente que tiene hijos se escandaliza pensando que eres un ser sin corazón. Menudos paranoicos…
Regla número tres: hablar de lo mucho que le das al tema no te hace interesante. Contar tus desgracias, sí. Por eso Enrique San Francisco tiene gracia y Dragó, no. Por eso en mi blog sólo cuento cosas vergonzosas que nunca confesaría en la vida real. Miento, sí las confesaría, pero no con orgullo. Miento, sí con orgullo.
Fenómenos alucinantes como la vez que probé lo de Mercedes Milá, sí, lo de mear en la ducha, con una mujer dentro. Nada da más ganas de suicidarse que ser dejado en la ducha. O como cuando haciendo la danza horizontal con una compañera le pregunté si ella era virgen y respondió que no, que eso rojo era ketchup.
Un consejo al lector: si alguna vez te encuentras en esa situación, plantéate si merece la pena mostrar repulsión cuando te enteras de la asquerosidad, ya que si ofendes a la chica vomitando, es posible que pierdas una oportunidad única en la vida. Sí, esa oportunidad es sexo.
Y por encima de todo, regla número cuatro para caer bien cuando hablas de sexo: no lo hagas en Telemadrid.

